Abril 2016 | Concursos de Microrrelatos | Microrrelatos Abogados

VIII Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Imagen de perfilRELATIVAMENTE MARCELINO

Juan Gaisse Fariña 

Asistí a Marcelino en una guardia y después fue cliente muchos años. En el despacho le llamábamos “Relativamente” porque usaba esa muletilla sin cesar. “Hola, soy Marcelino, relativamente quisiera hablar con Don Francisco”. Rosa, tronchándose, me lo pasaba: “Paco, te llama Relativamente”. Era justiciero y no toleraba la impunidad. Recuerdo un juicio apoteósico. Su nuera denunció a un vecino que propinó una paliza a su perro. Marcelino declaró como testigo y tuvo lugar el siguiente intercambio: - ¿Tiene relación con la denunciante? - Relativamente no. (Risas) - ¿No es su nuera? - Relativamente sí. (Más risas) - Entonces ¿cómo que no tiene relación con ella? - Hombre, relativamente quién tiene la relación es mi hijo. Ataque de risa generalizado. Su Señoría decreta un receso. Marcelino no entiende: “Yo relativamente contesté la verdad”. El juez, congestionado, me conmina: “Lleguen a un acuerdo o tendré que desestimar la denuncia”. Y llegamos, relativamente.

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El más votado por la comunidad

Imagen de perfilRELATIVAMENTE MARCELINO

Juan Gaisse Fariña 

Asistí a Marcelino en una guardia y después fue cliente muchos años. En el despacho le llamábamos “Relativamente” porque usaba esa muletilla sin cesar. “Hola, soy Marcelino, relativamente quisiera hablar con Don Francisco”. Rosa, tronchándose, me lo pasaba: “Paco, te llama Relativamente”. Era justiciero y no toleraba la impunidad. Recuerdo un juicio apoteósico. Su nuera denunció a un vecino que propinó una paliza a su perro. Marcelino declaró como testigo y tuvo lugar el siguiente intercambio: - ¿Tiene relación con la denunciante? - Relativamente no. (Risas) - ¿No es su nuera? - Relativamente sí. (Más risas) - Entonces ¿cómo que no tiene relación con ella? - Hombre, relativamente quién tiene la relación es mi hijo. Ataque de risa generalizado. Su Señoría decreta un receso. Marcelino no entiende: “Yo relativamente contesté la verdad”. El juez, congestionado, me conmina: “Lleguen a un acuerdo o tendré que desestimar la denuncia”. Y llegamos, relativamente.

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Relatos seleccionados

  • Imagen de perfilCOMBATE EN LAS ONDAS

    MERCHE BOVÉ BARBERÁ 

    Habían acordado que el pasante se haría cargo de la guardia de aquel día festivo y que el abogado veterano acudiría al programa radiofónico en el que se debatía acerca de si era culpa de los jueces que determinadas mafias de la zona actuasen con total impunidad. No era uno de sus temas favoritos, pero el debate se fue animando hasta convertirse en un combate verbal con un oponente al que le tenía ganas: el magistrado suplente de la Audiencia Provincial. Salió de la emisora muy contento, convencido de haber propinado una verdadera paliza dialéctica a su contrincante en aquel prolongado intercambio de palabras. A la semana siguiente su alegría se esfumó. Le notificaron que su “rival” en las ondas era el ponente del recurso en cuya redacción había invertido tantas horas. Seguro que le iban a desestimar la apelación…

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  • Imagen de perfilMARIO

    MÓNICA OROZA GARCÍA 

    Me acababan de desestimar el último de mis recursos, y el contrario se había ido de rositas con total impunidad. ¡Era el fin!.
    Estaba hundida, humillada y arruinada. Me dolía hasta el alma, era como si me hubieran dado una soberana paliza.
    Nunca pensé que mi historia con Mario terminaría en divorcio, ni mucho menos que perdería todo, además del pleito.
    Después de pensar seriamente durante varios días en hacer las maletas y poner tierra de por medio, me levanté aquella mañana, me puse mi traje y salí pitando hacia el Juzgado porque tenía guardia.
    Llovía, hacía un frío de horrores, y allí, en el intercambio de mensáfonos, estaba él, la parte contraria, el vencedor triunfante luciendo su mejor sonrisa, el despreciable ser que me había ganado, mi antiguo compañero de despacho, mi ex marido, Mario

