IV Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

ABOGADO DE CONFIANZA

Iñaki Olabarria Fernández · Bilbao 

La luz gris de la mañana entrando débilmente por la ventana del apartamento, la casa sin recoger y apenas un yogur en la nevera. El despertador no suena. Se ha quedado solo en casa porque su mujer ya no le cree. Su cliente, una conocida revista internacional, confía en él, pero su mujer no. La confianza es imprescindible en la relación entre abogado y cliente, igual que en la pareja. Cuando no hay confianza, el cliente se convierte en el peor enemigo, y la pareja en la mayor sospechosa. La sinrazón de los celos no desaparece ni con la ecuánime asistencia de un mediador. Se acabó mezclando todo, como en el gazpacho: absorbente trabajo, exigente cliente y pareja desconfiada. Sentencia: sospechoso de no quererle y culpable de no demostrarle lo contrario. Noticia de última hora: la revista Playboy despide a su abogado interno de confianza, por llegar tarde a trabajar.

 

Relatos seleccionados

  • Firmeza voluble

    Angel Tormes Alberdi · Donostia-San Sebastian 

    La sinrazón de una absurda, antigua e interminable discusión culinaria sobre si era el yogur o el gazpacho el que más variedades de texturas y sabores ofrecía, les llevó, en obtusa ofuscación por no ceder, propia de la tozudez hispánica, a requerir la asistencia de un tercero ecuánime, abogado de profesión. Traigan cada uno todas las modalidades posibles en el plazo de un mes y el que menos consiga me pagará cien euros por cada una de las que haya entregado el otro. En un abrir y cerrar de ojos se saldó la inveterada contienda con la instantánea aceptación de la segunda alternativa planteada por el letrado: ecléctico empate, pago de la consulta, y aquí paz y después gloria.

     
  • Alegato

    María Domínguez de Paz · Valladolid 

    Crea que aún puedo jactarme sin falsa modestia de conocerlos al dedillo. Bien sea el Civil o el Penal; al derecho, al revés, o de modo aleatorio: leo mentalmente cualquier Código sin más asistencia que la de mi propia concentración. Durante los cincuenta años de mi vida profesional, he tenido la gran suerte de atesorarlos artículo a artículo en algún lugar recóndito de mi memoria. Puedo demostrarlo. Los mantengo como valiosos incunables de la biblioteca más preciada. Por eso, ahora apelo a su sentido más ecuánime. Quizá me ha despistado la sinrazón de este blanco fantasmagórico que refulge inexplicablemente en paredes, puertas y hasta en su nueva toga. Con el debido respeto, Señoría: debo rechazar como prueba concluyente para mi inhabilitación el no haber sido capaz de repetir en orden las tres palabras que se me ha pedido memorizar: gazpacho, yogur y… cualquiera que sea la tercera.

     

     
  • QUIEN LA SIGUE LA CONSIGUE, ¿O NO?

    Francisco Campo Sánchez · Madrid 

    El juicio se suspendió, abandono la Audiencia raudo y veloz, para dirigirme a la Mutualidad. Hoy se decide el ganador mensual del certamen de microrrelatos. Tras años enviando los míos, ni siquiera he conseguido clasificarme entre los seleccionados, la sinrazón de las injustas decisiones del “ecuánime” jurado, me está quitando las ganas de escribir. Esta vez para conseguir mi objetivo, llevo conmigo yogures y gazpacho, ya que mi “garganta profunda”, me sopló, que dos de los miembros del jurado, se pirran por estos manjares. Irrumpo en la sala de deliberaciones, y me doy cuenta que los ojos se fijan descaradamente en mis presentes. Esta vez lo conseguiré… Termina el mes, accedo a la lista de relatos seleccionados que optan al triunfo final y… ni rastro del mío… No funcionó el cohecho impropio, o quizás era propio, ¡quíen sabe! Preciso asistencia psiquiátrica para superar tamaña frustración, pero ¡volveré a intentarlo! Continuará…

