VII Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Imagen de perfilTrágica absolución

ANTONIO RODRÍGUEZ SOLÍS 

La carta de la muerte sobre el parabrisas de mi coche. Un escalofrío atraviesa mi cuerpo. Es su forma de actuar. Los atropellados latidos de mi corazón marcan el ritmo frenético de las imágenes que pasan ante mí: un sumario mal tramitado, el defecto de forma, la prueba anulada, mi demoledor discurso final, la absolución, la entrevista en el diario digital, mi nombre en el titular, el abogado de moda, la fiesta de hace un rato en el despacho hasta altas horas… Todo lo que me ha traído hasta este oscuro y solitario garaje carece ya de importancia. Esa carta en el parabrisas es su forma de actuar, el macabro heraldo que anuncia la muerte inminente. Mi cliente, culpable, al que tan hábilmente había conseguido poner en libertad, el asesino de la baraja, ha elegido a su próxima víctima.

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El más votado por la comunidad

Imagen de perfilAventajado aprendiz

Ana María Martín González 

Nadie queda indiferente ante su oratoria. Su discurso es elocuente, crea cátedra. Es uno de los abogados más atrevidos. Fue titular de una noticia en uno de los periódicos más sarcásticos de la ciudad. Joven abogado afirma que: “El verdadero letrado es el que piensa primero en la minuta antes que en la defensa. El defendido puedo estar seguro que solo pensará en su inocencia y no en los honorarios pendientes” En una ocasión un periodista le preguntó por qué solía llevar siempre encima una baraja. —Porque sirve para relajarme. Además, tenga usted en cuenta que antes que cura fui monaguillo. Es tal su atrevimiento, que fue capaz de rebatir en una ocasión el sumario al mismísimo juez instructor. Una voz sobresaltada lo llama insistentemente. Mira de reojo el reloj digital y grita angustiado: —¡Oh, no! Las nueve, otro día que llego tarde al colegio.

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Relatos seleccionados

  • Imagen de perfilOrador

    JESÚS LLOP PUIG 

    ¡Qué discurso!
    Había oído defensas vehementes, o muy bien estructuradas, pero lo de ese joven rompía la baraja. Las palabras de nuestra lengua sonaban en sus labios frescas, relucientes, como si nunca antes hubiesen sido pronunciadas. Sus frases —todas sus frases— tenían la suavidad de un verso y la contundencia de un titular. Había sustituido, en el último momento, al abogado de Sixto Rojo. Oí algo de que había estudiado en el extranjero; en Italia, creo. Le había quedado un acento peculiar, dulce como el italiano pero, no sé, más solemne. Tenía una forma incomparable de decir In dubiis abstine o exceptio veritatis.
    Sin apenas estudiar el sumario, ganó el caso. Me impresionó. Lo busqué —sin éxito— en el anuario digital del Colegio.
    Dos o tres semanas más tarde me crucé con él. “Te vi en el juicio. ¿Cómo te llamas?” “Tulio; Marco Tulio.”

     
  • Imagen de perfilLa eterna búsqueda

    Borja Quero 

    El titular del periódico le había golpeado como una bofetada gélida. De nuevo aquella sensación del agónico desasosiego le atenazó el espinazo. ¿Quién baraja las cartas? Era la eterna pregunta. La ansiedad de conocer si existía un verdadero equilibrio se volvía insoportable. Cada vez con más frecuencia todo parecía obedecer a una justicia digital, de esa que se otorga a dedo. Pero no se trataba del dedo providencial con el que la dama de la venda y la balanza apuntaba su mano libre. Ojalá pudiera ella, siempre imparcial, dispensar su juicio sumario a cuantos lo merecían. Era el dedo interesado que sabe muy bien a quién señala.
    Que terrible momento para una crisis de fe, el día del discurso ante los recién colegiados. El Decano caminó hasta el atril y observó a los presentes. Recogió sus dudas en un rincón de su cabeza y les dijo: "No os rindáis nunca"

     
  • Imagen de perfilOjo por ojo

    Ana Solla Campos 

    Durante el presente juicio, como recoge el sumario, ha quedado constancia de que mi cliente es titular de una cuenta de correo electrónico que se vio colapsada por la entrada de correo no deseado, como sucede habitualmente en esta era digital en la que vivimos. Lo que se juzga aquí es si la decisión de mi cliente de reenviar dicho correo a sus mismos remitentes mutiplicado por mil, es constitutiva de delito, dadas las desastrosas consecuencias del acto.
    No se cuestiona ni se baraja la idea de la justicia o moralidad de la acción, sólo si constituye delito o no.Ustedes decidirán , pero tengan en cuenta como atenuantes la edad, inexperiencia y desconocimiento de estas tecnologías que tiene mi cliente de 92 años, recien iniciado en ese mundo. Su futuro está en sus manos.
    Y así acabo su discurso el abogado defensor, ante la mirada miope del defendido.