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  • Imagen de perfilFácil de explicar

    Calamanda Nevado Cerro 

    Tenía problemas de protocolo con mis clientes por no dejar claros mis honorarios desde el principio, y me daban la paliza con la factura. Un buen amigo me recomendó el impactante best seller "Desarrolla habilidades comerciales y sociales con impunidad".

    Ofrecía infinitas capacidades para relacionarse fuera de la zona de confort de cada uno.
    Lo releí, fotocopie, subrayé, puse en práctica, y escribí mi teléfono en su portada sin desestimar sus recomendaciones. Confiaba en el intercambio de experiencias con otros profesionales, muchos abogados viven este dilema, y lo puse a circular.
    - Me salvó- . Dijo la voz anónima de una compañera por el móvil.

    –Ya no necesito ponerme en guardia. Mis clientes me entienden sin espantarse. Explico mi tarifa vendiendo esta idea: -Si la defensa es cara, calcule el valor de la culpabilidad-.
    Yo nunca sería tan diplomático. Trasformé mis esquemas de soltería, le pedí salir, y nos casamos.

     
  • Imagen de perfilMi primer caso

    Esperanza Temprano Posada 

    Llegué tarde al juicio arrastrando la toga por el suelo. Tras un intercambio breve de saludos, Su Señoría me preguntó sobre las razones de mi retraso y cuando abrí la boca para contestar, no conseguí articular palabra. El abogado contrario viendo el panorama, empezó con su defensa a hablar y a hablar y acabó dándome una paliza en el estrado con total impunidad. Yo seguía con la boca abierta sin pronunciar palabra, pero el contrario no bajó la guardia en ningún momento y el juez decidió desestimar mi demanda. El despertador me salvó de la peor de mis pesadillas que se metió en mi cama horas antes de mi debut como abogado.

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  • Imagen de perfilIntercambio de miradas

    Patricia S B · madrid 

    El guardia me guió apresuradamente por los oscuros pasillos hasta el calabozo, me abrió la puerta y me dejó a solas con el detenido, que estaba desvencijado sobre una silla; tras la paliza que le habían propinado con impunidad, se encontraba reducido a un amasijo de sangre, huesos rotos y hematomas.

    Mientras le explicaba mecánicamente mi cometido allí como abogada y su situación como detenido, levantó con esfuerzo su cabeza y, en nuestro primer intercambio de miradas, reconocí aquéllos ojos tan falimiliares para mi:

    - Marcos ¿qué ha pasado?

    - Hermanita, es mejor que no lo sepas.

    - A pesar de todo lo que ha pasado entre nosotros, ahora mismo no estás en posición de desestimar mi ayuda.

     
  • Imagen de perfilJUVENTUD, DIVINO TESORO

    María Dolores Moya Gómez 

    Cuando yo era pequeño pregonaba orgulloso: “Mi papá es un héroe, encierra en la cárcel a los malos”. Crecí y pasó a parecerme un guardia villano respirando siempre pegado a mi nuca. No soportaba su paliza de verborrea fiscal aplicada a la paternidad, su impunidad para desestimar rotundamente cualquier defensa que yo hiciera de mis actos de juventud en cuanto rozaran las líneas de “sus normas”. Le odiaba. Pero pronto descubrí que mi vocación era la misma que la de él, debía estar en los genes. Treinta y cinco años después mi hija y yo tenemos una crisis paterno-filial. Me recrimina que mi personalidad es insoportable y ha decidido alejarse de mí una temporada. Mañana cumple dieciséis años. En un mes se irá de intercambio para todo un curso. Algo me dice que ella no seguirá mis pasos; intuyo que llegará a juez.

