Maria Navedo Saurina

Microrrelatos publicados

  • Deseo de futuro

    Se sentó en mi despacho observando con admiración mi título de abogada. Ella llegó hace unos meses, huyendo de la desigualdad y la injusticia, en busca de oportunidades. Se le iluminaron los ojos cuando me contó, con su incipiente español, que en su país no hay trabajo y que el dinero que ha ganado en el campo le servirá para ayudar a su familia. Aunque intuyo algo más tras el brillo de su mirada.
    Por eso reclama mi ayuda para tramitar un nuevo permiso. Quiere quedarse en un país donde ser mujer no es un estigma. Aquí las mujeres pueden ser abogadas, maestras o doctoras, luchan juntas para cerrar brechas y se aprende a discriminar en positivo. Pero en el contrato que firmó ya acordó su viaje de vuelta. Y ella, con los ojos aún brillantes, me asegura que el próximo año volverá de nuevo…¿a recoger fresas?

    | Marzo 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 19

  • Tardes de pesca

    Salíamos en su barca y cuando picaba algún pez lo devolvíamos al mar para respetar la diversidad que vivía en sus aguas. Nos gustaba ver atardecer hasta que el sol se ponía tras los árboles que bordeaban la playa. Los especuladores pretendían construir un hotel en medio de aquel ecosistema pero él rechazaba siempre sus ofertas: era su hogar. No olvidaré su mirada de espanto por la degradación que produjo el fuego. Los medios no respaldaron sus protestas y ninguna sentencia condenatoria compensó la barbarie ocasionada. El afán de justicia me impulsó a abogar por estas causas. Ahora se celebra el Congreso de Desarrollo Sostenible en el edificio que levantaron y por mi ventana veo su vieja barca desde la que contemplábamos otro paisaje. Los juristas aquí reunidos tenemos claro nuestro objetivo: redactar unas normas para proteger estos entornos y que el mundo escuche las voces acalladas en otros tiempos.

    | Enero 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 8

  • Vanuatu

    Aquel pueblo era un paraíso. Me escapaba hasta allí para respirar aire puro y desconectar del trabajo del bufete. Y también por nuestra habitual partida. Los lugareños, siempre amables, me esperaban ansiosos. Sin embargo, el pasado fin de semana la partida fue otra: estuvieron en una manifestación para defender sus intereses y reclamar justicia. Este año apenas ha llovido y los residuos que vierten las fábricas en el río ponen en peligro sus cultivos. El alcalde, que sujetaba con ellos la pancarta "rebelión por el clima", ejerció de portavoz ante los medios "Nuestra comunidad vive de la agricultura ecológica, tan demandada en la actualidad. Pero se necesitan cambios radicales, si no el futuro no será sostenible".
    La jornada acabó con disturbios y agradeció ver una cara amiga cuando fui a asistirle tras su detención. Nos entendimos con la mirada: eran los primeros pasos en la defensa de nuestro particular Vanuatu.

    | Octubre 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 6

  • El novelista

    Con las vacaciones anuales llegaban mis primeros síntomas de aburrimiento. Yo no era un niño activo; así que mientras él se encerraba a preparar sus pleitos, encontré en la lectura de sus viejos libros una vía de escape hacia otros mundos. De forma inconsciente fui forjando mi vocación y en cuanto dispuse de un teclado empecé a escribir mis propias historias. Nunca entendió que no siguiera sus pasos de ilustre abogado por cuyo despacho pasaron muchos rostros conocidos. Yo quería triunfar de otra manera y que nadie nos comparase.
    Ahora que ya no está, mi madre ha dispuesto la donación de todos sus libros. Entre sus códigos y recopilaciones legales encontramos alguno de mis ejemplares más vendidos. Nunca me dijo que los hubiera leído. Ojalá hubiera podido debatir con él sobre alguno de sus casos: siempre me inspiraba en ellos para mis novelas de ficción.

