POR AQUELLA MIRADA

ISABEL FRAILE SANCHEZ · ARUCAS, (LAS PALMAS) 

Fue su mirada. Su mirada entre suplicante e incrédula. El recuerdo de aquel niño superado por el sufrimiento que le rodeaba me mantuvo durante días en una vigilia insoportable, convirtiéndome en un fantasma. Nada quedaba del abogado implacable, arrogante, insensible, seguro de sí mismo y de sus argumentos llevados más allá de lo que a veces se pudiera considerar legítimo. Y fue una noche de insomnio y desespero lo que me hizo revisar una vez más el contrato. De repente, ¡lo encontré!, en la cláusula quinta, apartado b, párrafo cuarto… un desvío oculto entre la pequeñez de la letra y el redactado torticero. Hecho unas pascuas, satisfecho y feliz, dormí como nunca con la convicción de haber encontrado la clave para que no le arrancaran de su hogar.

 

 

 

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