VI Concurso de Microrrelatos sobre abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

Mi abogado

Eva María Cardona Guasch · Ibiza 

No dudé que D. Felipe sería el mejor abogado para mi defensa. Le conocía porque le hacía las faenas de casa. Le veía tan cabal, tan justo, siempre amable. O eso creía. Confiaba en él pero me decepcionó cuando rechazó llevarme el caso. “Yo le pagaré cuando cobre la indemnización, se lo juro”. Pero él insistió: “Hazme caso, mujer, pide justicia gratuita, y no gastes dinero, ni en mí ni en tasas”. Creí entenderle: para él yo no era una buena clienta, una clienta con clase. Me sentí traicionada, desengañada. Tramité los papeles tal y como él me dijo. Al poco tiempo me asignaron un abogado del turno de oficio. Bueno, muy bueno, el mejor. Ayer me recibió en su despacho por primera vez, aunque antes ya me había dado un consejo acertado. “Te dije que había buenos abogados en el turno de oficio, Merche”. “¡Cuánta razón,D. Felipe!”.

 

Relatos seleccionados

  • Defender al defensor

    ¡µngel Tormes Alberdi · Donostia-San Sebastian 

    Rellenaba con desgana el impreso de solicitud de la justicia gratuita. Para obtenerla, era preciso ser prácticamente indigente y él, tras una vida dedicada al trabajo vocacional, por desgracia lo era. El último punto del formulario que tan bien conocía lo cumplimentó con una mezcla de pena, rabia e incredulidad. Objeto de la defensa: Reclamar al Estado el pago de los turnos de oficio que me debe.

     
  • Resistiendo

    Carlos Vives Carreras · L'Hospitalet de Llobregat 

    Manuel espera ante el Juzgado. Nada sabe de Leyes, ni procesos. Tampoco de hipotecas ni créditos hipotecarios. Su vida es deslomarse trabajando. Pero quieren su hogar, por el que, entre comisiones, intereses y demás ha pagado ya dos veces. Le quieren en la calle. Y a su familia. Paro y crisis se cebaron en él. Sin medios, nadie vendrá al rescate. Sin embargo, ahí viene. Fuera el tópico de principiantes que plagan el turno de oficio para curtirse a costa de pobres. En rostro, marcas de mil batallas y en la mirada, promesa de combate del que conoce bien éxito y derrota, pero que aún pelea por justicia. No miente. No garantiza nada. Pero está ahí, con él. Domina esa jerga incomprensible que le atrapa, pero también su idioma, y asume su defensa. Y sí, Manuel confía. Benditos quienes, sabiendo Derecho, aún creen en la justicia, gratuita o no

     
  • Código de Gortina

    Ana Varela Velo · Silleda (Pontevedra) 

    Me dirigí a la Colina de Marte, en la maravillosa Atenas, donde trabajaba de abogado. Presumía de mi experiencia en oratoria, y era una mañana perfecta para resolver los problemas de mi patrocinado en el Areópago, y convencer al Dikastés de su inocencia, con una buena defensa. Pero además tenía una ardua tarea: convencer a la Ekklesía de la necesidad de introducir el turno de oficio y la justicia gratuita en el Código legislativo de Gortina, para que se remunerase con un módico sueldo el ejercicio de la abogacía de los pobres, ya que así como al artesano no se le podía obligar a trabajar si antes no se pagaba el importe de su trabajo, lo mismo sucedía con el abogado de pobres, al que no sólo se le obligaba a defender a éstos graciosamente, sino que, además se le exigía contribución por ejercitar su noble cometido. Temis me sonreía.

     
  • Cuanto más mejor

    Francisco Manuel Lorente Fraijó · Madrid 

    Buenos días. Buenos días, dígame. Quería un abogado. Tiene usted derecho a justicia..."espero que sí"...gratuíta? "cuanto más mejor". Ya veo. Desea defensa del turno de..."tarde , por favor, no soy de madrugar..." oficio? "compraventa de concejalías". Ya veo...Es la ventanilla de enfrente, donde pone "Turno Especial Corrupción".

