Septiembre 2015 | Concursos de Microrrelatos | Microrrelatos Abogados

VII Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Imagen de perfilSólo su abogado

Elena Lechón Fleta 

Abrí la puerta del despacho y ahí estaba de nuevo Don José, por quinta vez esta semana. Con un fugaz gesto le invité a pasar a mi refugio profesional. Ahora quería peritar unos terrenos de su pueblo, se había decidido y los iba a vender para formalizar un plan de ahorro. Al principio, cuando lo conocí, algo no me encajaba en él. ¿Un señor encantador y educado que sólo tenía como intención jugar conmigo a marear la perdiz? Sin embargo, por fin lo he comprendido, he visto el brillo en sus ojos cuando habla. Ahora lo entiendo, su verdadero problema no podré resolverlo en los juzgados, ni con acuerdos o con una buena pericial. Su problema es mucho más grave, se llama soledad. Por eso viene, porque mientras está sentado frente a mí, recupera la sensación de sentirse escuchado por alguien, aunque este alguien sólo sea su abogado.

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El más votado por la comunidad

Imagen de perfilLa sombra del limonero

Cecilia Piris Asiáin 

Mi patio tiene un limonero, refugio umbrío los días de verano. A mis nietos les gusta jugar a pintar con tiza en el suelo de losa de piedra, y a mí me apena en secreto fregar sus dibujos, cada uno de ellos una mariposa fugaz, símbolo de la inocencia y felicidad de la infancia. Me consuelo pensando que mañana pintarán más, mientras los adultos dejamos pasar las horas en apacible conversación. Mi casa, mi patio, el árbol que planté con mis manos: testimonios mudos de una vida de cuidadoso ahorro. Sueño con que mis bisnietos, y sus hijos después de ellos, pintarán en el suelo mientras sus padres charlan sentados "a la fresca". Llama mi abogado: mañana van a peritar la vivienda para subastarla. Le pregunto cómo van a valorar los dibujos de tiza, la sombra del limonero, mi sueño roto… A mi abogado le tiembla la voz.

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Relatos seleccionados

  • Imagen de perfilOTOÑO

    ANTONIO GONZALEZ CUEVAS · BIZKAIA 

    La tarde caía con las hojas en el jardín de su refugio junto al lago. Buscó la compañía de su perro Lenon, siempre dispuesto a jugar a cambio de una caricia. La mirada perdida en la bruma de la melancolía. El recuerdo fugaz de lo que fué, de lo que pudo ser. El ocre, el morado y el naranja teñían de matices cálidos sus recuerdos. Allí estaba, sentado en el banco de madera de la nostalgia. Debía de estar orgulloso. Aquella cabaña era el fruto de su ahorro. Se preguntó si sería posible peritar el valor material de lo conseguido, sin restarle las horas vacías de vida, que se llevaron tantos años ejerciendo como abogado. La ligera brisa que se coló entre los árboles no le trajo la respuesta. Sintió frío y mientras volvía a la cabaña las hojas que caían de los árboles cubrieron sus pasos.

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  • Imagen de perfilLa Ley de Gotham

    Juan Muñoz Mesa · Jaén 

    De niño no paraba de JUGAR en las calles de Gotham.

    En mi familia todos son Harvey Dent aunque yo del arte de pleitear solo heredé una gota.

    El Pingüino fue mi Padrino y no pude evitar cambiarme de bando.

    La mafia es quien de mi bufete está al mando.

    Violadores, ladrones y asesinos son mis clientes.

    Y FUGAZ será mi existencia si al Joker no mantengo sonriente.

    Mi REFUGIO es el día, del hombre murciélago es la noche.

    AHORRO monedas de dos caras porque cada uno debe apostar su propia suerte.

    O para PERITAR cual sería el valor de mi muerte.

    Yo mientras tanto, cuando no llevo puesta la toga, paso mi tiempo divirtiéndome con Catwoman.

