Hermanos del alma

Laura Betancort Carrasco · Las Palmas 

Recuerdo perfectamente el día en el que me defendiste cuando un grandullón derramó mi yogur en el patio. Ese fue el verdadero comienzo de nuestra amistad, a la que revestimos de calidad eterna al jurar que seríamos hermanos para siempre. Nunca faltaste a tu promesa de protegerme. Nunca. Siempre te admiré por ese sentido de justicia tan genuino que exhibías. Qué pena que papá consiguiera trabajo en la capital. Muchas veces imaginé lo que te contaría al reencontrarnos. Incluso cuando oposité a judicatura, te dediqué mi primer pensamiento. Y aquí estás, en la sala de audiencia. Desconozco si has reconocido a tu hermano del alma tras mi barba color gazpacho y un historial intachable. Delinquiste con el único fin- declaras- de poder alimentar a tus dos hijas. ¿Ampararme secretamente en el derecho de asistencia familiar? ¿Ser “ecuánime”? Te miro a los ojos y entiendo el crudo significado de la sinrazón.

 

 

 

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