EL MEJOR LETRADO

JUAN MANUEL RUIZ DE ERENCHUN ASTORGA · BARCELONA 

Llevaba demasiadas semanas preparando la complicada demanda contra los accionistas de una armadora de pesca transoceánica. Extenuado, decidí acercarme a la lonja del puerto, a ver si con el jolgorio del mercado conseguía despejar mi mente. En una de las paradas, oí una voz que me saludaba. “Don Melquíades, comentaban las compañeras lo excelente abogado que es”. Miré a mi alrededor; no había nadie. Sólo varios cajones del pesquero Ocaso. Arriba unas langostas movían antenas y boca. “Desearíamos concertar cita. Hemos perdido mucho dinero con la titularidad de preferentes”. No podía creerlo. Aquellos crustáceos estaban hablando, explicándome sus problemas. De una patada tumbé la columna, chillando me dejaran tranquilo. Continué pisoteando cajas hasta que apareció una ambulancia. Una merluza comentó a los enfermeros me había vuelto loco. Se me llevaron antes de replicarle. Podía perder la razón pero nunca el juicio. Por algo era el mejor letrado.

 

 

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