Esperanza Tirado Jiménez

Microrrelatos publicados

  • Viejos, nuevos tiempos

    Estimados colegas:

    He de comunicar una mala noticia a través de este moderno mensaje, en el que sin mi letra apenas me reconozco.
    Hemos llegado a un punto sin retorno en esta nuestra bendita profesión. De tal modo que la competencia a través de las redes se impone de manera feroz al tradicional cara a cara cliente-abogado. Qué tiempos aquellos en que la visita a un bufete era considerada una ceremonia casi sagrada.

    Tras un exhaustivo análisis de la situación, desde Dirección, los socios de mayor edad hemos decidido dejar por escrito nuestros informes y memorias, guardados y sellados dentro de una urna.
    Y de aquí a unos años, cuando nosotros faltemos, los jóvenes que se incorporen a la profesión podrán informarse sobre cómo se practicaba este noble arte de la Justicia en unos tiempos remotos, aunque no demasiado.

    Amigos, la otra Experiencia, la virtual, se nos lleva por delante.

    | Mayo 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 9

  • Bon Appetit

    Se cogen dos tomos de Derecho Romano, tres cuartas partes de leyes autonómicas, un código penal bien tamizado y se añade una pizca de real decreto ley. Esta receta es todo un desafío porque, a la mínima que la temperatura falle, el resultado es algo totalmente artificial e incomible.

    Para una transformación real y eficiente de la mezcla debemos tener un poco de paciencia a la hora de aplicar la receta adecuada. Pues si nos basamos en la composición de las Siete Partidas el producto tal vez resulte algo duro de digerir para los paladares actuales.

    Sin embargo, si añadimos unas gotas de consenso, un código civil actualizado y tres ó cuatro pactos bien firmados, y esperamos a que la masa leve el tiempo adecuado, obtendremos un producto de gran calidad.

    Solo hay que darle el punto justo de innovación.

    | Abril 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 3

  • Android_Reo 2.0

    “No espere al futuro. Llegará y se irá antes de que se de cuenta”.

    Con ese lema en mente los asistentes entraban algo recelosos al congreso. Stands llenos de macropantallas con anuncios luminosos, en los que aparecían robots actuando en todo tipo de funciones legales, llenaban sus ojos.

    Algunos temían que tanta innovación en el mundo de la abogacía les mandara a las colas del paro. Los más románticos se seguían apegando al eco que dejaba en la sala el mazo de madera al ser golpeado. A otros se les hacía imposible imaginar a uno de esos aparatos metálicos revestido de toga, con mirada láser de pega, dictando sentencia.

    Pocos se atrevían a expresar en voz alta una idea loca. Quizás se vería más clara toda la sinergia transformadora ofrecida si en el evento se incluyeran androides, desviados sus circuitos de su función legal, haciendo las veces de reo.

    | Marzo 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 1

  • En camisa de once varas

    Aún guardo con cariño la camisa que me regalaron en la fábrica. Ya no me entra, tantos años y tantos kilos después…

    Fue un pleito complicado de conciliar. Mi cabeza estaba con la ley pero mi corazón me decía que aquellas mujeres, que se dejaban la vida entre ruidosas máquinas de coser, tenían razón en su intento de proteger el pan de sus hijos.

    De un día para otro el viento a favor empezó a volverse en contra. Las máquinas callaron. Pero ellas no. Lograron entrar de noche en la fábrica y la 'okuparon'. Eran una comunidad unida en la adversidad.
    El dueño las denunció, claro. Y en los juzgados nos encontramos todos. Cuando me enteré de que era yo el encargado de poner ley y orden no me llegaba la camisa al cuello.

    Hoy, las camisas, las máquinas, mi sentencia y quizá yo mismo somos vetustas piezas de museo.

    | Febrero 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 5

  • Final de ciclo

    A veces me siento preso, ahogado por un vacío infinito a mi alrededor. Y doy vueltas en mi sillón, delante del estrado, queriendo escapar. Hay días en que estoy hasta más allá de las puñetas de escuchar declaraciones, de sentenciar y mandar redactar informes que nadie leerá; que acabarán dando vueltas por las estanterías del juzgado hasta que algún documento se traspapele y ya no sirvan.

    Me pesan los años, la carrera, la toga… Hasta el mazo parece el Martillo de Thor cuando doy por finalizada alguna sesión.

