Fin de fiesta

Eva María Cardona · Ibiza (Islas Baleares) 

Me despedí del modesto bufete familiar para unirme a una multinacional. Me sedujeron con la promesa, cumplida, de acceder a la titularidad del mejor equipo de juristas de la más próspera empresa del sector; y convertirme en accionista. Mantuve un estatus de empleado preferente y privilegiado. Empeñé mi ilusión y mi tiempo, que ya casi nunca era libre. Lo ocupaban arduas negociaciones y grandes contratos. Altas finanzas. Gané dinero y cierto prestigio. Pero la crisis acabó con el jolgorio consumista y la fiesta inmobiliaria. Y trajo el ocaso de mi fulgurante carrera como letrado asesor de aquella compañía que prescindió de mis servicios sin miramientos, sin agradecimiento ni fiesta de despedida. He regresado al bufete familiar, al turno de oficio, a los desahucios, juicios monitorios y reclamaciones de cantidad, a escuchar a clientes con problemas. He vuelto a la realidad.

 

 

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