     
  • Mi letrado de oficio (a la memoria de Jackes Séguéla)

    Salvador Soler Campos · Elche (Alicante) 

    ¡Debí rechazar la tercera cerveza! Me paró la Guardia Civil. Quiso la casualidad que mi primo estuviera de guardia. ¡l mismo se encargó del papeleo de la justicia gratuita, que no era poco; fotocopió a su costa el expediente y, diligente, comprobó la caducidad y el margen de error del etilómetro. No había defensa. Durante la espera me explicó que no le pagaban y que, con treinta años, todavía vivía con sus padres. Se entrevistó luego con el fiscal, pactó una atenuante de colaboración con la justicia y obtuvo para mí una condena menor. Como agradecimiento, le compré una macecita y yo mismo la llevé a su casa. Abrió mi tía y al poco salió él; vi su rostro compungido, y entornando la puerta tras su espalda me susurró: "No le digas a mi madre que estoy en el Turno de Oficio, ella cree que soy pianista en un burdel".

     
  • Un gran orador

    Juan Manuel Ruiz de Erenchun · Barcelona 

    Cuando llegó mi turno de réplica, no podía articular palabra. Era mi primera Vista oral como abogado y me encontraba muy nervioso. Las gotas de sudor se paseaban impunemente entre mis mejillas, mientras las manos se movían inquietas buscando invisibles notas en el dosier. “Letrado” -me dijo inquisitivamente el Juez- “más vale oficio que beneficio”. Yo intentaba pronunciar alguna frase en defensa del cliente, pero mi garganta se negaba a emitir sonidos. “Letrado” –repitió de nuevo el magistrado- “la justicia debe ser firme pero también contempla el perdón”. Sonreí desesperado, mi código penal parecía más voluminoso que cien tomos de la enciclopedia universal. “Letrado” –exclamó su Señoría mientras abandonaba el estrado- “brillante silencio, doy por finalizado su informe”. Semanas después, cuando recibimos la sentencia absolutoria, fui felicitado personalmente por el director del bufete: “Un cliente contento es la mejor publicidad gratuita. Con su locuacidad le auguro un espectacular futuro profesional”.

     
  • La primera lección

    José Ignacio Juárez Chicote 

    "Ser abogado es profesión y oficio. La defensa de un caso, cuando es justo, se convierte en obsesión. Ganarlo -alcanzar con ello la justicia- es un privilegio gratuíto y mayúsculo, algo que hace que el hombre se acerque a la condición divina". Acababa de cumplir los dieciocho cuando lo escuché atemorizado desde la segunda fila del Aula Magna. Entonces no lo entendí. Luego vinieron años de mucho estudio, de ilusiones grandes, de algunos desencantos. El optimismo daba el turno al desánimo, y éste a la esperanza, a la confianza en el trabajo constante y bien hecho. Muchas veces he vuelto mentalmente a aquella primera clase. Si en estos años algo me ha mantenido en pie, ha sido la fe inquebrantable en que el Derecho encierra en su esencia lo mejor del alma humana. Así, como decía Miguel ¡µngel, nuestro trabajo es fácil: se trata sólo de quitar lo que estorba.

     
  • Un letrado peculiar

    Teresa Álvarez González · Córdoba 

    ………. Ruego, por tanto, que se aplique el principio “In dubio pro reo”, pues no se ha demostrado otra cosa que la legítima intención de mi acusado de manifestarse, pacíficamente, reclamando justicia gratuita para todos, y de ninguna forma se ha constatado que ejerciendo el citado derecho, rompiese el florero de porcelana china del salón. Alegato de la defensa, presentado por el click-abogado de la colección TURNO DE OFICIO de Famobil, en nombre de Manolín, ante sus progenitores

     
  • El espejo

    Ulyses Villanueva Tomás · Alpedrete (Madrid) 