     
  • Imagen de perfilÚLTIMAS VOLUNTADES

    Eva María Cardona Guasch 

    De nada me sirvió ser el titular de un gran bufete ni de una firma que, ya digital ya analógica, era garantía de triunfo en cualquier pleito. Cuando ella me pidió que me olvidara de estrategias legales y, por una vez, usara mi ciencia jurídica para poner fin a la guerra de celos y poder con mi socio, sentí que se rompía la baraja. Y claudiqué. Contra mi costumbre pleiteadora y mi carácter competitivo, me esforcé por hallar una solución justa y aceptable. Redacté un buen acuerdo societario, un tratado de paz que él también aceptó y rubricó. Jamás me sentí mejor abogado que aquel día, sin toga y lejos de discursos en estrados, de juicios sumarios y argucias procesales. Salvamos la empresa y recuperé a mi hermano. Al fin y al cabo, no podía negarle el último deseo a mi madre.

     
  • Imagen de perfilDar a cada uno lo suyo

    José Alberto Barrera Marchessi 

    Pertrechado con su toga y bien dispuesto, ejerció de titular del juzgado desde el estrado con expresiva locuacidad ante la concurrencia aglomerada en audiencia pública para escuchar aquel discurso forense en la exigua sala.

    No fue su prosa la que lo delató, ni la excesiva verborrea para tan sumario juicio; quizás fuera ese halo de emoción con el que devanaba frases y repartía venias como quien maneja la baraja siendo mano. Fue inútil que el letrado defensor buscara y rebuscara entre sus papeles, tratando de descifrar el nombre tras la rúbrica estampada en las providencias.

    Fue una intervención para la historia, en formato digital; la primera en la que un preso fugado de los calabozos condenó a un estupefacto criminal a la salomónica pena de partir su botín con los hambrientos a la salida, pronunciando de viva voz una sentencia que seguramente quedará para los anales de la ciencia procesal.

     
  • Imagen de perfilAbogado contra juez

    Sol García de Herreros · Segovia 

    Le conocía bien. Le sabía capaz de instruir en pocas semanas sumarios de infinitas páginas, de soltar farragosos discursos sobre derecho procesal a cualquier abogado que osara contrariarle sin dejar de ojear los titulares de los deportivos digitales. Me había enfrentado a él ya muchas veces, somos la justicia, cuidadito con las barajas marcadas y los faroles, solía amenazar a los novatos. Me había enfrentado a él ya muchas veces, por eso le volví a mirar intentando imaginar su reacción antes de soltar mi oferta. Veo tu órdago, me contestó imperturbable su señoría mientras enseñaba sus cuatro reyes.

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  • Imagen de perfilLA JUSTICIA DEL FUTURO

    Laura Gómez Hernández 

    Después de tantos años, no podía creer lo nerviosa que estaba ante mi discurso final. El cambio de las normas procesales y la era digital habían revolucionado el sistema y, ahora, en 2050 a punto de jubilarme, me sentía una novata. Un altavoz gris presidía la pared de la sala y, cada media hora, sonaba una melodía que indicaba el comienzo del siguiente juicio. Enderecé mi espalda, apoyé mis codos y, mientras miraba de reojo el sumario en la mesa del juez, tomé aire para comenzar. Sin embargo, el Juez, con expresión molesta, me interrumpió: “¿Qué está haciendo, Letrada? Debe seguir las normas”-dijo mientras señalaba la baraja que tenía en su mano – “Acérquense letrados, como siempre, el que saque la carta más alta, comienza su alegato”. Me desperté de sobresalto sobre la mesa del despacho. Sonreí. Ya tenía titular para mi próximo libro: ¿Hacia dónde va nuestro sistema judicial?

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  • Imagen de perfilTIEMPOS MODERNOS

    Ana María Lezcano Fuente 

    Siempre le gusta la noche para trabajar, pensar, desarrollar los sumarios de los que vive. Pero hay momentos en los que necesita un descanso. Y entonces intenta hacerse una idea de lo que fueron las vidas de los juristas, abogados y magistrados de su familia, rama materna. Un tío de su madre, magistrado, dejó escritos discursos y algún que otro titular en los periódicos de la época debido a lo que, en casa, dieron en llamar veleidades juveniles. Ella, en la soledad de las madrugadas baraja a veces alguna heroicidad que haga temblar los cimientos del Derecho en un sentido práctico y actual. Quiere ser alguien. Innovar. Vuelve una y otra vez a intentar rememorar las vidas de los servidores de la Justicia cuya sangre corre por sus venas. Decide que las cosas no son tan diferentes, salvo que existe un salto: el hecho digital…

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  • Imagen de perfilAventajado aprendiz

    Ana María Martín González 

    Nadie queda indiferente ante su oratoria. Su discurso es elocuente, crea cátedra. Es uno de los abogados más atrevidos. Fue titular de una noticia en uno de los periódicos más sarcásticos de la ciudad. Joven abogado afirma que: “El verdadero letrado es el que piensa primero en la minuta antes que en la defensa. El defendido puedo estar seguro que solo pensará en su inocencia y no en los honorarios pendientes” En una ocasión un periodista le preguntó por qué solía llevar siempre encima una baraja.