     
  • Hermanos del alma

    Laura Betancort Carrasco · Las Palmas 

    Recuerdo perfectamente el día en el que me defendiste cuando un grandullón derramó mi yogur en el patio. Ese fue el verdadero comienzo de nuestra amistad, a la que revestimos de calidad eterna al jurar que seríamos hermanos para siempre. Nunca faltaste a tu promesa de protegerme. Nunca. Siempre te admiré por ese sentido de justicia tan genuino que exhibías. Qué pena que papá consiguiera trabajo en la capital. Muchas veces imaginé lo que te contaría al reencontrarnos. Incluso cuando oposité a judicatura, te dediqué mi primer pensamiento. Y aquí estás, en la sala de audiencia. Desconozco si has reconocido a tu hermano del alma tras mi barba color gazpacho y un historial intachable. Delinquiste con el único fin- declaras- de poder alimentar a tus dos hijas. ¿Ampararme secretamente en el derecho de asistencia familiar? ¿Ser “ecuánime”? Te miro a los ojos y entiendo el crudo significado de la sinrazón.

     

     
  • Brindis

    Plácido Romero Sanjuán · Linares (Jaén) 

    No puedo ser ecuánime, queridos amigos, cuando levanto mi copa en honor de don José Lozano Fernández-Díaz, de Pepe Lozano, no puedo serlo porque desde que me colegié, hace ya, ay, tantos años, se convirtió en un mentor generoso, en un ejemplo, porque ha sido uno de nuestros más apreciados juristas, conocido por su presencia habitual en los juzgados, su asistencia a otros juicios, ya que, dice, siempre se aprende algo, incluso del trabajo chapucero, su curiosidad, su humor, sus jocosos ataques a la sinrazón, queridos amigos, de nuestro sistema de justicia, que él equipara, todos le habéis escuchado alguna vez, a un gazpacho de disparates y desatinos, a un yogur natural y sin azúcar, que es amargo y, esperemos, con fecha de caducidad, por lo que, cuando levanto mi copa, queridos amigos, lo hago triste ya que estamos despidiendo a una persona admirable, a un abogado excepcional.

     
  • Un mal trago

    Ferran Varela · Barcelona 

    Cuando me llamaron para la asistencia en comisaría y me dejaron a solas con él, decidí que no llevaría el caso. Vi en sus ojos que era culpable. Le llamaban “el chef”, porque todas sus víctimas habían muerto mientras comían. Un gazpacho, un filete, un yogur... todo aliñado con un poquito de veneno, para darle sabor. El problema era que no habían averiguado ni cómo ni cuándo envenenaba los platos, así que era difícil desvirtuar la presunción de inocencia. Saldría absuelto, el muy desgraciado. Pero yo no participaría en esa sinrazón. Intenté mostrarme ecuánime mientras le explicaba mi postura, pero debió leer el desprecio en mi rostro. Me miró con tal intensidad que se me secó la garganta. Carraspeé, nervioso, y tomé un sorbo del vaso de agua que estaba sobre la mesa. Cuando alcé la vista, me lo encontré sonriendo. Después noté un sabor raro en la boca.

     

     
  • Mi abogado

    Mar González Mena 

    No hago nada si no es en presencia de mi abogado. Todo comenzó por un gazpacho en mal estado que nos obligó a recibir asistencia médica. ¡l llevó la querella contra los dueños del restaurante. La sinrazón del corazón y varios juicios nos han mantenido unidos desde entonces. Los tres siniestros con el coche, la agresión de la vecina del quinto e incluso demandó al tendero de la esquina por venderme unos yogures caducados. Pero esta vez no puede ayudarme. Necesito otro abogado que me lleve el divorcio. No creo que él fuera ecuánime en este caso.

     
  • Superlaw

    Eva María Cardona Guasch · Ibiza 

    De cómo sucedió exactamente darán cuenta relatos más largos. Sólo diré que un día, durante un espinoso juicio, hallé repentinamente la inspiración para sostener mi alegato; salieron de mi boca fundamentos jurisprudenciales alguna vez leídos y jamás memorizados. Desde entonces adquirí sin esfuerzo las claves más abstractas del pensamiento jurídico, pude recitar con ritmo y estilo jurisprudencia y normas. Mi mente jurídica se había expandido. Sorprendía al abogado más sagaz y descolocaba al más ecuánime de los magistrados. Mi fama creció; mi asistencia en los Tribunales se acogía con expectación. De gris picapleitos me convertí en Superlaw. ¡Qué exitosa sinrazón! ¿Cómo ocurrió? ¿Me subieron a la cabeza las vitaminas del gazpacho? ¿Los bífidus del yogur? Únicamente recuerdo que la primera mañana de mi nueva vida, amanecí con una picadura en la frente y que jamás volví a ver a la vieja araña que solía habitar mi polvorienta biblioteca.

