V Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

Morir con la toga puesta

José Alberto Barrera Marchessi · MADRID 

El ocaso de mi abuelo como abogado comenzó a los ochenta y un años. Tras años de titularidad ininterrumpida como único accionista del despacho me cedió su asiento en los estrados cuando cumplí los veinticinco años. No pasaba vistas pero conmigo al lado seguía ejerciendo la abogacía como ocupación preferente, la cual amaba mimándola con sus impecables aforismos y su trabajada prosa forense sin gerundios. Aunque ya no iba enlutado a los tribunales y superaba con creces la edad de jubilación, no tuvo empacho en aprenderse la nueva L.E.C., minutar en euros y comenzar a responder consultas por Internet. Nadie le creía tan viejo con ese serio porte profesional sólo atenuado por una fina sorna andaluza con la que fustigaba literariamente los desatinos de los contrarios para jolgorio del juez. Así murió, a los noventa y uno, como colegiado ejerciente, dejándome sus escritos, los muebles y los libros del despacho.

 

Relatos seleccionados

  • Como los árboles del río

    Jose Manuel Sanchez Garcia · Zaragoza 

    El estrado enfrente, cerca y enfundado yo en la toga negra de mi titularidad, que todavía es como si no me perteneciera. Abogado, como quiso el abuelo antes del ocaso hacia la muerte. Casos ganados, algún prestigio con poco jolgorio, porque el prestigio nunca es mucho si se pretende ser accionista del futuro. Primer caso complicado: líos familiares, con hijos, propiedades y un perro de por medio. Preferiría otra cosa. El abuelo Paco, que era en el pueblo viejo como los árboles del río, y sabio... como los árboles del río. Quiso que estudiara, porque me veía ganando pleitos de alto copete. Estrado, toga, vacío en el estómagoí¯. Siento que desde algún lugar preferente me observa, bastón en mano y pitillo en los labios. "¡Habla tú hoy por mí! -le grito desde mi silencio-. ¡Este caso lo vas a ganar!"

     
  • QUIEN TUVO RETUVO

    Sagrario Loinaz Huarte · Madrid 

    En el ocaso de su vida Don Laureano, abogado y accionista de una empresa familiar, perdió la titularidad cuando unos hombres vestidos de blanco se lo llevaron. Desde entonces, ocupa el lugar preferente cuando después de comer escucha las quejas de sus compañeros que se arremolinan junto a él. Entre el jolgorio de los internos y las caras de asombro de sus cuidadores, Don Laureano toma buena nota: …me apagan la luz muy pronto… el agua de la ducha sale muy fría… las sábanas están muy ásperas… Acto seguido entrega los apuntes al director. -Muy bien Don Laureano, tomaré cartas en el asunto. Laureano, que dedicó toda su vida a la justicia, regresa feliz junto a sus compañeros. Siempre dijo que los locos también necesitan un abogado. ¿…?

     
  • Cosas de casa

    Pablo Silveira Alfaya · Vigo 

    ¡¡Por fin viernes¡¡otra semana termina después de incesantes horas frente a montañas de papeles. Los de las preferentes ya han terminado su jolgorio cotidiano, no sin antes haberse acordado de la madre de algún accionista mayoritario; ahora empieza el mío. Llego al bar de las horas muertas; cerveza, amigos y una duda razonable sobre la titularidad de ese cuerpo que asoma al final de la barra. Un colega se acerca y me dice, ¿no la reconoces?? es la jueza del nº 3. En ese preciso instante sale a fumar un cigarrillo. Me crezco como la noche a la llegada del ocaso y sin titubear me acerco y le digo; con la venia señoría, esta noche exijo un trato preferente. Su respuesta no pudo ser más contundente, cariño, termínate la cerveza que mañana comemos con mis padres. ¡¡Ya sabía yo que me había llevado trabajo para casa¡¡

