IV Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

UN ABOGADO NOVEL

Ana Rodríguez Álvarez · Vigo (Pontevedra) 

Créanme si les digo que, en mis muchos años de profesión, he atesorado un sinfín de anécdotas. No es extraño: tras la mesa que preside la Sala de mi juzgado he presenciado centenares de casos. El último de ellos fue un juicio en el que un empresario reclamaba a su socio la condonación de una deuda, debido al anterior pago de una fianza. Durante la vista, un abogado novato despertó mi curiosidad. Primero, por su exceso de bronceador pero, fundamentalmente, por su gran alegato final. En él, tras hacer un breve resumen, me interpeló con una efectista pregunta: ¿Acaso no es justa, Señoría, nuestra pretensión? A mi lado, mi compañero emitió una risilla ahogada, ante la atónita mirada del joven. -Letrado –intervine- su oratoria es ciertamente magnífica, pero sería mejor que se dirija al Sr. Juez en lugar de a mí. Yo soy el secretario judicial. Doy fe de ello.

 

Relatos seleccionados

  • TED, TODD Y EL CICLO DE LAS COMPENSACIONES MORALES

    Daniel Aznar Alonso · BARCELONA 

    En resumen, se podría decir que Ted era un lunático temerario y Todd era un abogado oportunista. Unos socios extraños que ya eran bien conocidos en el mundillo judicial. En 2005 Ted se bebió un bote de bronceador y estuvo a punto de morir intoxicado. Todd le consiguió una indemnización de dos millones de dólares. En 2007 Ted se cortó el pulgar derecho con la picadora. Todd le consiguió tres millones. En 2010 fue una oreja quemada con una estufa y dos millones más. Ahora la cosa se les había ido de las manos. Ted se cortó la pierna con la motosierra, pero murió desangrado. Todd estaba ahora en prisión sin fianza, acusado de haber inducido a las autolesiones y muerte de Ted. Se constituyó una acusación particular por parte de empresas afectadas en sentencias anteriores. Todd pensó entonces que la única deuda que no admite condonación es la venganza.

     
  • YACIMIENTO DE PALABRAS

    Sagrario Loinaz Huarte · Aranjuez-Madrid 

    El juez Iturmendi convivió 50 años entre sentencias, veredictos, becarios, triquiñuelas de escorias humanas, fianzas de vértigo, argumentos sinrazón, aplazamientos de desahucios, pleitos sobre herencia, daciones, jurídicos, expropiaciones, condonaciones de deuda, explotaciones financieras… En resumen: la justicia por doctrina. Celebró su 81 cumpleaños con la asistencia de sus vástagos. Entre el laberinto de casas adosadas y socavones -nuevo alcantarillado- sobresalía un cartel ``FELICIDADES CAMPEÓN´´. Un petardo explotó mientras abría los regalos: plomos para pescar, bronceador 60+, brújula, cartapacio de piel de camello con botón dorado, chanclas made-in-china, calculadora táctil, tarta con pato Donal tocando el xaxofón… Iturmendi, ecuánime y sereno, bebió gazpacho de yogur –frío como un carámbano- y escondiendo una lágrima se puso de pie. Como si de un profesor se tratara –dando una conferencia- dijo: ``Nunca olvidéis tener la ley como socio y la razón por guía………´´ Silencio… sudor… tumulto… asistencia médica… infarto… sueño eterno.

     

     
  • Ese juez, el juez Moreno

    Esther González Rada · SAN SEBASTI¡µN 

    Cuando supe que ese juez me salvaría, le sonreí agradecido. Desde que conocí a aquel señorito adorable, planteó mi vida como una senda inalterable encaminada a venerar su barroquismo. Me prohibió respirar en público y oír nada que no fuera su propio resuello malcriado. Pero ese juez honrado cambiaría mi destino. Ese juez negó la condonación de la fianza alimentaria exigida a mi exmarido. Ese mismo juez escuchó, desternillándose de risa, que yo fuera socia del club de fans de CR7. Ese juez rió todavía más alto, cuando el señoritingo anunció el grotesco resumen de su defensa: un bronceador conspiraba contra mí, me acusaba de fulana de teleteatro, porque alguien, ajeno, claro, a él mismo, me había poseído mientras extendía el bronceador por mi espalda. Ahora sé que ese juez, el juez Moreno, es mi segundo marido, y que, con su ayuda, por ahora, seguiré bronceando mi lascivia.

