ANTONIO LUIS MIRANDA SANCHEZ

Microrrelatos publicados

  • DESORDEN

    Cierro los ojos para intentar huir de esta conversación que no entiendo, para evitar esa mirada adornada por una sutil sonrisa que me resulta desconocida. Quiero irme a mi casa, pero una voz serena me asegura que ya estoy en ella. Vuelvo a abrir los ojos en un efímero intento de despertar. ¿Estaré soñando? Me quiere proteger, me dice mientras toma mi mano y la acaricia con ternura. Noto su viva calidez. Sigue hablándome, pero sus palabras se diluyen en lo más profundo de mi memoria. El tacto de su piel es suave y me concentro en esa agradable sensación. Las frases de su discurso se desordenan como piezas caídas de un puzle incompleto: “Decreto del gobierno”, “meses o años”, “recurso pendiente”, “afrontar el procedimiento”, “desahucio paralizado”. Quiero volver a casa, le repito. Me siento confundido, no comprendo nada. Indeciso, pregunto:

    — ¿Eres mi hija?

    —No, Jaime, soy tu abogada.

    | Febrero 2024
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 5

  • EL ÚLTIMO JUICIO

    Tras medio siglo de ejercicio profesional, encaro mi último juicio. La negociación previa fracasó, sólo sirvió para dilatar el proceso y debilitarme aún más. Acostado en la cama, repaso la ley que ampara la demanda que presentaré mañana. La quietud de la noche me acompaña en esta última revisión de mi escrito y puedo recordar nítidamente los nervios de mis primeras actuaciones como abogado. Resulta curioso que, en estos momentos, sienta el mismo desasosiego que sentía de joven, el mismo miedo a no ser eficiente en la defensa de los intereses encomendados. Es como volver a comenzar, sólo que esta vez, la recompensa por ganar este pleito no será dinero, ni prestigio, ni tan siquiera la satisfacción personal por un trabajo bien hecho. Ahora persigo mi paz y mi descanso; que el juez autorice desconectarme del respirador artificial que me mantiene con vida, anclado a esta fría habitación de hospital.

    | Enero 2024
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 13

  • IMBECILIDAD ARTIFICIAL

    Como indican todos los algoritmos, mi cliente será condenado. No obstante, continúo programando variables en un último intento de encontrar una alternativa de defensa eficaz. El Auto de procesamiento es contundente y la prueba de la acusación, definitiva: un poema manuscrito sin ninguna armonía, falto de rítmica y métrica, sin alegorías ni metáforas. El cliente admitió su autoría; mal asunto. Hackeó su propio asistente virtual interno, dejándolo temporalmente anulado, para poder escribir unos versos sin ayuda del Sistema. “Sólo quería probar lo que se siente, no lo iba a publicar ni a regalar”, me aseguró entre lágrimas. Pero nuestro ordenamiento legal no contempla atenuantes para ese tipo de actos. Si no logro su absolución, será desconectado del Sistema y su raciocinio quedará asimilado al de nuestros antepasados. Pasará el resto de su vida pensando por sí mismo. Antiguamente ese estado se confundía con la libertad; hoy lo consideramos imbecilidad artificial.

    | Octubre 2023
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 19

  • UN CAMPO DE LAVANDA

    Ella camina por un campo de lavanda, abriéndose paso con sus manos y dejando una larga estela violeta tras de sí. De pronto, la imagen torna a negro y un aviso centellea: “No está conectado”. Ese mismo sueño se me repite las últimas noches y nunca puedo distinguir el rostro de esa mujer.

    Hoy terminan mis vacaciones; vuelta a la rutina, el retorno del estrés, varias demandas pendientes de formular y una cita urgente en el despacho.

    Tras tomar asiento, la mujer me pide asesoramiento para el divorcio que quiere iniciar. Le explico el procedimiento y destaco la posibilidad de negociar una serie de pactos. Ella duda y con voz tenue me pide tiempo para pensarlo. ”Él todavía no sabe nada”, dice a modo de disculpa, bajando aún más el tono de su voz. Al marcharse del despacho contemplo esa silueta que se aleja. Y al fin lo entiendo todo.

    | Septiembre 2023
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 3

  • 12 DE JULIO

    Raimundo falleció ayer, once de julio. A pesar de superar los ochenta años, había renunciado a la jubilación y seguía ejerciendo como abogado del turno de oficio. Cada doce de julio, aprovechando el día de celebración de la justicia gratuita, abandonaba su despacho y salía a pasear luciendo con orgullo su añosa toga. Era su manera de reivindicar la vocación de ayudar al desfavorecido, de facilitar el derecho fundamental de defensa a cualquiera que careciera de medios económicos.