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  • Imagen de perfilLa niña

    Zuriñe Urrutia Gajate 

    Mientras el abogado de la organización me explica, dirijo una mirada fugaz a mi hija. Se ha puesto a jugar en el suelo. Coge una piedra y la lanza con todas sus fuerzas. Corre, la coge, apunta y la vuelve a lanzar. No se cansa.
    El abogado me habla en inglés y le sigo a medias. Le interrumpo porque la niña se ha alejado. La llamo y redirige sus proyectiles hacia nosotros.
    Me habla de "peritar la necesidad caso por caso".
    Miro a lo lejos y pienso en el ahorro de vidas que supondría que las personas fuéramos verdaderamente humanas.
    Mi hija se apoya contra la valla. El abogado me avisa de que saltarla hoy se considera delito. "Cárcel", enfatiza, por si no le he entendido.
    En Damasco yo también era abogada, pero eso fue en otra vida. Ahora solo me queda conseguir, como sea, un refugio para mi niña.

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  • Imagen de perfilEn esencia

    Borja Quero 

    La abogacía es un partida en la que juegas con las cartas de otro. En esencia es justa, no porque sea previsible, sino por lo mucho que se asemeja al fugaz caos de la naturaleza: Todo puede pasar. Puedes peritar cada hecho, medir cada paso o atar cada cabo y nunca lo controlarás todo. Siempre parece que el cliente no te lo cuenta todo, que cuando acude a ti ya es un desdichado en busca de refugio, un devoto del mantra del "cómo es posible". Por eso busca siempre el acuerdo, que es el ahorro de la incertidumbre, y si ninguna de las partes queda por entero satisfecha mejor, pues las dos habrán ganado algo. Negocia, y si el acuerdo no es posible ya sabes; exprime la Ley, pon cara de póquer y a jugar.

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  • Imagen de perfilMI CLIENTE

    MARÍA JESÚS VILLANUEVA LÁZARO · Valencia 

    Creo profundamente en la inocencia de mi cliente, lo conozco bien, hombre ejemplar y empresario reputado, su refugio siempre ha sido su maravillosa familia. Le tranquilizo, le prometo que su secretaria no va a poder jugar con la justicia, que va a pagar muy caro su burda acusación, incluso le avanzo mi intención de peritar el daño moral que le está causando la denuncia de tan execrable delito y fantaseamos los dos con poder embargar el ahorro de la desleal trabajadora en concepto de daños y perjuicios. Una llamada telefónica interrumpe nuestra conversación, mi procuradora me anuncia que la querellante ha presentado como prueba una grabación audiovisual y que el juez ha decretado el secreto de sumario; una fugaz duda empaña mi pensamiento sobre la integridad de mi cliente, la descarto al instante, a mi mente regresa la figura del hombre honesto, formal y respetado que tengo delante: mi padre.

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  • Imagen de perfilLanzamiento

    ROSA GALLARDO 

    Llovía, y yo preparaba el juicio, el invierno se hacía menos duro con mi manta y viendo a mi pequeña jugar feliz a mi lado. Al ver peritar el valor de la casa pude comprobar la grave injusticia que se podría cometer. Ese refugio familiar… lugar de risas, desconexión, felicidad, podía desaparecer con la velocidad del paso de una estrella fugaz. Ahorro tiempo en escribir mi opinión sobre la situación y sobre la regulación de las hipotecas en tiempos de crisis, sobre la poca cultura gubernamental en materia de desahucios. Busco jurisprudencia y legislación en la que poder ampararme, días enteros, hasta que llegó el más temido, el del juicio. Tras el transcurso del mismo, veo como todas mis pretensiones van a ser desestimadas. Salgo, llego a casa y veo a mi pequeña: -Cariño, recoge las cosas que vamos a pasar un tiempo en la casa de la abuela.

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  • Imagen de perfilVamos a ser prácticos!!!!

    ROBERTO MORENO ANGUITA 

    El caso era más sencillo que jugar de farol. No había inmuebles que peritar, ni hijos que mantener. Solo una atribución del uso de la vivienda familiar. El pacto entre abogados, momentos antes del juicio se materializó antes de que pasase una estrella fugaz. Sólo quedaba entrar en aquel refugio que existe en el juzgado, llamado sala de vistas, donde ya nadie te molesta, y están sólo las partes y el árbitro central que decide la contienda. Tomé la palabra para indicar que habíamos llegado a un acuerdo y el Juez me interrumpió.- ¿Es eso verdad, señor letrado?-, preguntó a la parte contraria que asintió con la cabeza. Pues entonces se suspende la vista y se reconduce al mutuo acuerdo. Lo que iba a ser un ahorro de tiempo y trámites procesales se esfumó en un segundo. Ese día comprendí por qué hay tanto atasco judicial en los juzgados.