     

     
  • Espalda sin toga

    Ramon Estebe Blanch · Barcelona 

    Aquella espalda al sol era la quimera. El bronceador que ahora me disponía a repartir sobre su piel tersa, y ya un poco fria, el regalo anhelado. Todo iba bien. No habia tenido socio en aquella historia, y por tanto estaba sólo. Tampoco tenia dinero para la fianza, y no había espacio ni para la condocación ni para la justificación de lo perpetrado. O blanco o negro, en un camino de dificil salida. Mi cabeza nuevamente me redirigió a la espalda que casi habia descuidado con mis pensamientos. Me estaba perdiendo el romanticismo místico de acariciar aquella piel ahora desnuda, sin toga ni puñetas, inerte y fria. Muerta. No se parecía en nada a la que tantas veces habia visto desde el estrado, vestida, mientras suplicaba justicia.

     
  • JUEGOS DE ABOGADOS

    MARILUZ ESTɐFANO CIRUJEDA · VALENCIA 

    Voy a entrar en la sala con mi socio (amigo mío desde la guardería). Lleva un bronceador en una mano. Lo ha cogido de un bolso de playa que había en la entrada. Le digo que lo deje fuera, pues puede manchar el legajo que trae en la otra mano. No pestañea al argumentarme que puede no ser delito la condonación de una fechoría (¿dónde habrá oído eso?). Dice que si pagamos una fianza, ya no tenemos obligación de presentarnos ante el juez (¡de la que nos habremos librado!). Abro la puerta con decisión. Entramos con paso firme. El señor fiscal levanta la vista de sus papeles. Me mira enfadado. -¿Otra vez llevas puesta, y arrastrando, mi toga?, refunfuñe cabreado. Intentando no parecer asustado, me defiendo: “Papá…, la toga…, aún me está un poco larga…, y…, y es que…, en resumen…, cuando seamos mayores, queremos ser abogados”.

     

     
  • Un brindis al sol

    Carlos Brage Tuñón · Madrid 

    Como socio fundador me puse en pie para hacer un brindis: “Amigos del forum filatélico, como sabéis recientemente hemos soportado bochornosas habladurías acerca de nuestra gloriosa institución, Pues bien, ha llegado el momento de que hagamos un lavado de cara, a través del bronceador de la justicia. Exigiremos a las autoridades la condonación de los supuestos delitos que pesan sobre nuestra pequeña gran familia, y así recuperar la buena fama que siempre nos precedió. Volveremos a ser un foco de cultura, de luz y progreso para esta denostada sociedad”. Y alzando mi copa reté a mi entregado público: “Nada se consigue sin esfuerzo, y ese esfuerzo que os pido es el pago de la fianza necesaria para salir de esta pocilga en la que me encuentro secuestrado”. Al abrir los ojos, el resumen me fue familiar: porrazo en el estómago y las carcajadas del resto de presos.

     

     
  • PALEOJUEZ

    ROSA MOLINA Lí PEZ · TRES CANTOS (MADRID) 

    El jefe del clan se irguió sobre sus piernas con una tibia de mamut en la mano y, dando dos golpes sobre una piedra para llamar la atención del resto del grupo, gruñó:¡€™se declara efectiva la condonación de la deuda contraída por un bronceador y se establece que el socio pague una fianza, tal como se detalla en el resumen que se adjunta?, y todos comenzaron a reírse a carcajadas por esa serie de sonidos entrecortados y ridículos, pues todavía no se había inventado el lenguaje.

