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Rosa Pastor Carballo · Valencia 

Las vacaciones de Pascua habían terminado y no se había enterado, concentrada, pasando noches y noches de vigilia, analizando metódicamente los hechos, repasando febrilmente los documentos. Salió apresuradamente de casa, sin desayunar y tomó un taxi. Temía llegar tarde y le indicó al taxista un desvió para acortar el camino. Nada más entrar en el edificio se sintió mareada, acusaba el cansancio del sueño acumulado. Su empeño con el caso era legítimo, a pesar de que sus compañeros de despacho lo dieran por perdido, ella pensaba que la cláusula fundamental del contrato del préstamo era abusiva y que podía ganarlo. Respiró profundamente y caminó tambaleante por el largo pasillo que llevaba a la sala. Abrió la puerta. La sala estaba vacía. Nerviosa, consultó la agenda. Se había equivocado de día. Agotada se dejó caer.

 

 

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