     
  • Informática Forense

    Manuel Montesinos Moreno · San Agustín de Guadalix-Madrid 

    Casi en el ocaso de mi carrera profesional se presentó en mi despacho el accionista de una de las mayores empresas del país. -Se acabó la fiesta y el jolgorio-me dijo, mientras se acomodaba en la silla. Este caso, a partir de ahora, tendrá carácter preferente para usted.-Y me puso sobre la mesa una memoria usb con el logo del partido. -Ahí dentro, está capturada la evidencia del delito. Pura cirugía informática. Hemos entrado hasta la cocina.-prosiguió-Ha sido extraída la información donde se demuestra la titularidad compartida de la cuenta bancaria con los más sonados líderes de la cúpula del gobierno. Y ya, de paso, hemos detectado conexiones ilícitas con la mafia internacional y con representantes de Comunidades Autónomas. Todo está ahí. Y nada de ir a la policía. -¡¨Pero, cómo puedo ayudarle?-Le pregunté perplejo. -Ganando el pleito que el PC nos ha puesto por allanamiento de morada.

     
  • Abogaaado

    Juan Pedro Ortega Sánchez · Madrid 

    Entre copa y copa, trataba de explicarle la diferencia entre una acción y una preferente. –Comprar ésta no te convierte en accionista. El tipo asentía y balbuceaba. –Así… que… no… pue… pue… ¿Quién diablos era mi compañero de barra? ¿Por qué me había preguntado sobre la titularidad de acciones? ¿Qué hacía hablándole a un borracho anónimo? La noche estaba llegando a su ocaso y era tiempo de retirarme a dormir la mona. De repente escuché una voz detrás de mí: –Abogaaado, abogaaado. Me di la vuelta pero no vi a nadie. –Abogaaado, abogaaado. Aquella voz me resultaba familiar. Era… No, no podía ser. –Abogaaado. Decidí que ya había tenido bastante jolgorio por una noche. Beber es para abogados penalistas, y hacía años que yo había dejado de serlo. Cuando salí a la calle me sobresaltó el frío de la noche, aunque no tanto como esa sombra que me seguía. –Abogaaado.

     
  • Despacho con alma

    Monica Vielba Serrano · Valladolid 

    Mi despacho tenía alma. Me controlaba. Dirigía mi vida, aunque la titularidad fuera mía. Me boicoteaba. Cuando quería que perdiera un juicio, los libros cambiaban de sitio y los expedientes desaparecían. Me advertía de sus intenciones. Oía susurros continuamente. Un día, con un cliente accionista de unas preferentes, la silla se movió ante nuestros ojos. No volvió. Otro día, estudiando un homicidio, los documentos comenzaron a volar, perdí el juicio. Jugaba al ajedrez conmigo. Controlaba mis procedimientos y su resultado. Siempre iba un paso por delante. Esto tenía que terminar. Decidí cambiar de despacho tras una noche de jolgorio. Moví ficha. Ayer firmé el contrato del nuevo bufete. Nadie lo sabía. Esta mañana me llamó la policía, mi oficina ardió en el ocaso la noche. Se desconoce el origen del incendio. Todo estaba calcinado. Desolado entré en el despacho y leí atónito en la pared: “Jaque mate”…

     
  • El pompero

    Alejandro Mateos Rodrigo · Tomelloso (Ciudad Real) 

    La especulación es un círculo vicioso bajo cuya cúpula se disfruta del jolgorio del dinero fácil que atrae cada vez a más y más incautos. Yo les advierto pero no puedo más que ver cómo se separa el grano de la paja. Más tarde, cuando está cerca su ocaso, me acerco con compasión hasta la ahora finísima superficie de la burbuja, y como si fuera una pompa de jabón, la rozo suavemente para poder liberarlos de ese tórrido aire viciado que les asfixia. Entonces se me llena el despacho de ingenuos accionistas, ahorradores estafados por las preferentes o nuevos ricos, ahora arruinados, pidiendo un rápido cambio de titularidad de sus propiedades en un desesperado intento de rescatar sus ficticias posesiones de las fauces de ese agujero negro llamado crisis. Qué ingrata es la profesión de abogado economista.

