V Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

Mariposas en el estómago

JOSÉ AGUSTíN NAVARRO MARTíNEZ · Alicante 

Ocurrió durante la vigilia. En la caja. Amortajado con la toga. El desvío de llamadas activado. Abrazadito a mis últimos deseos: una linterna LED y un diccionario ESPAÑOL-GUSANO/GUSANO-ESPAÑOL. Llegó un helminto-centinela. –¿Por qué me visitas? –Para avisar a la legión cuando estés listo para ser comido. –¿Podrías demorarte? ¬–Dame un motivo legítimo. –Prestar un último servicio como abogado laboralista. –No tengo dinero. –Descuida. Te encuentras en un sepulcro con turno de oficio. –Adelante. –¿Cuánto te pagan por esta mierda de trabajo? –Un cacho de piel como salario base. Y medio lagrimal, si cumplo los objetivos. –Te están engañando. Emigra a una lápida alemana y santas pascuas. Pero te aconsejo que antes firmes una cláusula de no competencia. –No puedo. Tengo una familia que alimentar en este féretro. –En ese caso, ya puedes decirle a tus amigos que vengan. Pero que algunos sean de seda.

 

Relatos seleccionados

  • Un padre, un humano y un abogado.

    Carmen Alcedo Megías · Sevilla 

    Han pasado dos años desde la Pascua en la que mi querido padre me propuso firmar un contrato con clausula de honor, lealtad, dedicación y superación profesional para trabajar en el bufete que dirige desde hace treinta años. Llevo dos años de vigilia, cuestionándome si es moralmente legítimo coger el desvío más fácil-. Hoy incumplí la clausula, me relajé,contesté una demanda fuera de plazo. En dos años he hecho que pierda a su mayor y fiel cliente al que él, durante veinticinco años, había tratado con honor, lealtad y dedicación. Hoy mi padre decidió renovarme. Perpleja me encuentro preguntándole el porqué. -Hija mía, somos abogados, pero primero humanos, todos fallamos. Me tiembla el pulso al firmar.

     
  • Un sainete

    Beatriz Ros · Rubielos de Mora, Teruel 

    Éste es, de momento, el peor día de mis “vacaciones” de Semana Santa. Mi suegro, con la tele a todo volumen, mira encantado la Vigilia de Pascua que oficia el Papa Francisco. Mis hijos llevan horas corriendo por todo el piso como si no hubiera parques en todo Madrid. Mi suegra, que parece no estar satisfecha con la limpieza de nuestro hogar, va por las habitaciones, aspiradora rugiente en mano, con la única obsesión de librarnos de los ácaros asesinos. A todo esto, mi mujer ha salido con las amigas,- lo cual es muy legítimo, aunque lleve horas fuera…- Desvío la mirada de mi periódico y miro el sainete que tengo ante mí. “¡Qué asco de vida!”, pienso. Como abogado matrimonialista, debería haber redactado un contrato con una cláusula que prohibiera a mis suegros pernoctar en nuestra casa.

     
  • NOCHES BLANCAS

    Guillermo Sancho Hernández · Piles (Valencia). 

    ¿Y cómo dices que se llama eso? – le pregunté. “Easter egg”, o “huevo de pascua”. Es nuestro sello personal. Un mensaje legítimo, especial, y oculto – me contestó. Las noches de vigilia habían valido la pena. Mi mejor amigo, experto informático, y un servidor, abogado, habíamos terminado un programa que detectaba automáticamente las cláusulas abusivas de cualquier contrato. Y no sólo advertía de su presencia, sino que también bloqueaba totalmente el archivo que contenía tal cláusula de modo que, si no se rectificaba, no podía utilizarse el documento, y menos aún imprimirse. Mi pregunta inicial surgió porque cuando la cláusula en cuestión afectaba a un contrato de préstamo hipotecario, y se pretendía introducir una cifra de interés desproporcionada, tras el bloqueo del sistema aparecía en pantalla, inmediatamente, un buitre carroñero, con gafas de sol, que mirando con desvío al usuario preguntaba: “¿Sabe usted que la Ley Azcárate sigue vigente?”.