     
  • Historia real

    Cristina Hidalgo Ordás · Valladolid 

    Cuando acepté su defensa no me importaba si era inocente o culpable. Soy abogado criminalista que presume de defender a todo tipo de clientes.Siempre he pensado que todo el mundo tiene derecho a tener la mejor defensa, incluso los que han cometido crímenes abominables. A este le acusan de ser el asesino del bronceador, porque sus víctimas aparecen untadas de este líquido en condiciones espeluznantes .Conseguí que saliera de la carcel bajo una fianza y que su familia le concediera la condonación de una deuda que había contraído hacía años.Pero ha sucedido algo que ha cambiado mis esquemas.No puedo seguir.Con el resumen de las pruebas que le incriminan , he decubierto algo tan cruel que me retiro.Se lo paso a mi socio. Ayer se lo he comunicado y ahora me está amenazando.No se que hacer.Estoy en peligro.Es su vida o la mia.Voy a por él.

     
  • Satansa

    Mikel Pérez Aboitiz · Berlín - Alemania 

    Abogados Satansa ocupaba los sótanos de unos grandes almacenes. Un flexo encendía un círculo de luz en el escritorio del letrado. Sobre él nos estrechamos las manos. Su rostro quedaba en penumbra, pero se adivinaba un tipo elegante, «como un príncipe de las tinieblas», pensé embobada. Mientras él jugueteaba con un pisapapeles —una decorativa piedra sulfurosa— y yo me asfixiaba de calor, el abogado recapituló con voz de bajo: «... En resumen: recurriremos la fianza de su marido, lograremos la condonación de las deudas y usted podrá coger el bronceador e irse a disfrutar a la playa». Prometía el oro y el moro. Aquello olía a chamusquina. Y, ¿qué hacer con el imbécil del socio? Al oír «socio» respondió pasándose, lenta, significativamente un dedo de afilada uña por el cuello. Sonreía aún francamente mefistofélico, cuando cambió de registro: «Hablemos de su alma...». Salí de Satansa por piernas.

     

     
  • La Postfranquicia

    ESTEBAN TORRES SAGRA · ÚBEDA (JAɐN) 

    Fiel a mi vocación vital -¡ahora que ironía!- decidí inaugurar un bufete en una bóveda muy coqueta y muy bien situada. Conté con un socio eficiente al que ya conocía de antes y entre ambos pronto nos hicimos con todas las querellas. Negociamos las fianzas en persona con Luci & Fer, evidentemente a la baja; hemos conseguido varias condonaciones de pena en la oficina del Sr. Sampedro, defendemos a espíritus díscolos en sus pleitos fronterizos... en resumen, hemos montado una empresa magnífica en un área de negocio poco explotada. Al cabo de tres décadas -¿qué importa el tiempo en este estado, etéreo? - cambiamos el árido clima continental por una mortaja hawaiana y un bronceador sin factor de protección - ya para qué preservar los osteocitos - y por fin nos hemos convertido en la mejor franquicia de abogados de todo el Purgatorio.

     

     
  • DERECHO, REV¡S, DEL

    AGUSTí–N MARTí–NEZ VALDERRAMA · GAV¡µ (BARCELONA) 

    Mi socio es idiota. Dice, sostiene, que en un juicio el acusado es culpable o inocente, según; siendo culpable el que porta la culpa e inocente el que no. La fianza ¡€™prosigue mientras se unta bronceador en la coronilla ¡€™no es un indicativo fehaciente, y de ningún modo su retribución o condonación exime la naturaleza del delito. En todo caso, durante la vista, éste ¡€™siempre presunto - se afanará en responder al fiscal con la mejor disposición, procurando que sus respuestas se estimen fidedignas, verosímiles, congruentes. Luego atenderá la sentencia con gesto adusto y el mirar perdido, nublo. Una vez sea declarado culpable o inocente, y si así lo considera oportuno, podrá gritar, saltar de felicidad, a saber; si en el supuesto de ser culpable fuera hallado inocente y en el supuesto de ser inocente también. En resumen, concluyendo: entramos, cogemos el dinero y salimos pitando.