     
  • Una habitación con vistas

    Arantza Portabales Santomé · Teo- A Coruña 

    Desde la ventana de mi celda veo las nubes fragmentándose, dibujando un ocaso insólito. Aspiro la belleza naranja que dibuja el horizonte.
    Un crepúsculo más. Un día menos.
    Parece increíble que hayan pasado tres años. Me llaman el asesino de las preferentes. Héroe o villano, tan sólo soy un hombre al que le robaron todo. El dinero. La titularidad del piso. La dignidad.
    Por eso cuando se conoció la sentencia, mientras los abogados de la entidad financiera la celebraban con un jolgorio indecente, me colé en la central y disparé a bocajarro a los principales accionistas del banco.
    Ahora estudio Derecho. Soy un hombre paciente. Descuento cada día del calendario, esperando el momento en que seré libre de nuevo y me convertiré en uno de ellos.
    Entraré en el colegio de abogados por la puerta grande.
    Y vuelta a empezar.
    No importa.
    Desde esta ventana, es hermoso el atardecer.

     
  • La comida

    Fernando Fernández Fanjul · Madrid 

    Celebrando tras la vista de un proceso agotador el ocaso del deudor, el simpático accionista del bufete ganador invitó al personal a comer con el fiscal en un céntrico asador y diciéndole ¿que tal? el incauto camarero le contesta rabanero con jolgorio el comensal; si la sopa del primero estuviera solamente como el vino de caliente no pondría ningún pero, estimando preferente sonreírle con gracejo, y si el vino fuera viejo, veterano simplemente, resabiado y tan añejo como el pollo nauseabundo presentado de segundo sin vergüenza ni complejo jalearía por el mundo excelencias de ese caldo, y si aquel pollo de saldo despreciado por inmundo, sin sustancia ni respaldo, de pechugas anduviera como aquella camarera natural de Baracaldo y escotada de bandera otro gallo cantaría, diariamente volvería impaciente por la espera del almuerzo cada día y encantado en realidad con la titularidad de este bar no pleitearía.

     
  • EL MEJOR LETRADO

    JUAN MANUEL RUIZ DE ERENCHUN ASTORGA · Barcelona 

    Llevaba demasiadas semanas preparando la complicada demanda contra los accionistas de una armadora de pesca transoceánica. Extenuado, decidí acercarme a la lonja del puerto, a ver si con el jolgorio del mercado conseguía despejar mi mente. En una de las paradas, oí una voz que me saludaba. “Don Melquíades, comentaban las compañeras lo excelente abogado que es”. Miré a mi alrededor; no había nadie. Sólo varios cajones del pesquero Ocaso. Arriba unas langostas movían antenas y boca. “Desearíamos concertar cita. Hemos perdido mucho dinero con la titularidad de preferentes”. No podía creerlo. Aquellos crustáceos estaban hablando, explicándome sus problemas. De una patada tumbé la columna, chillando me dejaran tranquilo. Continué pisoteando cajas hasta que apareció una ambulancia. Una merluza comentó a los enfermeros me había vuelto loco. Se me llevaron antes de replicarle. Podía perder la razón pero nunca el juicio. Por algo era el mejor letrado.

     
  • INFORME FAVORABLE

    CAMPE LA PALMA · Santa Cruz de La Palma 

    En el ocaso, el debate por la titularidad del mandato constitucional de juzgar y ejecutar de forma preferente entre el poder judicial, (Juez) y la influencia en esa decisión del poder ejecutivo, (Fiscal).
    La llave para conceder desde la generalidad del derecho con quién tendrá que compartir ahora el menor su vida de por sí ya lastrada se deja en el regazo salomónico de un tercero.
    Existen alternativas debatibles por nuestros tres poderes para impulsar proyectos como el nuestro y convertir al menor en accionista, con derecho preferente, a la titularidad del informe favorable.
    Sabemos la adversidad del espacio trillado en el que nos vamos a meter, pero nos vamos a dejar la piel para que cada ocaso tenga su orto.
    Haremos valer que existen vías alternativas al informe favorable, pero sin jolgorio ni gritos, ¡perderíamos nuestra esencia!
    Centro de Asesoramiento, Mediación y Punto de Encuentro La Palma.

     
  • Mi mejor juez

    José Ignacio Juárez Chicote · Madrid 

    Tenía acceso preferente al Juez, que era mi padre. Yo era un accionista minoritario que siempre entendió la vida -nuestra posición social, el peso de nuestro apellido...- como una especie de jolgorio que no tenía fin. Y así me había ido, y así me iba. Según lo veía, mi padre -y el suyo, y mi bisabuelo, y...- sólo se preocuparon de mantener las apariencias. Estaba convencido de que la titularidad del derecho a la diversión se le daba a los alegres como yo. Y sin embargo unas leyes injustas me condenan a la pena de banquillo, con agravante de patria potestad. Sin saber que hacer, desafié a mi padre-juez con la mirada. En sus ojos, en el ocaso de su vida, vi la pena del fracaso de su hijo. Me condenó y me absolvió. Desde entonces no vivo en paz.