     
  • PASCUA: PASO Y CAMBIO

    Belén Muñoz Irles · Alicante 

    Había prometido a mi hermano, monje cisterciense, hace ya más de cinco años, desde que partió con su ilusión y mi incomprensión, que pasaría la vigilia de Pascua con él. Se lo debía. Con mucha pereza y hastío me puse en carretera y tomé el desvío hacia el monasterio que me apartaba de la civilización. Conduje pensando ¡cómo no! obsesivamente en la redacción de la cláusula de aquél contrato, en la defensa del legítimo interés de mis clientes, en los plazos los escritos por hacer, la falta de tiempo...Fue entonces cuando sentí nuevamente aquél desagradable sudor frío que últimamente me acompañaba y que desapareció súbitamente y para siempre al cruzar el umbral del monasterio del que convencido e incomprendido decidí nunca más salir.

     
  • La tertulia

    Mª Victoria Torres García-Lomas · Palma de Mallorca 

    Aquella tarde de pascua llovía a raudales sobre las ajetreadas calles de Madrid. Jacinto Kinderlan, “Kennedy” para los tertulianos que se reunían en el Baúl de los Recuerdos, tatareaba I´m singing the rain, siguiendo el ritmo con su gastada cartera negra. El peligroso bamboleo de ésta rozaba en ocasiones los traseros de los transeúntes que se volvían sorprendidos. Era legítimo ser feliz después de haber salvado la vida por los pelos. Era viernes. Se saltaría la vigilia. Los tertulianos le recibieron puestos en pie, enarbolando sus copas y elevando al unísono la página del periódico en la que aparecía su rostro cubierto de pecas, herencia de su abuela irlandesa. “Abogado penalista y héroe a la fuerza”, pensó mientras apuraba un trago de su gintonic. Anotó mentalmente la cláusula que haría firmar a sus clientes: “Se aceptan casos de desvío de capitales.Por favor, no disparen al pianista”.

     
  • EL ÁNGEL

    Juanjo Gutiérrez Guardiola · Barcelona 

    La vigilia de Pascua entro en mi habitación y veo a un ángel caído en el suelo. Lo incorporo, lo acuesto en la cama y lo examino minuciosamente. Tomo la decisión de cortarle las alas y hacerlo pasar por mi legítimo esposo. Su amnesia contribuye a que todo salga a pedir de boca. Pero todo sale mal. Mi marido (¡que es un ángel de hombre!) toma un desvío de su destino y contrata a un puntilloso abogado que ahora me dirige la palabra: “hágase a la idea que mi cliente introduce una cláusula en el contrato de matrimonio que la obliga a encontrar un antídoto contra la muerte en menos de seis meses. En caso contrario, yo me convertiré en su nuevo esposo… ¿Qué dice a esto, señora? ¿Se ve usted capaz?”

     
  • Carrera limpia

    Eva Braojos Moya · Sevilla 

    Empiezo cada jornada como una oportunidad de aprendizaje, esperando estar un poco más cerca de mi ansiado objetivo. Observo cada día cómo se mueve, cómo se expresa, cómo defiende como legítimos cada uno de sus planteamientos. No se le escapa ninguna cláusula ni resquicio legal. En mis noches de vigilia, estudiando la última asignatura que me queda de la carrera, me animo imaginándome en las mismas situaciones que ella y con el mismo prestigio y saber hacer. A hurtadillas, con la puerta entreabierta de la sala de vistas, presencio sus intervenciones y, si alguien me sorprende, desvío la conversación con mi mopa y mi fregona en la mano, comentando lo bonitas que están las macetas de flor de Pascua del estrado.

     
  • ¡Impugnamos!