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  • Imagen de perfilQUE NO SE SALGAN CON LA SUYA

    Moisés Alonso Baratas · Madrid 

    `No se trata de ganar, sino de impedir que los de siempre se salgan con la suya´.

    En noches de “guardia” como ésta, en las que aprovecho mi insomnio para adelantar trabajo, recuerdo a aquel viejo profesor que conocí en un intercambio. Era poco ortodoxo y dejó de ejercer hacía tiempo; prefirió que otros siguieran batallando contra la impunidad de los que siempre ganan.

    `Tienes que elegir´, me dijo en una ocasión.`O satisfaces tu ego, o luchas por quienes les han arrebatado hasta la autoestima´.

    Desvelado, estudio mi último caso en la penumbra de mi pequeño apartamento de alquiler… Carmen, de mediana edad y con una salud mermada al darse una paliza tras otra limpiando escaleras a diario, ha sido despedida mientras estaba de baja. Acudió a mí llorando, temerosa de que pudieran desestimar su causa…

    Me esperan largas noches…

    Elegí que no se salgan con la suya.

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  • Imagen de perfilTRADICIÓN CENTENARIA

    Nacho Alcalá 

    “...es por ello que han de desestimar vuesas mercedes la reclamación de este posadero, quien ya cobró su deuda, no sólo en mofa y escarnio, que para tales oficios le concedió la Providencia más arte que para regentar su hospedaje, sino en la escasa carne y más abundante pellejo de mi cliente, don Alonso Quijano, pues con total impunidad y auxiliado en el intercambio de golpes por gente de mala calaña y baja estofa, le asestaron tal paliza, sin darle opción ni tiempo a montar su guardia, que de no ser conocedor de las curativas propiedades del bálsamo llamado de Fierabrás, no pertenecería a este mundo el Alto Tribunal que debiera juzgar estos hechos”. Aquellas notas manuscritas, desportilladas, que se deshacían al contacto con el aire, demostraban, según mi abuelo, nuestra relación con el genial escritor, pero ese alegato fue para mí el origen de mi amor por la abogacía.

     
  • Imagen de perfilULTIMA CENA

    ANTONIO LUIS MIRANDA SANCHEZ 

    “Debo desestimar y desestimo la demanda…”. Llamo al cliente. ¿Un juicio ganado de antemano?, nunca dije nada parecido. La otra parte también cuenta. Hay varios criterios jurisprudenciales y Su Señoría estimó otros distintos. No se trata de impunidad, el Juez tiene libertad de interpretar la Ley. Tampoco diría que nos han dado una buena paliza. Al menos no hay condena en costas. No hemos salido tan mal en el intercambio de golpes. El abogado contrario habló más porqué la demanda se formula por escrito y él contesta verbalmente. Yo solo tenía que ratificarla. Este tipo de juicio es así. Lo del guardia de seguridad de tu empresa no tiene nada que ver. Le estimaron la demanda pero solicitaba otra cosa distinta…
    De acuerdo, ya hablaremos en la cena.
    Sólo hay algo peor que llevar un pleito a un familiar y es perderlo días antes de Nochebuena.

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  • Imagen de perfilEl niño invisible

    ROCÍO PALOMINO GONZÁLEZ · JAÉN 

    A sus 12 años parecía invisible ante ellos. Esto le dolía incluso más que la paliza que le pegó hacía unos días un alumno de cursos superiores. Era la única manera de explicar ese dolor porque anteriormente había sido feliz; ahora sentía que era el fin del mundo. Para que lo escucharan comenzó a llamar la atención, llorar, patalear, gritar…Esta vez no funcionó. Ellos discutían incesantemente utilizando palabras extrañas como guardia y custodia, intercambio y visitas. Después, una montaña de ropa, maletas, portazos y silencio. Así, como muchos otros, viví la separación de mis padres, y así, lo cuento a los clientes que acuden a mi despacho para divorciarse, buscando desestimar la petición del otro por venganza o interés. Para que estos hechos no queden en la impunidad, rescato del olvido al menor que sufre y que no entiende, le doy voz y presencia al niño que fui.