     
  • DIÁLOGO DE BESUGOS

    ESTEBAN TORRES SAGRA · ÚBEDA (JAÉN) 

    '-¡Buenaaaas, vengo a recoger la demanda! - La demanda de servicios, supongo. -¿Servicios? Yo generalmente trato con civiles. -¿Guardias? -En las guardias son preferentes las penales. -Perdone señorita pero no entiendo qué demanda. -¡Qué voy a deman

     
  • Mi abuelo

    Remedios Mondejar Pedreño · Madrid 

    Mi abuelo es la persona que más quiero. Me recoge del colegio, me ayuda con los deberes, juega conmigo, y me cuenta muchas historias. Mi abuelo fue accionista; no sé muy bien que es pero parecía un señor importante, con su traje y su corbata y le veía muy poco. Dice mi padre que tras el jolgorio de las preferentes ahora, en el ocaso de su vida el abuelo no tiene donde vivir, ni dónde comer, por eso vive en nuestra casa. Mi padre me ha explicado que el banco que tiene su dinero, lo perdió y ahora ha perdido la titularidad de su casa. Estoy aprendiendo muchas palabras nuevas pero ninguna me gusta porque hacen que mi abuelo se sienta triste, solo y yo lo que quiero es que sea feliz. Por eso yo le cuido a él aunque parezca que es él el que me cuida a mí.

     
  • Sor Pilar

    PILAR GARCíA LUQUE · SEVILLA 

    En el despacho la llamaban sor Pilar, era una joven pasante que aún creía en las personas. Claire cumplía condena por posesión de drogas, no en un jolgorio, pasaba hachís desde Marruecos. Les costaba comunicarse, el idioma preferente era el inglés, le llevó algo de ropa y algo de consuelo. Cuando salió no tenía a dónde ir, la alojó en su casa, la titularidad era de sus padres, aún no se había independizado. Lo primero que hizo al llegar fue pedir permiso a su madre para darse un baño y, lo segundo, pedir dinero a su padre, para darse una oportunidad. Un día recibieron una carta, contenía un billete y un mensaje: “Giving is the best communication”. En el ocaso de mi vida, sigue siendo mi lema, ya no soy una joven pasante pero aún sigo creyendo en las personas, accionista del mayor capital existente en el mundo, el humano.

     
  • Computador Gamma

    Daniel Aznar Alonso · BARCELONA 

    Me contaron que en el siglo XXI aún las personas se encargaban de la defensa, acusación y sentencias de los procesos judiciales. Se les llamaba abogados y jueces, creo recordar. Debía ser un verdadero jolgorio. Ahora, dos siglos después, todo es diferente. El computador Gamma, cuya titularidad es del Ente Estatal, hace las funciones de administración de justicia, mientras que la llamada “red de ciudadanos preferentes”, que incluye a toda la sociedad que pasa los controles psicotécnicos pertinentes, procesamos a cualquier persona que queramos y votamos las sentencias. Si hay una condena, funcionamos como accionistas de la misma, haciéndola cotizar al alza o a la baja. Todos recordamos ahora cuando, hace tres años, en el fatídico “día el ocaso”, nos acusamos y condenamos todos entre todos a un día de prisión, y el pánico nos hizo elevar la cotización de la pena a doce años. Quizá el sistema esté fallando.

     
  • Fin de fiesta

    Eva María Cardona · Ibiza (Islas Baleares) 

    Me despedí del modesto bufete familiar para unirme a una multinacional. Me sedujeron con la promesa, cumplida, de acceder a la titularidad del mejor equipo de juristas de la más próspera empresa del sector; y convertirme en accionista. Mantuve un estatus de empleado preferente y privilegiado. Empeñé mi ilusión y mi tiempo, que ya casi nunca era libre. Lo ocupaban arduas negociaciones y grandes contratos. Altas finanzas. Gané dinero y cierto prestigio. Pero la crisis acabó con el jolgorio consumista y la fiesta inmobiliaria. Y trajo el ocaso de mi fulgurante carrera como letrado asesor de aquella compañía que prescindió de mis servicios sin miramientos, sin agradecimiento ni fiesta de despedida. He regresado al bufete familiar, al turno de oficio, a los desahucios, juicios monitorios y reclamaciones de cantidad, a escuchar a clientes con problemas. He vuelto a la realidad.