    —Porque sirve para relajarme. Además, tenga usted en cuenta que antes que cura fui monaguillo.
    Es tal su atrevimiento, que fue capaz de rebatir en una ocasión el sumario al mismísimo juez instructor.
    Una voz sobresaltada lo llama insistentemente. Mira de reojo el reloj digital y grita angustiado:

    —¡Oh, no! Las nueve, otro día que llego tarde al colegio.

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  • Imagen de perfilDe aquí a la fama

    María Antonia Lucas Amate 

    Ayer de camino al trabajo leí en la versión digital de diferentes periódicos el mismo titular en portada. El asesino de la baraja había sido detenido. De momento no se sabía gran cosa, sólo que había sido de madrugada y que la información estaba bajo secreto de sumario pero estaba segura de que mi despacho no iba a dejar escapar esa gran ocasión, mi jefe llevaba años a la caza de una gran historia que le catapultara a la fama y éste era el caso que tanto había estado esperando. Y sinceramente, yo también.
    Cuando llegué todos estaban reunidos y mi jefe estaba empezando su gran discurso, ése que tantas veces había ensayado alabando sus virtudes como investigador más allá de su gran cualificación como abogado. Empezó a mirarnos uno a uno buscando un ayudante y crucé los dedos para que se fijara en mí.

     
  • Imagen de perfilSumisos a sus leyes

    Calamanda Nevado Cerro 

    Apareció sobre mi mesa de despacho, encabezando un sumario y subrayado en fosforito: "Timador de la baraja". Me resultaba familiar. Busqué al titular de la denuncia, la firmaban multitud de víctimas. Todos emitían discursos semejantes: Un individuo de acento extranjero los había timado con el mismo montaje.
    Mientras paseaban por cualquier calle céntrica, los sorprendía con trucos de prestidigitación. Debían elegir una carta y prestarle el móvil, donde, mágicamente, esta aparecería como fondo de pantalla. Hábiles juegos de manos, y la promesa de –Ahora busca en tus bolsillos-, hacían desaparecer carteras y teléfonos. Mientras alucinaban, él se escabullía.
    Después, valiéndose del medio digital, complicaba la vida a amigos, familiares, y titulares, con variados timos.
    Dejé de leer, comenzaba a recordar. Ahora entendía muchas cosas. Necesitaba llamar a mi amigo Ramón, pedirle disculpas por desconfiar ante sus explicaciones de inocencia, rogarle me dejara defenderlo gratis, y cambiarle el número al móvil.

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  • Imagen de perfilEL ABOGADO IMBATIBLE

    Guillermo Sancho Hernández 

    Dicen que su amuleto es un enigmático reloj digital, que consulta más que el sumario del BOE. Lo deja con parsimonia sobre su mesa del estrado, justo antes de cada intervención, y luego la filigrana del verbo con la que teje su discurso alimenta su leyenda de invicto.
    "Mi cliente no representa la corrupción, señoría, sino su valeroso azote: es el hombre que rompió la baraja de los tahúres", dijo para lograr la absolución (por nulidad procesal) de su último cliente. Su defendido era un político "sobrecogedor", según el irónico titular del principal periódico del país.
    Hoy, en la sala de vistas, debo enfrentarme al abogado invencible. Antes de empezar le saludo con un apretón de manos, mientras dejo dos plúmbeos manuales de derecho hipotecario sobre su mesa. Entonces se escucha un crujido seco, seguido de un estertor metálico. El imbatible palidece, quizá presagiando su primera derrota.

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  • Imagen de perfilNoticias de actualidad

    Jesús González Vaquero 

    En la versión impresa del periódico, el titular decía:
    Los sumarios bancarios se han convertido en un puro negocio.
    En su discurso de toma de posesión, el Decano de los abogados, Excmo. Sr. Acme, criticó con dureza la miríada de despachos que hacen publicidad engañosa de sus servicios a los afectados por los abusos bancarios y baraja emprender acciones disciplinarias contra los mismos.
    En el diario digital, junto a la misma noticia, un banner desplegable relampaguea incesante: Acme Abogados, especialistas en fraude bancario. Sin riesgo de costas. Defensa en juicio gratis.

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  • Imagen de perfilMal día

    Javier Sanchez Ribas 

    Estoy cansado. Cansado de sumarios polvorientos, de la justicia digital que nunca llega, de vistas señaladas para años, de testigos falsos, de picapleitos sin escrúpulos, de pomposos discursos huecos cuyo único fin es impresionar al cliente, de titulares de prensa que tergiversan autos, decretos y sentencias; de jugar con dos barajas, una para ricos y otra para el resto; de funcionarios del juzgado más desmotivados que yo; de padres que no quieren a sus hijos; de hijos adiestrados para no querer a sus padres; de ladrones con gemelos de oro que se saben impunes y no tienen reparo en que se note; de desahucios; de embargos; de dictar sentencias tan legales como injustas y sobre todo, sobre todo, de pensar que va a ser siempre así.
    Sólo hace unos pocos años que aprobé la oposición. Me dicen que se pasa con el tiempo. ¡Pero hoy estoy tan cansado!

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