LECCIÓN DE VIDA

María Domínguez de Paz · Valladolid 

Hoy he vuelto a recordarte. A pesar de tantos estudios y años de experiencia, la verdad es que suelo hacerlo cuando me planteo aceptar o no un caso. Cuando contabas que en esos años difíciles del hambre, la carestía obligaba a las familias a compartir cualquier migaja de pan sobre la mesa; una especie de cláusula legítima en el contrato de supervivencia. O cuando decías que en Pascua, como un extra, la abuela os hacía rosquillas con las raciones de los cupones, y los hermanos debíais repartirlas tocando a media cada uno, aunque luego el estómago os hiciera pasar horas de vigilia. Me dejaste bien claro que en tiempos funestos todo se necesita para todos. Por eso ahora, viendo el caso que se me plantea para la defensa de ese famoso político en un asunto de desvío de capitales a Suiza, quédate tranquilo. Lógicamente, querido papá, diré que no.

 

 

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