     
  • Socio y sabueso

    Lita Rivas Folgar · Teo (A Coruña) 

    Desde hace mucho tiempo llevo un bufete de abogados con el mejor socio que puedo encontrar, mi amigo de toda la vida, alguien a quien no se le caen los anillos por investigar para mi en los bajos fondos, ardua tarea, mientras yo buceo entre papeles, y realizo escapadas, bronceador en mano, tras el astro rey.
    Pero en esta ocasión, su actividad de sabueso le ha llevado a la cárcel, de la que le he sacado, tras pagar la fianza, pero se enfrenta a un juicio por lesiones y acoso a un sospechoso.
    Estoy en deuda con el desde siempre, así que pienso que ésta es la ocasión de llevar a cabo su condonación.
    En resumen; que ya es hora de cambiar los papeles. Ahora yo haré el trabajo sucio y me las arreglaré para que el agredido retire la denuncia. A mis ochenta años ya no estoy para florituras.

     
  • Las apariencias

    Salvador García Núñez · Toledo 

    '- Dos vertical, perdón de una deuda, … ¡condonación¡ - María, mira quien viene por ahí. ¡Dame el teléfono, deprisa! (A voces, usando el teléfono): -¿Por qué me habré traído el teléfono a la playa? Espera un poco… (aparta el teléfono y s

     
  • El lado positivo

    Mercedes Sáenz Blasco · Mérida (Badajoz) 

    Mira, acaba de llegar una carta de tu abogado. ¿Te la leo?… Don Fulanito de tal, bla, bla, bla…Desestimada la condonación de la pena, bla, bla, bla…El montante de la fianza asciende a… ¡Madre, mía, yo este número con tantos ceros no sé ni pronunciarlo! En resumen, socio, que durante los próximos quince años te ahorras el bronceador.

     

     
  • EL JUICIO FINAL

    LUIS JAVIER CORDOBA HERRERA 

    Al final tenían razón los mayas y este año se acaba el mundo. Esta mañana de camino al trabajo me he visto sorprendido por cuatro jinetes que querían llevarme a juicio. He llamado a mi abogado y él no sabe nada: - Eso va a ser tu antiguo socio que te ha demandado por aquello, Paco. - Ni idea, Manolo, pero dicen que soy culpable. - Pregúntales por la fianza. - Dicen que no hay condonación de la pena. Que sólo cabe el castigo eterno. - ¡¨Qué quieren decir con eso¡€™- Que me llevan preso, Manolo. ¡A perpetua! Y, en resumen, así es como he acabado en este lugar para los restos. Un poco de calor, de acuerdo, pero no se está mal del todo. Quizás lo que eche más en falta sea un poco de bronceador.

     
  • LA MAZA

    Manuel de la Peña Garrido · Madrid 

    Usando una palanca, Arquímedes movía el mundo. Siendo niño, el mediático abogado descubrió que podía manejar voluntades con un palito y sugerentes palabras. Su madre, tras fijar la mirada en las oscilaciones del lápiz, lo felicitó por una gamberrada. En la Facultad, el Ogro, domesticado por el vaivén del bolígrafo, le dio matrícula. Apenas necesitó tres entrevistas con el director del bufete, apodado el Bronceador porque ennegrecía los ánimos del personal, para ser socio: le pidió que se concentrase en el rotulador y lo convirtió en su marioneta. Con el pendular de su pluma, logró la condonación de créditos billonarios, la libertad sin fianza de asesinos en serie, la absolución de caníbales. Pero encontró la horma de su zapato. Los acusadores, los demás defensores, los testigos, los periodistas alucinaron.¡€™En resumen, mi patrocinado es culpable; merece una condena ejemplar?, balbuceó cual autómata. El magistrado, moviendo rítmicamente la maza, sonrió, ladino.

     
  • Nos aplicaron delito

    Cala · Puertollano (Ciudad Real) 

    “Es disparatada esa fianza, inexistentes vuestras exhibiciones y ponerse bronceador en un aeropuerto no es denunciable. Os pediré condonación” decía nuestra abogada en un correo, tras el embarazoso resumen que le desmenuzamos: Aproximadamente a las cuatro de la tarde del viernes, la salida de nuestro vuelo acumulaba ocho horas de demora, carecíamos de información, y precisábamos viajar, mi socia y yo, ese fin de semana al Caribe. Ella se casaba allí. Por exceso de trabajo no pudo broncearse, pero deseaba lucir su níveo traje nupcial. Desesperada, desafiando lógica y conducta, se aproximó al cristal de la terminal; abrió maletas, montó sombrilla, estiró toallas, quedó en tanga, y me pidió le untara la piel desnuda con crema bronceadora. De pronto creció el silencio. Una puerta liberó policías. Se amontonaron a nuestro alrededor. Nos ficharon en comisaría. Palidecimos cuando nos aplicaron -exposición indecente y delito-; por los cuales, dicen, deberemos ser procesados.

