Esperanza Temprano Posada

Microrrelatos publicados

  • Confusión doméstica

    Primero fueron los urogallos, después los castaños y finalmente los bosques. Lo tuyo era proteger el ecosistema. Pasabas los días ideando modelos sostenibles para luchar contra la degradación mientras yo leía mi tesis sobre la diversidad. Los dos tuvimos muy claro nuestro camino. Tú te convertiste en uno de los mayores activistas de la lucha contra el cambio climático y yo llegué a la cima de mi carrera como abogada. Pensaba que cada uno conocía perfectamente el lugar del otro, pero esta mañana he visto que no ¡Has intentado impedirme la entrada al tribunal ante las cámaras de televisión! ¿A qué estabas jugando? ¡Yo ejercía la acusación contra la empresa que realizó los vertidos al mar, no la defensa! ¡Te lo dije ayer mientras preparábamos la cena! ¡si es que no me escuchas!. Acuérdate de recoger a los niños de las extraescolares. Nos vemos esta noche en casa.

    | Enero 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 24

  • VOLVER A EMPEZAR

    Me gusta comenzar bien el día. La primera palabra amable es para el portero que, como sabe que soy un nostálgico del papel, me sube la prensa escrita todas las mañanas. Ya en la cocina desayuno café endulzado o amargado con las noticias diarias y tostadas untadas con las esquelas del periódico. Fue allí donde, entre su apenada esposa y sus desconsolados hijos, me topé con su nombre. Recordaba la cicatriz que recorría su ceja, fruto de un sartenazo conyugal y también que me tocó gestionar su divorcio aunque luego no llegó a tramitarse. La última vez que le vi me confesó que no le importaría pasarse por muerto con tal de empezar una vida nueva sin ataduras. Antes de que la mermelada siguiera derramándose sobre la ubicación del funeral, cerré el periódico convencido de que muy pronto recibiría la visita de un fantasma de carne y hueso.

    | Septiembre 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 5

  • CUÉNTAMELO OTRA VEZ

    De pequeña quería ser peluquera y después, monitoria de aerobic. Jamás dijo que seguiría mis pasos como abogada, aunque había que estar muy ciego para no ver que la vocación la llevaba en la sangre. Cuando era niña le leía el flautista de Hamelín y disfrutaba con sus ojillos repletos de fascinación por un hombre que con una simple flauta defendía los derechos de la ciudadanía, librando a un pueblo de las ratas. Otras veces me agotaba cuando se convertía en acusación particular contra los cuarenta ladrones por pervertir al bueno de Ali Babá, aunque siempre terminaba diciendo “cuéntamelo otra vez”. Hoy el destino une nuestras togas y mientras yo celebro mi veinticinco aniversario de profesión, ella jura la Constitución como nueva letrada. Este oficio le viene como anillo al dedo y estoy segura de que dentro de poco compartirá sus éxitos conmigo y entonces diré “cuéntamelo otra vez”.

    | Octubre 2018
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 6

  • O tempora, o mores

    Tengo que actualizar el despacho, de mañana no pasa: las carpetas marrones de cartón van todas a la basura, las cambiaré por unas de color verde pistacho que sean visibles en la oscuridad y que hagan juego con las nuevas tarjetas de visita con aroma de limón que he encargado y que irán tocando las narices de toda la concurrencia. También voy a suprimir la cestita con caramelos de recepción, es más sofisticado obsequiar con una piruleta a cada cliente que entra. Estoy pensando en tirar algún que otro tabique, necesito crear espacios con transparencias y ambientes de trabajo abiertos y por último encargaré unas togas de diseño con el logo de la casa impreso en la solapa. Corren nuevos tiempos para este viejo oficio.

    | Marzo 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 7

  • MARCA DE LA CASA

    Estaba convencida de que había visto ese tatuaje en alguna parte, no me lo podía quitar de la cabeza y me resultaba imposible concentrarme en los folios del sumario. Parece ser que todas las victimas tenían uno igual en su muñeca. Sin duda estábamos ante un asesino en serie. La incógnita me acompañó todo el día: en el juzgado; en el café de las 11; en la reunión de la tarde; comprobando la caducidad de los yogures en la cesta de la compra... ¿dónde puñetas lo había visto? La decepción empezaba a apoderarse de mí cuando caí en la cuenta ¡Susana! La canguro de mis hijos. Ella también lo llevaba. Corrí a casa para avisarla pero se acababa de marchar. No pude hacer nada, el asesino me había tomado la delantera.

    | Enero 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 18

  • EL ADIVINO

    Quedé con él en una cafetería para indicarle cómo testificar de forma eficaz y resultó ser una caja de sorpresas. Cuando llegué, extendí mi mano para saludarle y me dijo: «No se moleste, el fallo no será favorable, perderá el juicio, señora letrada, el juez decretará la inadmisión de la prueba». Yo aún seguía de pie con la mano extendida y la sonrisa congelada, tardé en reaccionar, sentarme y preguntarle: «¿Cómo lo sabe?». «Lo sé» fue su única respuesta y durante los quince minutos que permanecí allí, no conseguí sacarle más. Me despedí de él y cuando me alejaba le escuché decir: «¡Tenga cuidado con el escalón, le recomiendo que se trate el esguince con ultrasonido!». Le miré con incredulidad y pregunté: «¿qué esguince?» instantes antes de caerme en el escalón y lesionarme el tobillo. Y eso que estaba advertida...