    Mikel Aboitiz · Berlín (Alemania) 

    El abogado y albacea leía la segunda cláusula testamentaria del calavera de mi tío abuelo sin un solo desvío en su firme entonación: «...instituye por única y legítima universal heredera a...». Mi nombre estaba a punto de sonar. ¡Cómo había imaginado ese momento! Noches de vigilia esculpiendo fantasías: saldar deudas, conocer mundo,... ¡Vivir! Un carraspeo me devolvió al abogado, súbitamente pálido, tartamudo: «...a doña... Pascua..., a doña Pascuala Hernández Garrido». (¡Ea! ¡Esa no era yo!). Los criados (presentes a la caza de miguitas, calderilla) miraban anonadados; mi esposo me soltó la mano sobrecogido. Solo se oía el titilar de las lágrimas de la araña sobre nuestras cabezas, como empujadas por un viento que trajera aquella pregunta: ¿quién era esa tal Pascuala? Entonces, el viejo dogo del tío abuelo bostezó en una esquina y su cuidadora, la bella Lalita —¡Pascualita!— le acarició el lomo mostrando una sonrisa pícara, juvenil, largamente ensayada.

     

     
  • Cocina de autor

    Francisco Pi Martinez · Santander Cantabria 

    —Es mi legítimo derecho, señoría, solicitar, y así lo hago, que se aplique la cláusula consecuente a los hechos. La estricta observancia de los preceptos siempre garantizada así como el correcto equilibrio calórico, proteico y vitamínico salvaguardado sin desvíos de consideración; pescado cuando vigilia, carne por Pascua, ensaladas, frutas y verduras en impecable combinación; y ni un elogio, ni una sola palabra de reconocimiento a mi labor, señoría. —¡Pero si siempre me como lo que cocinas! —exclamó él. —Me temo, señoría, que debo rechazar, por pobre y mal construido —continuó ella, hablándole a la pared—, el torpe argumento del acusado. No en vano, desde chico, su madre le obligó, siempre, a comérselo todo. Ruego proceda a dictar a mi favor la debida providencia y que el acusado reconozca, públicamente, la exquisitez de mi cocina. Mientras, él comía en silencio y pensaba: “¿por qué me habré casado con una abogada?”

     
  • 2035

    Pedro José Prieto Alvarez · Noreña (Asturias) 

    Como cada Domingo de Pascua, desde hace ya demasiado tiempo, a escondidas desempolvo la vieja toga de alpaca que heredé de mi padre y me dispongo a asistir a la Junta General clandestina que convoca la Hermandad de Abogados Presenciales. En la calle, no desvío mi atención, intento que nadie me siga. Cambio continuamente de acera o disimulo para engañar a las cámaras del Ministerio de Comportamiento Civil. Esta vigilia legal me tiene angustiado. Un año más, propondré la elaboración de un manifiesto que incluya una cláusula exigiendo nuestro legítimo derecho a ejercer la profesión según los cánones tradicionales. Desde que las denuncias se cuelgan en Youtube, se instruyen por Whatsapp y se sentencian en Twitter, no he vuelto a ganar un pleito.

     
  • Gajes del oficio

    Ariadna Fernández Martín · Valladolid 

    Acomodado tras su flamante escritorio, mirándome como quien viene de vuelta de todo, ojeó mi currículo, y sorprendido de mi colección de cursos de posgrado, sentenció mi falta de experiencia laboral ofreciéndome una pasantía al uso, trabajo a cambio de experiencia, y quien sabe…según mi valía, consideraría alguna retribución dineraria futura, tal vez para Pascua. Es legítimo, me dije, si me esfuerzo, verá mi calidad profesional, todo el mundo empieza desde abajo. Ya llevo un año, de casa al despacho y viceversa, sin desvío. Superproducción a costo cero, sigo esperando… Esta noche, en vigilia, terminé la última cláusula de aquel contrato que me encargaron el viernes por la tarde y hoy lunes, a primera hora nos notificaron otra sentencia estimatoria en uno de “mis casos”. Tocan a la puerta, es el cliente, quisiera decirle ¡hemos ganado!, pero él ni siquiera sabe que estudié Derecho.