    En ocasiones sueño que me despido y me voy volando con mi toga extendida al viento para liberarme. Sin esperar papeleos ni homenajes con tartas de crema y cava barato. Porque el fin de una carrera no la dicta la cifra de tu nacimiento, ni las estadísticas, ni un informe ambiguo.

    El momento de renovación vital llega sin notificación previa sellada.

    | Mayo 2018
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 13

  • Roja directa

    Todos somos iguales ante la ley, se dice siempre. Pero, a la hora de conciliar horario laboral y familiar, la barrera se coloca en la puerta de la cocina.
    Mi marido, abogado con muchos años de ejercicio profesional, siente un pánico atroz ante la visión de ‘nuestro’ carrito de la compra. Y ya no le hablen de distinguir un tomate de una berenjena o de cocer unos macarrones al dente.
    Eso sí, cada vez que tiene oportunidad, se saca del bolsillo interior de la chaqueta unas tarjetas con resúmenes de todas las leyes de género promulgadas. Y presume, ante amigos y conocidos, de lo correctísimamente que aplica lo establecido en ellas en todos los casos que le son asignados en su juzgado.
    Pero hay veces que, cuando llega tarde a casa, es a mí a quien le gustaría sacar otras tarjetas. Dos amarillas. O una roja directa.

    | Octubre 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 13

  • Empezar a volver

    Después del verano es imprescindible una buena puesta a punto. Nuestros conocimientos están un poco oxidados debido al salitre del mar. Así que hay que reparar los ocasionales daños producidos por las vacaciones de un modo rápido y efectivo.

    La guía básica del bufete aconseja llevar la toga puesta durante unos cuantos días en casa antes de ejercer de nuevo.
    También hay que repasar la Constitución Española. Para comprobar que todo sigue en su sitio; a pesar de que, según los telediarios estivales, algunos se la salten a la torera, día sí, día también.
    Y algo fundamental: realizar un careo con uno mismo. Situándonos frente a un espejo y mirándonos a la cara, expondremos las razones por las que llegamos a esta bendita profesión nuestra.

    Repitiendo los pasos las veces que sea necesario hasta que nuestro discurso suene bien articulado. De lo contrario, seremos nuestra peor defensa.

    | Septiembre 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 9

  • Suena un runrun

    Suena un runrun de conversaciones provocado por el numeroso público congregado en la sala, debido al poder mediático del acusado principal.

    El juez entra. A un golpe de maza el runrun parece disiparse.

    –Buenos días, señores. Disculpen la premura con que han sido citados. Ha habido una pequeña confusión del sistema informático... Abogado, su turno.

    –Gracias, Señoría. Verá, mi defendido se declara inocente de todos los cargos que...

    –¿Y los billetes numerados correlativos, encontrados en los baños de su despacho? –Interrumpe el fiscal.

    El runrun vuelve.

    –Señoría, a mi cliente no le consta que en el argumentario de las reuniones, mantenidas con sus asociados, se hiciera mención a esos...

    –Pero... ¿A quién pretende engañar? ¡Será mentecato!

    –¡Vaya manera tan absurda de litigar! –El juez grita por encima del runrun– ¡Que no estamos en una serie americana! ¡Silencio en la sala!

    A otro golpe de maza el runrun, por fin, cesa.

    | Abril 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 4

  • Todo por un sueño

    –Papá, ¿Qué es un refugiado?

    La pregunta de mi hijo me pilló totalmente desprevenido. Repasaba informes en el despachito de la casa de campo, aunque ya estábamos de vacaciones.

    –Pues... verás. Es una persona que necesita ayuda en otro país, porque en el suyo no se la dan.

    Mi respuesta no pareció convencerlo del todo.

    –Entonces ¿Nosotros que somos de otro país, podemos ayudarles?
    –Esa es la idea, hijo. Que nos ayudemos todos.
    –Entonces... –mi hijo era incansable– ¿Por qué algunos países no ayudan y ponen alambradas?
    –No lo sé, hijo. A veces en otros lugares hacen cosas que no entendemos.
    –Cuando yo sea abogado, ganaré mucho dinero, ayudaré a todos los refugiados que lo necesiten. Y mandaré buscar a todos los que se caigan al mar.

    Abracé a mi hijo, emocionado. Yo también tuve, alguna vez, un pensamiento inocente que me llevó a soñar con ejercer esta profesión.

    | Junio 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 1