Carmen LLopis Fabra

Microrrelatos publicados

  • Un pequeño símbolo

    Esa mañana me llegó un caso nuevo. Trataba de un vertido ilegal de agua contaminada en un humedal conocido. Mi recuerdo del lugar, al que de pequeño había ido de pesca, distaba mucho de lo que encontré en la inspección ocular. Un manto de peces muertos se extendía a mi alrededor. Con lágrimas en los ojos volví a mi despacho y me puse a preparar la demanda contra la empresa causante de tal desaguisado. Conservar la calma resultaba difícil y más cuando inconscientemente relacionaba ese lugar con una infancia feliz. El día del juicio el abogado contrario bajó avergonzado su mirada al cruzarla conmigo, era el hijo del dueño de la empresa y unos de los chavales con los que yo pescaba. Se acercó al estrado con un pez dorado de plástico y lo puso delante del Juez. Con ese gesto infantil, simbólicamente reconocía el daño causado y pedía perdón.

    | Junio 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 15

  • El dictamen

    El bosque había recuperado su ecosistema gracias al descanso que los humanos le habían dado. La fauna se reproducía a su antojo y las flores volvían a brotar en lugares ya olvidados. Proteger la vida era la misión primordial en aquellos tiempos convulsos.

    El juicio se estaba celebrando al aire libre por medias de seguridad y había reunido a un público numeroso. Su Señoría tuvo que poner orden por los cuchicheos continuos. El fiscal y el abogado defensor realizaron sus alegatos con vehemencia, estaba en juego algo vital. El Juez se retiró para deliberar, iba a dictar sentencia in voce.

    Regresó al cabo de media hora con su dictamen:

    Debo condenar y condeno a los seres humanos a respetar y compartir la tierra con los demás seres vivos. En caso de incumplimiento, deberán cumplir un confinamiento anual de tres meses. Contra esta sentencia no cabe apelación solo sentido común.

    | Mayo 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 1

  • ESPECIES CASI HUMANAS

    Como abogada especialista en Medio Ambiente había recibido una invitación para asistir en Australia, la zona cero del cambio climático, a un congreso de practica sostenible para enseñar a proteger el ecosistema, evitar su degradación y garantizar su diversidad. Era un tema candente que precisaba con urgencia regulación jurídica internacional. Lo que nadie esperaba es que se desatara un incendio de proporciones alarmantes muy cerca del paraje natural en el que nos encontrábamos que provocó nuestra evacuación inmediata. Observamos aterrados como la vida animal y vegetal iba siendo engullida por las llamas a una velocidad de vértigo. Mientras nos subíamos en coches para alejarnos de aquel infierno un koala gravemente herido se me acercó y con ojos humedecidos me entregó su cría. El cruce de miradas entre madre humana y no humana bastó para entender su sacrificio.

    | Enero 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 4

  • Confianza ciega

    Mi cliente siempre creyó que era de justicia dejar un planeta sostenible a sus herederos. Por eso me planteó que presentáramos una demanda contra todas las empresas que no cumplieran con un plan de residuo cero. Su preocupación por el clima actual era tal, que sabía que tarde o temprano respirar aire limpio se convertiría en un bien escaso. Era una ardua tarea y me preocupaba que las costas fueran ingentes si desestimaban nuestras pretensiones y así se lo hice saber. Me dijo que era un tema que no le preocupaba pues tenía confianza ciega en que ganaríamos el caso. Algo en sus ojos me dio el espaldarazo que necesitaba para llevar el caso adelante. Nuestra demanda fue estimada y mi cliente me dio un fuerte abrazo como pago de mi minuta. ! Gracias papá, me dijo con una sonrisa de oreja a oreja, eres el mejor abogado del mundo!.

    | Octubre 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 11

  • Galletas de papel

    Nunca fue fácil gestionar el trabajo desde la cocina de casa. Mi papel de abogada se mezclaba con la dulce tarea de criar dos hijos. Había días que contestaba a los clientes por teléfono con el más pequeño enganchado a la teta. Una vez me preguntaron que cómo había hecho para callar sus lloros y contesté con voz amable y arqueando una ceja que le echaran imaginación.
    Lo más difícil era poder hacer un escrito de defensa con el torbellino de tres años saltando alrededor. Quería que cocináramos un pastel. Para entretenerle le di unas hojas y una tijera de puntas redondeadas y le pedí que recortara galletas y que luego las haríamos de verdad. No creo que tardara más de un minuto en contestar una llamada y al darme la vuelta..... los autos originales que tenía sobre la mesa estaban en el horno cociéndose a fuego fuerte.

    | Septiembre 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 1

  • La cliente especial

    El colegio de abogados me había designado para asistir a una cliente poco habitual. Esta se había negado a acudir al Juzgado a declarar amparándose en la tortura que le suponía tener que salir del agua.
    El Juez consideró que su excusa era patética y le conminó a presentarse en el plazo de veinticuatro horas o sería llevada por la fuerza pública. Se le acusaba de conseguir con engaño la propiedad de un barco de recreo. Hablamos por teléfono y nos citamos en la puerta del Juzgado. Me dijo que no tendría dudas para reconocerla .Casi me atraganto del susto al verla llegar dentro de una bañera llena de agua salada arrastrada por un pequeño remolque. La policía no sabía qué hacer. Fui a buscar al Juez a su despacho y le expliqué la situación. Se le tomó declaración en el exterior del Juzgado. Problemas de ser una sirena.

    | Julio 2018
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 10