     

     
  • Crisis económica

    MARÍA DEL CARMEN SAN MARTÍN LÓPEZ · Valladolid 

    Entre aprensiva y triste recibí del abogado de empresa el finiquito que decían me correspondía tras mis más de treinta años como limpiadora. No pude evitar preguntarle qué opinaba de la crisis. Me hizo un resumen. Llegas a casa, abres el portal y escuchas: ¿cómo va lo de Bankia? ¿Ya hay alguno en libertad bajo fianza? La prima de riesgo es el tema preferido en el ascensor, ¿qué tal la “prima” hoy? Como nosotros, subiendo… La vecina del tercero le susurra a la del cuarto cuando se despiden: …pues me han dicho que el portero anda tras una condonación de deudas… El funcionario, ante los recortes y después de darse de baja en el gimnasio, entrega a la recepcionista con resignación su carnet de socio. Y este año la moda es usar el bronceador en la era del pueblo.

     

     
  • SOCIOS

    Joaquín Valls Arnau · Barcelona 

    Este mediodía ha vuelto a llamarme desde la playa de un remoto país tropical. Mientras se aplicaba el bronceador, se ha interesado por el asunto de la condonación parcial de la deuda contraída con un banco por uno de nuestros mejores clientes, así como por la cuantiosa fianza que ayer hube de depositar para poder presentar recurso a nombre de otro. Luego, como acostumbra, me ha pedido que le hiciera un resumen de las principales novedades de la semana, tras lo cual se ha despedido informándome que le esperaba un Dry Martini. Cuando, hace tres años ya, me propuso que nos hiciéramos socios ofreciéndose a poner él el dinero, en ningún momento comentó, o yo no alcancé a comprender, que como contrapartida tenía previsto hacer seis meses de vacaciones anuales y que el trabajo lo pondría casi exclusivamente yo.

     
  • PORCA MISERIA

    Lola Sanabria García · Madrid 

    Socia, entrega el piso como condonación de la deuda, cómprate una toalla y un bronceador y vente conmigo a Benidorm, me aconsejó Pilita. Debí hacerle caso, pero estaba obsesionada con la señora de la venda en los ojos y la balanza. Era de justicia. No pueden dejarte en la calle por unos meses de impago. Pero los bancos no se andan con chiquitas. El abogado, mucho traje y corbatas de diseño, a costa de mis costillas, y no conseguía una mierda. Un revés con el palo de la fregona y el de la toga que se desnuca contra la mesa. En resumen: estoy arruinada. Ni para pagar la fianza. Por otro lado, aquí tengo asegurada la comida diaria. Usted verá, caballero, si sigue interesado en mi defensa.

     
  • Telequinesia

    Mar Suárez Sanabria · Noáin, Navarra 

    Mi hijo quiere ser malversador de caudales públicos. Se lo dijo sin pestañear a mi socio; abogado laureado en obtener tanto la condonación de deuda para un partido político como la libertad provisional con fianza para mangantes bronceados sin bronceador. Él, mi socio, me miró perplejo, mientras me hacía un resumen de los sumarios cuya defensa debíamos preparar después de nuestras merecidas vacaciones, y preguntó a mi hijo por qué razón quería dedicarse a semejante actividad. Él, mi hijo, sangre de mi sangre, le respondió: –Porque son magos. –¡¡¿Magos?!! –exclamamos conjunta y solidariamente. –Sí… –dijo–, todos dicen que mueven el dinero, que hacen desaparecer millones de euros y los hacen aparecer en paraísos fiscales. Él, mi colega y amigo, espetó: –Quid pro quo.

