QUÉ TONTERÍA, ¿VERDAD?

ANTONIO TORIBIOS GARCIA · LEÓN 

Le presenté la minuta y me miró de hito en hito, entre avieso y sorprendido. Se diría que dudaba entre clavarme una daga envenenada en el talón de aquiles o sacar la pistola y dispararme directamente en la cabeza. Metió la mano derecha en el bolsillo interior de la americana cruzada, pero emergió sin arma alguna; muy al contrario, portaba un buen fajo de billetes nuevos que fue depositando con parsimonia sobre mi escritorio de caoba, una antigüedad heredada que alguna vez había pensado licitar. En cuanto yo guardé el crujiente botín en la gaveta, se levantó, me estrechó la mano gravemente, y se despidió con un “hasta pronto” que me sonó amenazador. Una vez solo, corrí al salón y puse una película de Al Pacino en el reproductor. Vanesa dice que lo mío con el cine negro americano es ya adicción.

 

 

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