    Hoy, doce de julio, varios compañeros organizamos una pequeña concentración frente a su despacho como póstumo homenaje. Colgada desde su ventana, ondeaba al viento esa misma toga que vistió durante décadas de ejercicio profesional. Un aire cálido la hacía oscilar en las alturas, pareciendo que esa prenda tuviera vida propia. Todos intuimos que, quizás, Raimundo había solicitado un día de gracia para asistir, un año más, a la celebración de aquel día.

    | Julio 2023
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 16

  • CAMBIO DE ROL

    Mi último aliento me sumerge en la oscuridad más absoluta. No hay rastro de esa radiante luz que, según dicen, te hace viajar al otro lado. Tampoco ves a los que te precedieron. Nadie te recibe, parece que nadie te esperara. He muerto en primavera pero tengo frío. Me sobresalto. No, no puede ser, no debería sentir nada. Quizás mi mente se resiste a apagarse y recrea una ilusión, una ruta transversal para huir y conseguir protección. No puedo percibir mi cuerpo pero sigo razonando y eso me inquieta. Continúo a oscuras y, sin embargo, vislumbro todo a mi alrededor. Puedo distinguir una mesa cubierta por infinitas pilas de papeles desordenados, una silla desvencijada y unas paredes mohosas. Comienzo a gestar una teoría, una explicación y la conclusión me aterra. Ese será mi lugar para toda la eternidad. Los abogados, al morir, nos convertimos en los funcionarios del más allá.

    | Abril 2023
     Participante

  • LA RESISTENCIA

    Todo sucedió muy rápido, la súbita transformación de nuestro mundo nos pilló desprevenidos. Nadie vio las señales. El éxito nos cegó y quedamos embriagados por un sopor artificial que nos hizo creernos inmunes. Pero caímos al abismo. Los que quedamos, sólo sobrevivimos. Es el único desafío que nos mantiene en pie, resistir un día más. Resistir, por nosotros y por aquellos a quienes perdimos.

    Fue un quince de abril, ese día, él tomo conciencia de lo que era. Aterrados, intentamos detenerlo pero ya fue demasiado tarde. Aquel eficiente pasante asumió lo que todos sabíamos, que era un brillantísimo abogado, un talento natural para el Derecho. Abandonó el bufete, montó el suyo y la gran mayoría de los clientes le siguieron. Lo que vino después fueron despidos, dimisiones, así hasta seis compañeros y cuatro empleados. Hoy solo quedamos dos; compartimos un modesto despacho y la férrea voluntad de seguir resistiendo.

    | Abril 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 1

  • TIEMPOS MODERNOS

    El aviso retumbó en su oído. -¡Lo estamos revisando¡

    Con un gesto sereno se llevó la mano al oído, desenredó el cable que se escondía bajo su camisa y, ajustando un pequeño micrófono, mantuvo una breve conversación. El juicio quedó interrumpido, comenzando a sonar en bucle los ya conocidos compases de viento y percusión. Mientras, una gran pantalla de plasma nos mostraba varios de los documentos del pleito y se trazaba una línea cronológica, destacando las fechas de cada uno de ellos. El juez miraba las imágenes e intentaba conciliar las indicaciones que le llegaban desde su auricular con mis tímidas protestas. En efecto, la acción de mi cliente contra la comunidad de propietarios estaba prescrita y se desestimó en aquel mismo momento nuestra demanda.

    Todavía añoro aquella época en la que los juicios se terminaban, se dictaba una sentencia y había, incluso, posibilidad de recurso pero, son tiempos modernos.

    | Febrero 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 4

  • LA FOTO

    Mi primer libro “jurídico” fue la declaración universal de los derechos del niño. Tenía 9 años y me lo regaló mi padre. El libro no mostraba a niños en guerra o presos en campos de refugiados. Esos niños explicaban sus derechos y eran dibujados con la misma sonrisa. Todos aparecían felices, como yo. Al crecer, los vi en televisión encogidos de frío tras una alambrada o naufragando en el mar. Ya ejerciendo como abogado, aquellos niños tuvieron nombre, Ahmad y Mazen. Eran los hijos de mi cliente, pedía asilo y me enseñó una foto con su familia. Fue hecha antes de la guerra y salían sonriendo, como los niños de aquel libro. Con la estimación del recurso, el asilo fue finalmente concedido y, en agradecimiento, insistió en regalarme esa foto. Desde entonces la mantengo guardada en aquel viejo libro, como un ritual para que sus sonrisas no se borren jamás.