    | Octubre 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 6

  • EL CAMINO DE LOS SUEÑOS

    Leí su nombre en el sumario y al instante regresaron a mi memoria aquellas noches en el campo de refugiados. Cada vez que una estrella fugaz cruzaba el cielo, formulábamos un deseo: yo, convertirme en un prestigioso abogado; él, cruzar el mar en un gran velero. Lo habíamos perdido todo, los sueños eran nuestro único equipaje y también nos los querían arrebatar. Aún se me humedecen los ojos cuando recuerdo cómo se lo llevaron y cómo juntamos nuestras manos a través de la alambrada por última vez. Quiso el destino que nos volviéramos a encontrar, él, acusado por un crimen que no cometió y yo, el letrado que demostró su inocencia. Juntos retomamos, de nuevo, el camino de nuestros sueños.

    | Junio 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 1

  • UN HOMBRE DEL PÁRAMO

    Aquellas tardes con el abuelo Tristán cambiaron mi vida.
    —Márchate de aquí, que estas tierras dan más pena que trigo y no lo dudes, renuncia a tus raíces si es preciso ¡vuela! que te mereces algo mejor— solía decirme.
    Hasta que no mostraba mi asentimiento con la cabeza no paraba de sermonearme. Así fue como cambié la azada por las leyes y las tardes dedicadas a ligar con Teresita por mi compromiso con los usufructos genéricos, fideicomisos y demás negocios jurídicos. Poco a poco me fui enamorando de esta profesión. Allí estaba el abuelo el día que celebré mi primer juicio, sentado en el banco del público con su traje de domingo y un brillo en su mirada que nunca antes había visto en un hombre del páramo.

    | Mayo 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 12

  • Mi primer caso

    Llegué tarde al juicio arrastrando la toga por el suelo. Tras un intercambio breve de saludos, Su Señoría me preguntó sobre las razones de mi retraso y cuando abrí la boca para contestar, no conseguí articular palabra. El abogado contrario viendo el panorama, empezó con su defensa a hablar y a hablar y acabó dándome una paliza en el estrado con total impunidad. Yo seguía con la boca abierta sin pronunciar palabra, pero el contrario no bajó la guardia en ningún momento y el juez decidió desestimar mi demanda. El despertador me salvó de la peor de mis pesadillas que se metió en mi cama horas antes de mi debut como abogado.

    | Abril 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 4

  • EL OBSERVATORIO DE LA JUSTICIA

    Los años de ejercicio me han hecho más sabio. He aprendido, incluso, a sacar partido de los tiempos muertos en los pasillos de los juzgados. Suelo colarme en la sala de vistas para presenciar los juicios anteriores al mío y observo la conducta de mis colegas en el estrado: desde el joven aspirante a letrado, al que le queda tan grande la toga como la maquinaria procesal, hasta el astuto jurista que se las sabe todas y repite una y otra vez, como un disco rayado, las carencias de su contrincante. De paso le tomo el pulso a Su Señoría y compruebo si está o no para muchas zarandajas y si es de los que piensan que la independencia judicial les otorga un estatus de eslabón perdido entre Dios y el hombre. Cuando llega mi turno, sé a qué atenerme y rara vez me equivoco.

    | Marzo 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 4

  • PEQUEÑOS MILAGROS

    No había nadie en el edificio, el vigilante de seguridad en la entrada y yo en la sexta planta ideando un plan que me librara del despido antes de que llegara el nuevo día que ya asomaba por los ventanales. «Tolerancia Cero con los errores» era el mantra favorito del director y ahora se había instalado permanentemente en mi cerebro. Vivíamos en un estrés constante con los vencimientos, aunque jamás en mis quince años de profesión se me había pasado un plazo. Recogí mis cosas y esperé a mi jefe como espera el condenado a muerte al verdugo. Llegó y dijo: ̶ antes de que se me olvide, el recurso de casación que vencía ayer, retíralo, el cliente ha decidido aquietarse. Ahora cuéntame ̶ El cielo se abrió ante mi, me dí la vuelta y contesté: ̶ Nada, que tenga un buen día ̶

    | Enero 2016
     Participante

  • EL MEDIADOR FAMILIAR

    Cada día salgo más tarde del despacho, siempre hay un dictamen que terminar o una consulta complicada por resolver; la excusa perfecta para no volver a casa hasta que ella esté dormida. Si tiene la luz de la habitación encendida, doy un rodeo con el coche hasta que la apaga, entonces subo y con mucho cuidado de no despertarla, me meto en la cama ocupando el borde de mi lado. Por las mañanas salgo de casa con la rebanada de pan del desayuno en la boca para evitar cualquiera de sus preguntas. Lo peor llega los fines de semana, en los que la coartada de jurista ocupado hace aguas, pero aun así he desarrollado mis mañas: cuando ella se acerca con intenciones de entablar una conversación, me hago el dormido en el sofá, esperando que llegue el lunes y encontrar la mesa llena de conflictos matrimoniales que resolver.

    | Julio 2015
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 4

  • La última carta

    Me voy. No quiero seguir arrancando las hojas del calendario sin ver cómo, poco a poco el pelo se te vuelve cano. No recuerdo la última vez que te vi sonreír y ni siquiera sé cuanto hace que no cometemos alguna locura. Siempre mantuve que eras un fenómeno de las leyes, es cierto, y te apoyé y animé en tu carrera de fiscal, pero no para que se convirtiera en la razón de tu existencia. La vida es breve y no quiero pasarla esperando en casa con la mesa puesta. Tal vez cuando estemos en el asilo sea demasiado tarde para escuchar tus casos, eso si no los has olvidado ya.

    | Enero 2015
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 16