     
  • RECETA

    Jordi de Domingo Miquel · Quart (Girona) 

    Del jolgorio al ocaso en segundos: todos los accionistas de Farmahappy S.A. presentes en la fiesta quedaron petrificados al escuchar, en la televisión de plasma que presidía la sala, que su producto estrella, el medicamento Antirremordimentia, sería retirado de la circulación. Aunque no ostentara la titularidad del caso, el juez que llevaba la instrucción se mostraba implacable. Los estudios (no concluyentes) sobre la ceguera que provocaba a largo plazo dicho producto, ahora que habían salido a la luz, parecían haberlo exacerbado. Tampoco debía haber ayudado cierto pseudochiste privado sobre maletines, carreras políticas... Aquello iba a ser más sonado que Bárcenas y las preferentes juntos. En un momento, arruinados en liquidez y reputación. Y si se demostraba que sabían de antemano lo de la invidencia, sus lustrosas americanas devendrían pijamas de rayas... - Nos condenarán –sentenció el presidente. - ¿ Qué hacemos...? - Guárdense una pastilla para después del veredicto.

     
  • La cuenta atrás

    Teresa Reina Aguilar · MÁLAGA 

    Ese día, primero de su jubilación, pensaba que su vida empezaba a subir la cuesta del ocaso. Entrar en su casa sabiendo que no tendría que salir a la mañana siguiente era una novedad angustiosa. Unos niños jugaban en el cercano parque ajenos a los pensamientos del abatido hombre. El jolgorio del parque, de la vida incipiente en otros le era insoportable. Poco a poco se iba despojando de su carga, primero dejó de ser trabajador, luego dejó de ser accionista y el más antiguo del despacho. Ahora, perdido, sabía que lo preferente en su vida a partir de ahora era aprender a vivir de otra manera. Ya no era el temido “Don Fernando”, era simplemente un jubilado, así sin más, despojado de todo boato y titularidad. Era un jubilado que aún caminaba erguido, pero que sabía que pronto sería para los demás simplemente un viejo.

     
  • Juicios paralelos

    Carlota Alonso Rodríguez · Las Rozas (Madrid) 

    Cuando la película terminó, sintió un enorme desasosiego ante la historia que sus ojos acababan de presenciar. Siempre que veía algún filme norteamericano sobre aquellos juicios épicos, la misma sensación se apoderaba de él. Los abogados protagonistas eran de una belleza extraordinaria y de una extrema agresividad, su verborrea innata era capaz de deslumbrar al jurado más hermético, y sus argumentos irrebatibles siempre conseguían salvar el honor de algún accionista mayoritario entrado en carnes y años, cuyo imperio se encontraba ya en un ocaso irreparable. Eso sí, el metraje acababa con un impresionante jolgorio?Unos copazos para celebrar la victoria jamás faltaban, ni tampoco una rubia arrebatadora. Ahora le tocaba olvidar por un rato el sueño americano, la titularidad de su cliente sobre una preferente de Bankia le esperaba sobre la mesa. A él, que siempre quiso ir a L.A.

     
  • DA IGUAL PERDER

    F. Javier Franco Miguel. · ALMERíA 

    ¡Fatal contrariedad! El ocaso de mi vida comenzó con un jolgorio, en el cóctel que siguió a la junta de accionistas del bufete. La titularidad de mi acción daba únicamente derecho a un voto, pero mi voto era decisorio, porque en aquella junta las posiciones mayoritarias estaban igualadas. Así, sin saber cómo, me había convertido en un socio preferente, y me decanté por la dádiva más apetitosa. Entre copa y copa iba a cobrar mi comisión. La comisión era rubia, de ojos gatunos, cuerpo estilizado y sensual. En la habitación del hotel, alejados del bullicio del disco-pub, acabó mi recuerdo. Desperté con la llamada de la policía judicial, abrí y sobre la mesilla un sobre delataba la aceptación del soborno, en un medio de pago que no era el pactado. Me traicionó mi propio pagador: “da igual perder, pero no nos podemos fiar de quien se vende tan fácilmente”.

