La comida

Fernando Fernández Fanjul · Madrid 

Celebrando tras la vista de un proceso agotador el ocaso del deudor, el simpático accionista del bufete ganador invitó al personal a comer con el fiscal en un céntrico asador y diciéndole ¿que tal? el incauto camarero le contesta rabanero con jolgorio el comensal; si la sopa del primero estuviera solamente como el vino de caliente no pondría ningún pero, estimando preferente sonreírle con gracejo, y si el vino fuera viejo, veterano simplemente, resabiado y tan añejo como el pollo nauseabundo presentado de segundo sin vergüenza ni complejo jalearía por el mundo excelencias de ese caldo, y si aquel pollo de saldo despreciado por inmundo, sin sustancia ni respaldo, de pechugas anduviera como aquella camarera natural de Baracaldo y escotada de bandera otro gallo cantaría, diariamente volvería impaciente por la espera del almuerzo cada día y encantado en realidad con la titularidad de este bar no pleitearía.

 

 

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