     

     
  • El intervalo

    Federico Sánchez Alcolea · Madrid 

    "De corta vida, pero de larga sombra" —como lo abocetaba en sus necrológicas El Matutino— mi socio —que decía no sentir nostalgia alguna por el pasado, y necesitar, a lo sumo, para sentirse vivo: “pensar en que lo mejor de la vida está aún por llegar”, pero sin querer significar con ello que anhelara llegar a tener más años que un olivo, pues según predicaba su amigo el ‘Tuerto’, tenía bien claro que era "mucho más provechoso llenar los años de vida que la vida de años"— se me presentó de mañana, blanco como el papel y con un bronceador EXTREM, más dispuesto a morirse, o tostarse al sol, que a darme lo que le llevaba yo tantos días solicitando: un resumen conciso de su postura ante el encarcelamiento de su mujer. Pero sorpresivamente, me espetó: “¡Paga rápido la fianza, Enrique, y presenta mi condonación de su deuda!”

     

     
  • TENAZ

    IV¡µN HUMANES BESPí–N · CORNELL¡µ (BARCELONA) 

    El funcionario, desde el otro lado de la reja, le conmina a despertarse. Han pagado su fianza, le dice. Ya puede ponerse bronceador si quiere disfrutar del sol de estas islas, le anima el abogado, justo al lado del funcionario, y haciendo una llamada a su socio para comunicarle la noticia. Espabile, dice el funcionario. Si quiere que le haga un resumen, le habla el abogado, el juicio penal está encarrilado, además tenemos un acuerdo de condonación de la deuda en civil, le aclara. Puede despertarse, repite el abogado. Despiértese usted, habla por fin el prisionero. Y el abogado, tenaz ante todo, prefiere soñar que gana su primer juicio.

     
  • Negocios de verano

    Laura Garrido Barrera · VITORIA-GASTEIZ (Alava) 

    Socios a partes desiguales. No importa, me dijo mi futuro socio, juntos fundaremos una firma de prestigiosos abogados y poco a poco me pagarás la deuda. Aquel primer verano trabajé de sol a sol. Ordené el papeleo atrasado, preparé varias vistas para el mes de setiembre, sudé la gota gorda en un Madrid que ardía fuego desde el asfalto, y por las noches, ella me llamaba diciéndome que me echaba de menos desde un pueblo de Zamora bastante solitario. El día 15 realicé una transferencia para pagar la fianza del alquiler del yate de mi socio, mientras éste aplicaba bronceador a mi señora sin yo saberlo. En resumen, les descubrí por el vídeo en youtube de un aficionado, y al regresar, le exigí la condonación de mi deuda. Ahora navegamos juntos al cincuenta por ciento. El se quedó con mis préstamos, mi señora y un perro al que detestaba.

     
  • PASIÓN Y DESFALCO

    Mª Belén Mateos Galán · Zaragoza 

    Solo puedo ofrecerles un breve resumen de lo que ocurrió después del desfalco. No me gustaría darles detalles frívolos de la relación esporádica con mi socio. Que sacaría contando en cuantos hoteles, camas, autos y demás lugares menos apropiados nos entregábamos el uno al otro a una pasión que ahora no viene al caso. Recuerdo que él se ofreció a extenderme el bronceador por mi piel abrasada de sol y deseo…Así empezó todo, después… la estafa. … Pero estaba tranquila, sabía que con el primer suspiro pagaría la fianza y al llegar el gemido la condonación se haría efectiva ¡Por fin seria libre de culpa! Solo podía pensar, entre jadeo y jadeo, que no sería encerrada, que ahora toda la falta caería en él... Que fácil y placentero fue inculpar a quien quiso cortejarme y seducirme. Pero no contaba con que usted, su Señoría, fuese su esposa.

     

     
  • Desesperación

    JOSE AGUSTIN NAVARRO MARTINEZ · Alicante 

    Tantas veces lo había sacado de la cárcel a cambio de onerosas fianzas, tantas veces había solicitado la condonación de sus sanciones tributarias, tantas veces había minimizado los daños colaterales que producían su vida de yates, chicas y bronceador, que decidí abandonar el bufete para siempre. Vendí mis acciones al resto de socios y sin más ni más colgué un anuncio en la panadería de mi barrio: “Se dan clases de padre. Resúmenes de apuntes. Todos los niveles”.