     

     
  • Día de vigilia

    Elena Rius Nebot · Valencia 

    Aquel día de vigilia y procesiones lo pasé encerrada en el despacho adelantando trabajo, rodeada de papeles que se iban multiplicando. A media tarde, cansada, bajé a despejarme a la cafetería. Y allí estaba él. Agustín era el típico “advocatus friki-juridicus” que nunca desconectaba y era soberanamente cansino. Podría haber huido pero no me pareció legítimo. A fin de cuentas éramos compañeros de profesión. Tras saludarme inició un letárgico monólogo sobre su éxito profesional. Cualquier desvío de la conversación era desestimado. Aunque ninguna cláusula me obligaba a quedarme, no tenía escapatoria, y me resigné a aguantar el chaparrón. Pidió cava para celebrar sus logros. Al descorchar la botella, el corcho salió disparado hacia su ojo izquierdo. Se oyó un grito terrible. Entonces desperté. Agustín, mi jefe, me miraba enfurruñado desde su mesa. -Deja de soñar con la mona de Pascua y ponte a trabajar!!! Si él supiera…

     
  • DIES IRAE

    Jose Miguel Arbaiza Santacoloma · Trapagaran (Bizkaia) 

    Después de pasar la noche en vigilia repasando mentalmente todas las conversaciones de los últimos meses, cogí un taxi hacía los juzgados con la mochila llena a partes iguales de esperanza y de incertidumbre. Era la semana de pascua y habían pasado dos años ya desde la muerte de mi padre. Sus socios, aquellos que lloraron en su funeral asegurando que ahí estarían para lo que yo quisiera, ahora se iban a sentar al otro lado del banco. No dijeron nada ese día de la cláusula que le hicieron firmar días antes de su muerte, según la cual aún siendo yo su legítimo heredero, ellos podrían hacer y deshacer a su antojo, hasta el punto de dejarme las migajas de la empresa. - Coja el desvío hacia la Gran Vía, por favor -le dije al taxista-. Era el camino más largo, justo el tiempo que necesitaba para dejar de llorar.

     
  • SU DELITO, MI OPORTUNIDAD

    IÑAKI LANGA ROCHA · BILBAO 

    Celebrábamos mi renovación en una empresa de Defensa Jurídica. No se colmaban mis legítimas aspiraciones profesionales pero sí lo suficiente como para seguir de fiesta cuando los demás se marcharon. Entonces la conocí. Aunque era su despedida de soltera, estaba algo achispada y solo buscaba diversión, supe enseguida que era la mujer de mi vida. “Voy al coche un momento, ahora vuelvo”, me susurró insinuante. Un mensaje del Jefe me hizo la pascua: el compañero del servicio “Asistencia 24 horas” había enfermado repentinamente. Debía sustituirle ya, sin poder despedirme. Horas después llamó la Ertzaintza. Tenían una persona detenida en el control de alcoholemia instalado en el desvío de la autopista. Una cláusula de su contrato con nuestra compañía incluía abogado en su declaración. Al verla otra vez, desapareció el cansancio de esa intensa noche de vigilia. Hice mi trabajo y quedó en libertad a tiempo para casarse... conmigo.

     

     
  • A PEOR FORTUNA

    José María Alonso Martín · Málaga 

    Siempre que le llegaba un cliente reclamando algo que le parecía legítimo se implicaba al máximo, aunque no estuviese bien pagado. Así empezó. De aquello hace ya más de veinte años. Más tarde llegarían las noches de vigilia preparando juicios y ensayando ademanes ante el espejo. Con cada sentencia aprendía algo nuevo. En los buenos tiempos hubo que asesorar a algún importante empresario sobre desvío de capitales. Alguno de ellos sigue entre rejas. Vacaciones un año en Bahamas, otro en la Isla de Pascua… Mujeres y dinero. Tenía todo lo que quería. Ahora todo es más real. La mayoría de sus clientes le piden consejo sobre cómo eliminar de sus hipotecas la cláusula suelo.

