Cocina de autor

Francisco Pi Martinez · Santander Cantabria 

—Es mi legítimo derecho, señoría, solicitar, y así lo hago, que se aplique la cláusula consecuente a los hechos. La estricta observancia de los preceptos siempre garantizada así como el correcto equilibrio calórico, proteico y vitamínico salvaguardado sin desvíos de consideración; pescado cuando vigilia, carne por Pascua, ensaladas, frutas y verduras en impecable combinación; y ni un elogio, ni una sola palabra de reconocimiento a mi labor, señoría. —¡Pero si siempre me como lo que cocinas! —exclamó él. —Me temo, señoría, que debo rechazar, por pobre y mal construido —continuó ella, hablándole a la pared—, el torpe argumento del acusado. No en vano, desde chico, su madre le obligó, siempre, a comérselo todo. Ruego proceda a dictar a mi favor la debida providencia y que el acusado reconozca, públicamente, la exquisitez de mi cocina. Mientras, él comía en silencio y pensaba: “¿por qué me habré casado con una abogada?”

 

 

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