     
  • COCIDITO MADRILEÑO

    ISABEL AJAMIL ARRIETA · MADRID 

    Desde la puerta de la cocina, Peláez, cocinero a un mes de jubilarse, observaba taciturno el animado jolgorio de la mesa 12 entre Fortunato, director bancario, y Justino, el abogado que le llevó aquel asunto de las tierras expropiadas por el AVE que diezmó el patrimonio de sus padres agricultores. El chico le caía bien, aunque la irrisoria indemnización no cubrió la nostalgia de Peláez por sus campos. Ayer Fortunato zanjó sobre las inversiones que Peláez realizó aconsejado por Justino para el ocaso de sus días:“mire, es el riesgo del accionista.... Y de las preferentes... ¿qué espera?, la titularidad es suya,.... aquí está su firma. Si Ud no es capaz de entender lo que compra venga con su abogado” . Peláez musitó mirando hacia la 12, “¡claro que nos vamos a encontrar!”..., calculando el tiempo que precisaría la toxina botulínica en el cocido madrileño que los tres habían compartido.

     
  • JUSTICIA ROBOTIZADA

    Angel Tormes Alberdi · Donostia-San Sebastián 

    Tras imponer el pago de la tasa, impedir el recurso de muchas sentencias o reducir el número de jueces y juzgados, llegó la privatización. La titularidad de la justicia pasó a manos de accionistas ávidos de lucro y, con tal objetivo preferente, acordaron robotizar el servicio acabando con la impericia, ineficacia e inutilidad de abogados o jueces que se limitaban a encarecer y entorpecer algo tan simple como la aplicación de la ley. El jolgorio inicial por las sentencias baratas en menos de siete días se fue desvaneciendo poco a poco como las alargadas sombras del ocaso, cuando en respuesta a una petición de divorcio por la desaparición del primitivo afecto marital, se obtenía la declaración de fallecimiento de D. Primitivo Afecto Marital, por su desaparición, instada por D. Divorcio.

     
  • EL TESTAMENTO

    Ángel Silvelo Gabriel · Madrid 

    Cuando acabe el invierno se habrán terminado el jolgorio y las risas. El eco del tiempo, pienso, es como un pergamino repleto de letras, en el que las vistas, los pleitos y los recursos que forman parte de la titularidad de mi vida, son el mayor accionista de una empresa que siempre miró por el interés del cliente o el grado de satisfacción de mis jefes. A pesar de todo, creí atravesar el umbral de la gloria el día que me hicieron socio preferente del bufete. Sin embargo, a partir de ese momento comenzó el ocaso de mi vida, porque me perdí en una especie de laberinto sin salida. Me olvidé de todo, incluso de mí mismo, hasta que el sabio paso del tiempo me hizo ser consciente de mi fracaso. Al hacer testamento, sólo incluí ocho palabras en él: intenté ser un buen abogado, eso es todo.

     

     
  • EL MEJOR LETRADO

    JUAN MANUEL RUIZ DE ERENCHUN ASTORGA · BARCELONA 

    Llevaba demasiadas semanas preparando la complicada demanda contra los accionistas de una armadora de pesca transoceánica. Extenuado, decidí acercarme a la lonja del puerto, a ver si con el jolgorio del mercado conseguía despejar mi mente. En una de las paradas, oí una voz que me saludaba. “Don Melquíades, comentaban las compañeras lo excelente abogado que es”. Miré a mi alrededor; no había nadie. Sólo varios cajones del pesquero Ocaso. Arriba unas langostas movían antenas y boca. “Desearíamos concertar cita. Hemos perdido mucho dinero con la titularidad de preferentes”. No podía creerlo. Aquellos crustáceos estaban hablando, explicándome sus problemas. De una patada tumbé la columna, chillando me dejaran tranquilo. Continué pisoteando cajas hasta que apareció una ambulancia. Una merluza comentó a los enfermeros me había vuelto loco. Se me llevaron antes de replicarle. Podía perder la razón pero nunca el juicio. Por algo era el mejor letrado.