Drama vegetal

José Carlos Areales Calero 

En el Juzgado de lo Nutricional número 3 de Córdoba, se celebraba el juicio más esperado del que se tenía noticia. Una nube de medios esperaban la asistencia del demandado Don Gazpacho, que justificaba el despido por causas objetivas de algunas de sus hortalizas al entender que no eran parte indispensable de su naturaleza. Por el contrario, Don Pepino y Don Pimiento, vestidos de verde esperanza, defendían su papel fundamental y la falta de motivación de las medidas adoptadas. Su Señoría trataba de ser ecuánime, pero muy a su pesar, no pudo evitar derramar alguna lágrima durante la declaración de Doña Cebolla –también demandante-. Todos esperaban una sentencia ejemplarizante que pusiera fin a aquella sinrazón, excepto Don Yogur y Doña Cuajada, que ajenos al drama vegetal, se concentraban a las puertas de los Juzgados por la lentitud de un sistema judicial que no tenía en cuenta su carácter perecedero.

 

 

 

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