    | Agosto 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 12

  • La máquina de café

    Recuerdo cuando llegó la primera al despacho. Era atractiva y le buscaron la mejor ubicación. Atendía de manera eficiente nuestras peticiones aunque, a veces, la gente se agolpaba a su alrededor con un exceso de demandas. Era el lugar perfecto para intercambiar impresiones con los compañeros y razonar en Derecho sobre nuestros casos. Suponía un desafío repasar frente a ella los escritos de alegaciones al imaginar, en su reflejo, a la parte contraria. Las siguientes han experimentado alguna transformación al introducir elementos tecnológicos que las han hecho más sofisticadas. Este mes, con el cambio horario, es imprescindible en los días de vistas tempranas. La última en incorporarse, no sólo ha perfeccionado su composición suprimiendo aromas artificiales, sino que incluso habla. Me encanta oír su voz cuando dice “su bebida está lista” y ha conseguido que me tome dos antes del primer juicio del día.

    | Abril 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 5

  • Helena

    No me gustan los días de viento. Me recuerdan que ella fue la ciclogénesis de mi vida. Vivíamos en la misma comunidad y cada mañana, vestida con jeans y camisa tejana, bajaba saltando las escaleras camino de la Facultad. Cuando la oí en clase de práctica jurídica su pasión me atrajo desde la primera frase. Éramos tan distintos que quise contagiarme de su entusiasmo, y un año más tarde intentamos conciliar amor y trabajo. Ella abogaba por causas perdidas y yo aceptaba cualquier pleito para llenar la despensa. Cuando me anunció su embarazo pensé que sentaría la cabeza, pero fue el principio del fin. “No concibo la vida sin pasión” decía. He tenido una carrera tranquila pero me perdí el vértigo de vivir a su lado; ahora la reconozco en mi hija, como una nueva oportunidad, y el bufete queda en buenas manos con la entrada de aires nuevos.

    | Febrero 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 14

  • Películas que marcan

    Cada año vuelvo a disfrutar esta película con mi bolsa de palomitas. El ídolo cinematográfico de una generación entera encarnaba el papel de abogado y los detalles del crimen eran escalofriantes: víctima joven, indefensa, nocturnidad y alevosía. Los acusados alegaron acatar órdenes y su inquebrantable lealtad complicaba la defensa dentro de un estamento tan rígido. Pese al riesgo de perder sus galones le estimulaba que se hiciera justicia. Citó al presunto cerebro como testigo y éste acudió orgulloso luciendo su uniforme, convencido de que hasta el aroma de su loción les atemorizaría desde el estrado. Él era un rey para su tropa y un abogado principiante no iba a destronarle. Pero el interrogatorio, inteligente y trabajado, consiguió desatar su rabia y arrancarle una confesión imprevista cuando respondió a la pregunta clave “¿Ordenó usted un Código rojo?” Fue su alegato el que nos convenció que todavía existen “algunos hombres buenos”.

    | Enero 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 4

  • Juicios de valor

    La ola de calor me pilló en el juzgado instruyendo los últimos expedientes de mi carrera junto a Elisa, mi leal colaboradora; ella hacía todo más fácil, desde la adopción de una medida cautelar a la redacción del auto más complejo. Siempre me amó en secreto pero nunca nos confesamos estas emociones. Cuando anuncié a mis hijos que este verano no les acompañaría a la costa, tuve que oír todo un glosario de reproches que me dejaron helado “eres ya mayor, papá...por respeto a la memoria de mamá”. Después de una vida dedicada a administrar justicia creía tener derecho a un juicio más justo. Está claro que ya pasaron los tiempos en que era su héroe y que éste será mi último caso para sentenciar: tras la primera pesada, la balanza se inclina hacia el lado del corazón, el que me dice que sea feliz junto a ella.

    | Agosto 2018
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 4

  • Mi alumna tenaz

    Siempre dijo que estudiaría Derecho a pesar de la oposición paterna que le replicaba en un idioma distinto . “Eso no es cosa de mujeres” le increpaban tras censurar sus razones. La veía imitar en el patio del colegio a aquellos abogados de las series de la tele que devoraba, mientras las demás calzaban tacones y volantes con el sueño de ponerse un anillo en el dedo. Quería abogar por los de su raza, casi siempre viviendo al margen, en el límite de la legalidad. Por eso le pagué la matrícula y firmé el albarán del temario para estudiar a distancia; tuvo que compaginarlo con las tareas domésticas y trabajos a tiempo parcial. Muchas horas de estudio robadas al sueño a la luz de una candela...pero hoy recoge su merecido título. Será la primera abogada de su estirpe, orgullosa de ser mujer y gitana.

    | Junio 2018
     Participante
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