     

     
  • Mi socio

    David Ruiz de Agustín · MADRID 

    Una vez tuve un socio, un verdadero compañero de parrandas y vacíos existenciales. Un camarada que no regateaba a la hora de pagar la fianza, impuesta por el juez de guardía, cuando me arrestaban por conducción temeraria bajo la influencia del néctar de los dioses. Mi socio era alguien a quien elegir como padrino de tus hijos. Un tipo al que se le podía delegar la compra de trivialidades como el bronceador y el bañador para la playa, mientras yo hipotecaba mi vida con la cerveza de origen eslavo y las apuestas. Mi socio era el señor condonación, perdonaba cualquier cosa, y sobre todo, mi demencia y falta de conciencia. Al final su falta de actitud y rencor hacia mí me hicieron percatarme de que no existía. En resumen: Estoy solo, la vida sigue y esa es la verdad absoluta.

     
  • SIN MALA INTENCIí N

    JUAN MANUEL RUIZ DE ERENCHUN ASTORGA · BARCELONA 

    Aquel agosto me fui tranquilo de vacaciones. Nuestro bufete de abogados no cerraba y mi socio ofreció cubrir las guardias. Cuando llegué a mi destino, un monísimo apartamento frente al mar en un pueblecito de la costa, presentí que viviría unos días maravillosos alejado de la tensión de los Tribunales. Craso error. Mis dos vecinos de terraza eran el Juez Lafita, infatigable a la hora de desestimar mis demandas más importantes, y el Secretario Judicial Morales, siempre presto a recitar un resumen de mis fiascos. En cuanto los vi, tan rojos, quemados por el sol pero felices de tenerme emparedado entre sus fauces depredadoras, quise marcharme. Desistí al pensar que perdería la totalidad de la fianza entregada por la reserva del alojamiento. Con mi mejor sonrisa les ofrecí compartir mi bronceador protección 120 a cambio de la condonación temporal de nuestras diferencias. Me denunciaron por intento de soborno.

     
  • DETRÁS DEL BRONCEADOR

    F. Javier Franco Miguel · Almería 

    ¿Quién iba a decir mientras untaba el bronceador a aquella rubia de bote, que provocaría lo que provocó? Por una vez que me creí don Juan, ¡banalidad ilusa!, resultó ser una trampa: mi socio de bufete, deseando desembarazarse de mí al menor coste, me la metió por los ojos -¡cómo conoce mis debilidades!- para que luego me acusase de violación. Y aquí estoy ahora encerrado, mientras él se frota las manos haciendo las cuentas del Gran Capitán en nuestra mutua condonación de créditos y débitos, incluida la fianza en la cuantía que se fije, ya que por mí mismo no la podré afrontar. En resumen, sé que ha sido él, sé que él la contrató, sé que todo ha sido un complot, pero lo único que puedo demostrar es soy un abogado solterón, sexualmente apocado y débil, por muchas horas de flexo y pocas de sol.

     
  • DES-CONEXIÓN IMPOSIBLE¡¡

    ASUNCION FIEIRA BUSTO · A CORUÑA 

    Agosto. Primer día de vacaciones. Bronceador en mano me asalta una llamada a mi servicial e inoportuno móvil.¡ Mierda¡. Era mi socio. Algo no iba bien. adiós a la arena, al salitre,...¡mi intención de tostarme despreocupada, se desvanece¡¡. Acudo, fastidiada, pero llego. Me espera custodiado por guardas de seguridad. Cargos: hurto del libro titulado "El derecho al Trabajo". ¿Por qué? Le espeto con mi mirada incrédula. "El derecho al trabajo es de todos, luego este libro me pertenece"- dice sonriente. Citación al canto. Juicio Rápido: Lunes a las 9 horas. Mostramos puntualidad británica. Decepción e ingente espera. Inicio:13 horas. No hay fianza. Imponente multa. Solicito condonación. El Fiscal me reprocha, S.Sª no accede. En resumen, todos hemos ejercido nuestro derecho al trabajo y mi socio se me acerca y me susurra: "solo quería ver vuestras caras trabajando en vacaciones y, créeme que ¡ ha valido la pena¡.