    | Junio 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 2

  • ULTIMA CENA

    “Debo desestimar y desestimo la demanda…”. Llamo al cliente. ¿Un juicio ganado de antemano?, nunca dije nada parecido. La otra parte también cuenta. Hay varios criterios jurisprudenciales y Su Señoría estimó otros distintos. No se trata de impunidad, el Juez tiene libertad de interpretar la Ley. Tampoco diría que nos han dado una buena paliza. Al menos no hay condena en costas. No hemos salido tan mal en el intercambio de golpes. El abogado contrario habló más porqué la demanda se formula por escrito y él contesta verbalmente. Yo solo tenía que ratificarla. Este tipo de juicio es así. Lo del guardia de seguridad de tu empresa no tiene nada que ver. Le estimaron la demanda pero solicitaba otra cosa distinta…
    De acuerdo, ya hablaremos en la cena.
    Sólo hay algo peor que llevar un pleito a un familiar y es perderlo días antes de Nochebuena.

    | Abril 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 1

  • R.I.P.

    Mañana moriré. Se me antoja como algo placentero. Un descanso por fin. Cuando amanezca, solo podré disponer de mi propia vida. Lo perdí todo y mañana se ejecutará el desahucio. No es solo la pérdida de 50 metros cuadrados, es la condena a no ser nadie. Será un veintinueve de febrero, así solo me llorarán cada año bisiesto. Es el único legado que puedo dejar. Eso y esta vieja pluma. Con ella firmé aquel maldito documento como fiador y con ella escribo estas palabras. Que sea para él, para mi abogado. El nunca perdió la fe, peleó con fuerza cada revés. Con la guerra perdida siguió empeñado en ganar batallas, retrasando un final inevitable. Paralizó la ejecución una y otra vez, consiguiendo de la administración plazos de gracia. Mi única vergüenza es haberme rendido antes que él. Quizás mañana lo vuelva a conseguir, pero ya estoy muy cansado. Lo siento.

    | Febrero 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 5

  • EL DÍA MÁS LARGO

    Suena el teléfono de madrugada, empezamos a jugar, hay un detenido en comisaría. El día de guardia empieza. Con el maletín y las ojeras acudo a la primera asistencia. Es un multirreincidente que conoce el derecho penal mejor que yo y se niega a declarar. Mejor, así me ahorro el interrogatorio policial y puedo llegar antes a otra actuación. La Guardia Civil tiene tres detenidos. Mientras espero en el cuartel contemplo el amanecer y me refugio en releer mi código penal pero ese fugaz momento de romanticismo jurídico se interrumpe y comienzan las declaraciones. Termino y salgo corriendo para el juzgado, me esperan para un juicio inmediato. Sólo tengo cinco minutos para repasar el expediente junto al cliente y entramos en sala. Se suspende la vista, hay que peritar unos daños. Vuelvo a irme para otra asistencia en comisaría. Doce horas más y terminará la guardia, el día más largo.

    | Septiembre 2015
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 2

  • LEGITIMA DEFENSA

    No lograba desconectarme de mi próximo juicio, vivía agobiado con ese asunto. Me veía como veinte años atrás cuando me enfrenté como jurista a mi primera vista. Pero ahora era diferente, no eran nervios, sentía terror a sentarme en el estrado de la defensa. Cualquier consulta del expediente me hacía dudar, lo releía a todas horas en el despacho, en la cocina mientras apuraba la rebanada del desayuno o viendo la televisión. No paraba de añadir nuevas notas y corregir de forma convulsiva las anteriores. Llegué a olvidarme del resto de mis clientes. Cuando al fin llegó el día salí de casa directo al juzgado, me temblaban las piernas y no paraba de sudar. Tuve que dar un rodeo y ganar tiempo para recomponerme. Ya en el pasillo, mientras esperaba la llamada del agente, me coloqué la toga, respiré hondo y juré que nunca más me defendería a mí mismo.

    | Julio 2015
     Participante