     

     
  • Derecho de Familia

    Javier de Pedro Peinado · La Alberca (Murcia) 

    Silvia y yo somos abogados. Nuestro primogénito, remiso a abandonar el nido, también lo es. Discutimos como cualquier familia, pero nosotros lo hacemos civilizadamente. Las mejores disputas las genera la comida: yo suelo recusar el gazpacho porque me produce acidez y mi hijo a cambio impone el helado de yogur como postre. Su madre disfruta de un fuero especial derivado de su condición de vegana y aunque carece de poder de veto, aporta siempre sus conclusiones de manera impecablemente profesional. Nadie se enfada. Cada uno expone sus argumentos y aporta pruebas mientras la comida se enfría. Siendo tres, nunca hay empate en las decisiones y dado que todos acatamos el sistema que nos hemos dado, nadie denuncia arbitrariedad o sinrazón en lo acordado. Pronto volverá nuestra hija, una joven serena y ecuánime a quien mantiene alejada del hogar su asistencia a la escuela judicial. Una jueza en casa. Promete.

     
  • Sola ante el peligro

    Pilar Gil Guijarro · Madrid 

    Cuando estás de guardia amanece con tu primera asistencia. El mes de julio es caluroso, las comisarías de los pueblos se distancian en mil millas. Patrullas en diligencia las leguas polvorientas que median entre cuarteles y juzgados. A tu cargo seres más necesitados que bandidos, elegidos por la mala suerte, atrabiliarios, atrapados en la sinrazón, cuando tu única misión y destino es lograr que el martillo sea ecuánime, si eso es posible en estas montañas rocosas. En los salones pides zarzaparrilla, yogur blanco de desayuno, gazpacho rojo de almuerzo, café oscuro de merienda, agua clara para refrescar la montura. El reloj marca las horas en tiempo real, tres en calabozos, tres “se buscan”, tres de gatillos rápidos, tres faltas. Al final de la jornada te retiras, sola ante el peligro, sin esperanza, con el chaleco negro recortado y si hay suerte, tu paga, a regañadientes, como mucho, confirmada.

     

     
  • Una de gazpacho, por favor

    Alejandro Riera Rufete · Redován (Alicante) 

    En el súper se debatían entre coger un bote de gazpacho o un yogur para el postre, solo les alcanzaba el dinero para una de las dos cosas. Pensativos, decidieron buscar la solución más ecuánime al conflicto. ¡l odiaba el gazpacho y ella lo adoraba. Como abogados recién titulados, se dispusieron a presentar sus alegatos. ¡l comentó que si compraban gazpacho, ella iba a ser la única beneficiada, y ¡no solo eso! - gritó en medio del pasillo - El aliento posterior que dejará en tu boca necesitará cuanto menos asistencia médica, es todo Señoría. Ella cogió el bote de gazpacho y lo echó al carrito de la compra. ¡Protesto! ¡Presente sus argumentos ante el juez! - dijo él basándose en la sinrazón de su colega. ¡Porque lo digo yo! - fue su implacable contestación. Debemos encontrar trabajo urgentemente, pensaron para sí mismos al unísono.

     
  • Al calor de las palabras

    Joaquín Rodríguez Hurtado · Mutxamel 

    Querida amiga: De todo aquello que perdimos, con sus grandezas y sus miserias, su cultura y su incultura lo que más añoro es el gazpacho de mi tierra del sur. Tú, tan europea y moderna, imagino que soñaras con tus yogures refrigerados y con sabor a edulcorantes. ¿Recuerdas que ya nadie creía en la guerra? Desde luego no a estos niveles, ni aquí ni ahora; ¡qué incredulidad cuando las bombas cayeron y el mundo civilizado se vino abajo! Ahora la sinrazón se ha adueñado de todo. Aquí somos pocos, todos jóvenes menos un abogado mayor, un hombre ecuánime y bondadoso. Con su asistencia estamos saliendo adelante, nos organiza y media en nuestras disputas.... Esta noche hizo frío, no veas cómo ardían sus expedientes, nos calentamos al calor de tres divorcios y tres tomos de un contencioso administrativo. El abogado reía y lloraba, sus escritos al final servían para algo