     
  • Imagen de perfilLa anécdota

    PAOLA ANDREA ROCCA TARGARONA 

    "Rompí a sudar bajo aquel traje de chaqueta que había mermado mis ahorros. Atrás quedaban los años de infancia en los que solía jugar a los juicios. Busqué refugio en la mirada de mi cliente, pero un fugaz gesto que hizo con sus cejas, me recordó que era yo quien debía inspirarle confianza a él. Mis ojos empezaron a moverse por la sala de vistas a su antojo; osados, se detuvieron sobre la cara de gesto serio del juez, que había comenzado a peritar mi actuación desde que cruzase el umbral de la puerta. Había construido aquella situación mentalmente un millón de veces, pero estar allí de pie, siendo el centro de atención...
    Cuando me quise dar cuenta, tenía los ojos cerrados y alguien me daba golpecitos en la cara."
    No me importa que repita sus historias. Bajo sus arrugas, cuando habla, se siente joven otra vez. Reímos a carcajadas.

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  • Imagen de perfilEsperanza intravenosa

    Álvaro Gálvez Medina 

    Mi despacho era mi refugio, sobre todo teniendo en cuenta que incluía el sofá cama en el que dormía cada noche. «Yo no duermo, yo ahorro», les decía a algunos compañeros. Era abogado de oficio, vivía al límite (marcado por la voluntad del Estado en pagarme). Tras peritar mi situación, más de uno me recomendó dejarlo, pero yo tenía esperanza, nuestra existencia es demasiado fugaz como para postergar los sueños. Hoy se cumplen cinco años desde mi jura, y he podido alquilar un pequeño piso en el que vivir. El barrio es tranquilo y la gente muy cercana; mi dormitorio tiene vistas a un campo de albero donde los chavales van a jugar; y siempre me gustó el fútbol, lo que hace menos doloroso que tenga que ser el árbitro los fines de semana.

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  • Imagen de perfilMUTIS POR EL FORO

    Amparo Martínez Alonso 

    Todos coincidían en que el niño tenía madera de jurista, como el abuelo Saúl. Observarlo jugar —cumpliendo las reglas y mediando en discusiones o peleas— confirmaba esas dotes heredadas. Sabía escuchar y explicarse, respetaba las normas y aprendía deprisa. ¡Sería un gran abogado!... Hoy, aquellos recuerdos infantiles le parecen ajenos, casi irreales. Acurrucado en el refugio, ya no mira con intención de analizar, evaluar, valorar o peritar la situación, como hiciera las primeras semanas. “¿Cuánto tiempo aguantaremos, rabí?”. Ahora, el miedo, el silencio, el ahorro de agua y comida han esquilmado los ánimos del grupo. Cierra los ojos: el jurado atiende, comienza su alegato, con la ley en la mano, brillante, caso ganado, inocentes. Entonces, una fugaz sonrisa recompone su rostro: “¡Somos inocentes. La razón y la ley nos amparan!”... Excepto, cuando la sinrazón campa a sus anchas, la justicia se atrinchera y la ley hace mutis por el foro.

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  • Imagen de perfilDecisiones vitales

    David Marrero Blanco · Jaén 

    Muchos dicen aún que una fugaz historia de amor acabó con su prometedora carrera. Sin duda fue la más brillante de todos los opositores que conocí como preparador. Su capacidad de enlazar con una inteligencia abrumadora conceptos jurídicos que la mayoría de mis alumnos se contentaba con memorizar, acabó atravesando el muro invisible que durante años me mantuvo alejado del resto del mundo. Hoy la observo peritar en sala o impartir clase en la Universidad y no dejo de pensar que pudo ser la Fiscal más joven del país. Pero cuando estamos en casa y la veo jugar feliz con nuestra hija, me ahorro cualquier tipo de reproche por la amarga sensación de haberla desviado inconscientemente de una dinastía de insignes juristas. Cada noche me susurra al oído "tú eres mi refugio", sin percatarse de que ha sido ella quien me ha dado la vida con su infinita generosidad.