     
  • IN DUBIO PRO «VALORES»

    PAQUI SERNA CABEZAS · ALCOY (ALICANTE) 

    El gran teatro de la vida. Allí estaba yo, absorta marioneta disfrazada de letrada esperando movieran mis cuerdecillas. Abstraída, recordé decálogos de eruditos catedráticos, empadronados hoy en Chirona por malversación de fondos, y rememoré lecciones moralistas de mamá, antes de emigrar con su "legítimo" amante Italiano. Reaccioné al silbido del "Asesino de Pascua", como así le llamaba la prensa, y vacía, cual contrato sin cláusula, entré en sala. Tras la noche en vigilia, preparando el guion del goloso pleito, experimenté cierta extenuación mental al exponer mis alegatos. En uno de los recesos, visualicé el juramento de lealtad a mis principios el día de mi graduación. El desvío en mi oratoria se hizo entonces patente, y la renuncia a la defensa de mi cliente y yo, salimos con orgullo de aquel escenario. Ratifiqué aquel día, que mis valores no dormían y en ocasiones roncaban en el despacho, era Lolo, mi pasante.

     
  • POR AQUELLA MIRADA

    ISABEL FRAILE SANCHEZ · ARUCAS, (LAS PALMAS) 

    Fue su mirada. Su mirada entre suplicante e incrédula. El recuerdo de aquel niño superado por el sufrimiento que le rodeaba me mantuvo durante días en una vigilia insoportable, convirtiéndome en un fantasma. Nada quedaba del abogado implacable, arrogante, insensible, seguro de sí mismo y de sus argumentos llevados más allá de lo que a veces se pudiera considerar legítimo. Y fue una noche de insomnio y desespero lo que me hizo revisar una vez más el contrato. De repente, ¡lo encontré!, en la cláusula quinta, apartado b, párrafo cuarto… un desvío oculto entre la pequeñez de la letra y el redactado torticero. Hecho unas pascuas, satisfecho y feliz, dormí como nunca con la convicción de haber encontrado la clave para que no le arrancaran de su hogar.

     

     
  • El Convenio

    ANNA VILÀ SAIZ · Barcelona 

    Vuelta a empezar. Folio en blanco. Es la vigilia del día de Pascua y no hay nadie en el despacho más que yo, empeñada en acabar de redactar el convenio, pero la maldita cláusula me lo impide. Debería irme. Mi marido siempre me pide que no llegue tarde. Es legítimo que me lo pida, lo sé. Desvío la mirada hacia el reloj de la pantalla y veo que ya no hay nada que hacer. Hoy también llegaré tarde. Pero debo redactar la maldita cláusula y habré acabado. Habré acabado con todo. Ya está. Hecho. Lo imprimo, lo firmo y rápido para casa. Quiero que mi marido firme el convenio de divorcio esta misma noche.

     
  • Error

    Rosa Pastor Carballo · Valencia 

    Las vacaciones de Pascua habían terminado y no se había enterado, concentrada, pasando noches y noches de vigilia, analizando metódicamente los hechos, repasando febrilmente los documentos. Salió apresuradamente de casa, sin desayunar y tomó un taxi. Temía llegar tarde y le indicó al taxista un desvió para acortar el camino. Nada más entrar en el edificio se sintió mareada, acusaba el cansancio del sueño acumulado. Su empeño con el caso era legítimo, a pesar de que sus compañeros de despacho lo dieran por perdido, ella pensaba que la cláusula fundamental del contrato del préstamo era abusiva y que podía ganarlo. Respiró profundamente y caminó tambaleante por el largo pasillo que llevaba a la sala. Abrió la puerta. La sala estaba vacía. Nerviosa, consultó la agenda. Se había equivocado de día. Agotada se dejó caer.

     
  • INSPIRACIÓN

    José Ignacio Juárez Chicote · Madrid 

    El lunes de Pascua era festivo y lo pasé en Lisboa. Las últimas semanas –con varios temas urgentes y complejos– había estado muy absorbido. Sólo quedaba preparar un contrato enrevesado con una elevada cláusula penal. Por eso quería alejarme un poco, recuperar la calma y ser más objetivo. Pero no me resultaba fácil: ¿de dónde saldrá la maldita manía de hacer que los problemas sean más nuestros que de los clientes? ¿Por qué ellos recuperan el sueño con nosotros y nosotros la vigilia con ellos? En un desvío, el traqueteo del tranvía me sacó de estos pensamientos. Miré por la ventanilla y, sobre un viejo muro mohoso y desconchado, leí: "nem tudo que é direito é legítimo". Y entonces, lo ví. Bajé del “amarello” en Chiado con la solución esbozada. En A Brasileira, bajo la mirada de bronce de Pessoa, terminé de darle forma. De fondo, sonaba un fado…