     

     
  • Vidas

    Rafael Fontán Tirado · Madrid 

    Desde pequeño se acostumbró a impartir justicia. Siempre ecuánime, su rectitud y su imparcialidad llamaron la atención ya en el colegio, donde lo mismo ejercía de juez en los concursos infantiles de belleza, como de árbitro en los partidos de fútbol de profesores contra alumnos. Durante su etapa universitaria, no era difícil verle prestar asistencia a los tribunales de exámenes de cursos inferiores, y en la urbanización donde vivía, ya mayor, se aceptaban con naturalidad sus veredictos sobre cuál era, en las fiestas patronales, el mejor gazpacho o el mejor postre, fuera éste pastel, tarta o yogur. Disparado por la providencia hacia la judicatura, la sinrazón de la vida fue, sin embargo, no permitirle aprobar la oposición, que acabó abandonando tras nueve intentos fallidos. Hoy, con cuarenta años, ejerce como abogado, pero se limita a declaraciones de la renta y a recurrir multas de tráfico. Dice que es su vocación.

     
  • Drama vegetal

    José Carlos Areales Calero 

    En el Juzgado de lo Nutricional número 3 de Córdoba, se celebraba el juicio más esperado del que se tenía noticia. Una nube de medios esperaban la asistencia del demandado Don Gazpacho, que justificaba el despido por causas objetivas de algunas de sus hortalizas al entender que no eran parte indispensable de su naturaleza. Por el contrario, Don Pepino y Don Pimiento, vestidos de verde esperanza, defendían su papel fundamental y la falta de motivación de las medidas adoptadas. Su Señoría trataba de ser ecuánime, pero muy a su pesar, no pudo evitar derramar alguna lágrima durante la declaración de Doña Cebolla –también demandante-. Todos esperaban una sentencia ejemplarizante que pusiera fin a aquella sinrazón, excepto Don Yogur y Doña Cuajada, que ajenos al drama vegetal, se concentraban a las puertas de los Juzgados por la lentitud de un sistema judicial que no tenía en cuenta su carácter perecedero.

     

     
  • Falso culpable a cinco grados centígrados

    Daniel Aznar Alonso 

    El delito era una gastroenteritis aguda que requirió asistencia médica. El principal sospechoso era un yogur de fresa. La inexorable prueba incriminatoria era que estaba caducado desde hace una semana. Su abogado, un tarro de pepinillos, argumentó en su descargo que todo el proceso era una sinrazón, ya que, en todo caso, no se puede imputar a nadie un delito presuntamente cometido por un ya inexistente compañero de pack. Su señoría el juez gazpacho suave, dijo que tenía que ser ecuánime, y que si ambos yogures estaban caducados, la pena se aplicaría sobre el yogur persistente. Como juez, no podía dejar de condenar a un elemento potencialmente peligroso. Finalmente, vistas las pruebas y los testimonios, la sentencia fue la esperada: el yogur tendría que ir a la basura. Al pronunciarse la sentencia, la mayonesa casera, que había pasado desapercibida al haber estado tres días fuera de la nevera, respiró aliviada.

     
  • Primer Turno de Oficio (verídico)

    Mª Ángeles Barrionuevo Gómez · Granada 

    PRIMER TURNO DE OFICIO (verídico) “Si, yo soy de asistencia al detenido, y querría ver al mío “– dignamente se levanta arrastrando la toga un poco – “ mmmm…, no tiene buena pinta , ¿ la mancha que lleva es del calabozo?, ¿no habrá sido maltratado verdad?” – se dirige a la mesa cogiéndolo del brazo cariñosamente - “Sé que aquí huele un poco mal, como a gazpacho, pero eso no importa, lo sacaré de la cárcel, ya lo verá, el Juez que nos ha tocado es bastante…”- saca un papelillo arrugado del bolsillo –“ … e-cu-á-ni-me, no debe preocuparse, me tiene a mí…”. “¿Por favor podría decirme de qué se le acusa?, debe decirme la verdad, soy su abogada”. Se abre la puerta bruscamente: “Señora letrada, ¿puede dejar el oso en el cubo de la ropa sucia que está lleno de yogurt?, ¿y la toga de su padre? ¿la deja también dónde estaba?, gracias cielo.