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  • Imagen de perfilLa sombra del limonero

    Cecilia Piris Asiáin 

    Mi patio tiene un limonero, refugio umbrío los días de verano. A mis nietos les gusta jugar a pintar con tiza en el suelo de losa de piedra, y a mí me apena en secreto fregar sus dibujos, cada uno de ellos una mariposa fugaz, símbolo de la inocencia y felicidad de la infancia. Me consuelo pensando que mañana pintarán más, mientras los adultos dejamos pasar las horas en apacible conversación. Mi casa, mi patio, el árbol que planté con mis manos: testimonios mudos de una vida de cuidadoso ahorro. Sueño con que mis bisnietos, y sus hijos después de ellos, pintarán en el suelo mientras sus padres charlan sentados "a la fresca".
    Llama mi abogado: mañana van a peritar la vivienda para subastarla. Le pregunto cómo van a valorar los dibujos de tiza, la sombra del limonero, mi sueño roto… A mi abogado le tiembla la voz.

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  • Imagen de perfilEL DÍA MÁS LARGO

    ANTONIO LUIS MIRANDA SANCHEZ 

    Suena el teléfono de madrugada, empezamos a jugar, hay un detenido en comisaría. El día de guardia empieza. Con el maletín y las ojeras acudo a la primera asistencia. Es un multirreincidente que conoce el derecho penal mejor que yo y se niega a declarar. Mejor, así me ahorro el interrogatorio policial y puedo llegar antes a otra actuación. La Guardia Civil tiene tres detenidos. Mientras espero en el cuartel contemplo el amanecer y me refugio en releer mi código penal pero ese fugaz momento de romanticismo jurídico se interrumpe y comienzan las declaraciones. Termino y salgo corriendo para el juzgado, me esperan para un juicio inmediato. Sólo tengo cinco minutos para repasar el expediente junto al cliente y entramos en sala. Se suspende la vista, hay que peritar unos daños. Vuelvo a irme para otra asistencia en comisaría. Doce horas más y terminará la guardia, el día más largo.

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  • Imagen de perfilSeres «humanos»

    Raquel Cuchillo Cabezas 

    De pequeña pasaba las horas en el patio cordobés de mi abuela; adoraba jugar a “los abogados”, yo era la defensora de todo animal viviente frente a la crueldad humana. Mi abuela no hacía más que peritar la debacle causada en los geranios por los gatos callejeros que me llevaba a casa. Nunca hice ahorro en esfuerzos para encontrarles un hogar digno. Ahora utilizo aquella vieja casa que heredé como refugio de inmigrantes que no tienen dónde ir, fugaz recuerdo de mis ideales juveniles, ya sin esperanza alguna en mi especie.

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  • Imagen de perfilFELIZ REGRESO

    Eva María Cardona Guasch 

    Primero de septiembre. Recibo la primera notificación: “... se acuerda despachar ejecución... pendiente de peritar daños...” Seguidamente, un aluvión de decretos, un torrente de diligencias, autos y sentencias. Todo el mecanismo se pone en marcha sin plazo de adaptación. Contribuyo al desbordamiento con una riada de escritos de trámite.
    Atrás queda agosto, refugio fugaz, tiempo de ahorro de energía y punto de recarga de baterías. Se acabó jugar al escondite con los clientes y ganar, alejarse de prisas y plazos. Ya he cambiado las chanclas y la crema solar por tacones y maquillaje; el hogar por el despacho. Los colegas y clientes ya ocupan el tiempo que absorbieron el marido, los hijos y los nietos.-¿Nostalgia de vacaciones? .- ¡Qué va! Cuarenta años de abogacía y sigo ejerciendo con entusiasmo. Cuarenta años casada y aún soy una pésima ama de casa.

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  • Imagen de perfilPeto blanco

    Rubén Peña Fernández 

    Procedo: varón, cuarenta y dos años, rasgos árabes. Responde al nombre de Ibrahim, Himi para los allegados. De personalidad fuerte, curiosidad infinita y sonrisa perenne. Medio año de intercambio fue suficiente para crear una amistad con el presente observador. Se enviaban cartas; uno contaba cómo se jugaba el cuello para hacer valer la justicia en su país dictatorial, el otro contaba cómo iba ascendiendo por la rama jurídica de la ONU. Ahora me mira detrás de la alambrada del refugio. Todos sus ahorros para llegar hasta aquí en camioneta. El agua potable discurre fugaz por un canalón. La menor de sus hijas ha dejado de jugar con un botón para darle la mano y también me mira. Todos me miran. Soy el de peto blanco que viene a peritar la situación. A peritar personas. Entonces, Himi decide romper su silencio: «Recuérdame, amigo, para qué servían los Derechos Humanos».

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