     
  • DESAHUCIO EN PASCUA

    CIRILO RODRÍGUE FRÍAS · Santa Cruz de Tenerife 

    Querido compañero: Como sabes, mi vida personal y profesional ha sido un fracaso. Ser buen abogado requiere muchas cualidades, una de ellas ser un poco audaz, y yo, me conoces, nunca he tenido carácter. El banco me ha declarado vencido el préstamo, por la célebre cláusula de impago de cuotas, y lo ha ejecutado. Acaban de lanzarme del despacho, mi legítimo medio de vida. No respetan ni la Pascua. No puedo más. El hombre es un lobo para el hombre ¿recuerdas, Hobbes, nuestras noches de vigilia y estudio? Acabo de releer "El Principito", y me ha confirmado en la idea de que no vale la pena vivir en este mundo. Mi verdadera vocación fue la literatura, el derecho fue un desvío. Por favor, envía estas líneas al concurso de microrrelatos del Consejo de la Abogacía. Puede que consiga mi primer premio literario a título póstumo. Hasta siempre.

     
  • Reus Absolvitur

    Daniel Aznar Alonso · Madrid 

    Estuve una noche de vigilia para dar con la solución. Ciertamente, mi cliente no tenía ninguna opción de librarse de la pena capital. Ninguna ley, ninguna cláusula, permitía desvío alguno en su interpretación. Ciudadano romano asesinado, reo crucificado. Mi estrategia de defensa no fue, entonces, minimizar su crimen, sino, por el contrario, hiperbolizarlo. De ese modo conseguimos que en Judea, mi cliente, ya condenado a muerte, fuera considerado como el asesino más peligroso de la provincia. Sabía que Pilatos acababa de prender a Jesús de Nazaret, que quería crucificarlo sin ningún cargo. Su manera de hacerlo legítimo fue dando a elegir al pueblo entre la crucifixión de Jesús o la del peor de los asesinos. El público presente, gente de Pilatos mayormente, condenó a Jesús y mi cliente, Barrabás, consiguió por Pascua la libertad. Realmente huyó sin pagarme, pero dicen que seré recordado como el mejor abogado de la historia.

     
  • LECCIÓN DE VIDA

    María Domínguez de Paz · Valladolid 

    Hoy he vuelto a recordarte. A pesar de tantos estudios y años de experiencia, la verdad es que suelo hacerlo cuando me planteo aceptar o no un caso. Cuando contabas que en esos años difíciles del hambre, la carestía obligaba a las familias a compartir cualquier migaja de pan sobre la mesa; una especie de cláusula legítima en el contrato de supervivencia. O cuando decías que en Pascua, como un extra, la abuela os hacía rosquillas con las raciones de los cupones, y los hermanos debíais repartirlas tocando a media cada uno, aunque luego el estómago os hiciera pasar horas de vigilia. Me dejaste bien claro que en tiempos funestos todo se necesita para todos. Por eso ahora, viendo el caso que se me plantea para la defensa de ese famoso político en un asunto de desvío de capitales a Suiza, quédate tranquilo. Lógicamente, querido papá, diré que no.

     
  • Apalabrados

    AGUSTIN DE LAS HERAS MARTINEZ · Madrid 

    He puesto “cláusula” utilizando una “u” de “pascua” e inmediatamente me ha contestado escribiendo “vigilia” sobre una casilla de triple palabra. Ya me saca treinta puntos. Yo no sé si es legítimo que un abogado defensor como yo juegue con la fiscal de esta manera. Aprovecharé que me queda la letra “i” para endosarme los últimos puntos. Desvío la mirada de mi tableta y la veo esbozar una sonrisa. En esto, oigo al juez como ordena ingresar en prisión a mi cliente mientras leo en mi pantalla: “Has perdido”.