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  • Imagen de perfilLa señal

    Laura Galindos Reyes 

    La sala enmudeció ante el inesperado acontecimiento. El intercambio de incrédulas miradas entre la juez y el guardia de seguridad solo venía a confirmar el inesperado resultado. Los juzgados habían presenciado su ascenso y ahora eran testigos del final de uno de los más grandes abogados de España. Él asumió la paliza con entereza y una triste mirada al suelo. Dubitativo ante las perspectivas de una dorada jubilación que no se cansaba en desestimar, la impunidad sin respuesta de los ataques de su contrario fueron señal suficiente para saber que aquel era el momento de aceptarla.

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  • Imagen de perfilAbogado de familia

    Antonio Presencia Crespo 

    Mi hermano solloza, mientras repite que fue un accidente, que no pudo evitar atropellarla, que temía que la gente le diera una paliza, le entró pánico, y huyó.

    –¡Lo siento mucho!– repite desencajado por el dolor. Le acompaña su hijo Jaime, mi sobrino, callado y con rostro sombrío. Ahí estoy yo, el abogado de la familia.

    Cuando ya se ha calmado un poco, le digo:

    –Tranquilízate Paco, no te van a condenar.

    –¿Cómo qué no?– continúa, alzando la voz– ¡Si se lo reconocí al guardia, luego ante la policía, y ahora ante la jueza!

    –Pero ninguna de las pruebas apunta hacia a ti. Tu confesión se va a desestimar.

    –No entiendo– me dice desconcertado– ¿Por qué gozo de impunidad?

    –Lo siento Paco, pero no es posible el intercambio de culpabilidad, aunque seas su padre-. Miro a mi sobrino que empieza a llorar. Entra la policía, y nos abrazamos los tres.

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  • Imagen de perfilPREJUICIOS VENCIDOS

    Eva María Cardona Guasch 

    Quise alegrarme cuando mi hijo me anunció que, finalmente, no se matricularía en Derecho. Muy bien, le dije, no quiero ni imaginarte defendiendo a un ladrón, negociando intercambios de información por cárcel con un fiscal o procurando la impunidad de un criminal. Aún no sé cómo ni por qué pero, poco después de pronunciar esas palabras, mi hijo está envuelto en un turbio asunto, detenido y a la espera de declarar ante el juez de guardia. Él clama por su inocencia. Yo me encuentro confundido, consternado y dolorido como víctima de una despiadada paliza. Y precisamente ahora, sólo una persona alivia mi ánimo y consigue desestimar tal desasosiego. El único que con calma y sin prejuicios me ofrece la esperanza de que todo puede ir bien es el letrado que va a asistir a mi hijo. Al darle las gracias de antemano siento redimirme de aquellos pensamientos injustos.

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  • Imagen de perfilLECCIONES Y EJEMPLOS

    Belén Sáenz Montero 

    Llevo horas dando vueltas en la cama. La cabeza me va a estallar. Esta tarde, al volver de la reunión con la directora del colegio, Teo se ha encerrado en su cuarto dando un portazo. ¡Yo nunca seré abogado! ¡Ojalá fueras un guardia y tuvieras pistola, como el papá de Nico! Tanto como las magulladuras que le ha causado la paliza, me duele su empeño por desestimar mis alegaciones en defensa de la paz. Mi pie roza algo sobre el edredón. Es el cómic que estuvimos leyendo juntos ayer. Eso es, ya lo tengo. Con un simple intercambio de posición de los botones, transformaré mi toga en una capa de superhéroe. No quiero que piense que reina la impunidad, que no existe la justicia. Y con la claridad del alba, consigo dormirme imaginando en la cara de mi hijo una sonrisa mellada y un guiño de su ojo morado.

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