    Ninguno de los que estaba allí había tenido derecho a un juicio justo, ni acceso a un letrado que llevara su defensa, ni voz con la que rogar misericordia al comprender el destino que les aguardaba. Un joven abogado del turno de oficio quiso llevar la causa, pero a veces la justicia sólo es gratuita para quien la dicta. Al amanecer les condujeron en camión a unas antiguas ruinas en mitad de un páramo y les colocaron en fila frente a un muro de piedra. De pie, frente al pelotón de fusilamiento, uno de ellos dio un paso al frente y pidió su última voluntad: un espejo, dijo, para que quien me va a arrebatar la vida se vea vergonzosamente manteniendo la suya.

     
  • Levando forzosamente anclas

    Lidia Molina Gómez · Benidorm (Alicante) 

    Estimado Don Arturo. El barco se hunde. Sé que ha luchado junto a muchos compañeros por evitar esta situación. Sé el aprecio que me tiene y agradezco sus servicios durante tantos años. Sé las dificultades que su despacho ha venido afrontando durante meses. Le he visto ajustar gastos, apurar los tóner, y revisar la contabilidad. Los honorarios del turno de oficio no llegan, y cuando llegan lo hacen tarde. Así cuesta mantener el buque a flote. Y aún así nunca me ha dejado de lado. Pero, irremediablemente, ya voy a la deriva. Poca defensa tiene cualquier recorte en derechos ciudadanos. Menos en Justicia. ¿Gratuita? Desde luego cada vez más para quienes trabajáis por ella, pero ya no para los ciudadanos. Los dos lo sabemos. Así que por el aprecio que le tengo, antes de ausentarme, debo presentarle mi agradecimiento e indignada despedida. Firmado: Artículo Ciento diecinueve de la Constitución

     
  • Delincuencia febril

    Paula Ferro Canabal · Santiago de Compostela 

    Me llamo Marcelino y delinco por amor. Todo empezó cuando conocí a Magdalena, abogada del turno de oficio que llevaba la defensa de mi primo Francisco, un habitual de los juzgados. Yo estaba desempleado, había acudido al proceso por puro aburrimiento y entonces ocurrió: qué labia, qué cuerpo... ¡Menudo alegato, señor! Me armé de valor e hice lo que tenía que hacer, atracar mi sucursal bancaria. Cuando Juanjo, el director, me vio entrar con aquel pasamontañas y un cuchillo jamonero, se quedó paralizado por la risa. Yo sólo acertaba a decir "caramba Juanjo, tantos años de amistad... ¡no te quedes ahí parado! Avisa a la poli y, sobre todo, llama a mi abogada". Ahora sé que debería haberme informado mejor: ¡la justicia gratuita no permite la libre designación de letrado! Sigo perseverando. Llegará el día en que ella despliegue su retórica por mí.

     
  • ¿Celos?

    María Isabel Soriano Vidal · Cheste (Valencia) 

    Estudié la carrera con mi mejor amigo. Reconozco que, de los dos, él era el inteligente pero planificando el futuro, yo no tenía parangón. Él iba caminando al colegio cuando yo ya tenía la bici de moda, y con bici siguió cuando yo conducía mi segundo deportivo. Elegimos derecho. Él por idealista: que si todos teníamos derecho a una defensa, que si la justicia debía de ser gratuita...Yo calculando movimientos. A mi me fichó un bufete mercantil al estilo americano de esos que facturan cantidades astronómicas por hora. Él tenía claro desde el primer año que elegiría el turno de oficio. Ayer me lo encontré, después de algunos años sin verle. Resplandece. Es feliz. Y eso que sigue yendo a trabajar en esa bici cochambrosa. Y yo me pregunto, si de los dos el triunfador soy yo...¿por qué sentí ese pinchacito de celos?

     
  • Desquite

    Nicolás Jarque Alegre · Albuixech (Valencia) 

    Por Juan, transformábamos el comedor angosto en una sala de juzgado. Durante años, cada miércoles, padre se erigía como juez, madre actuaba como fiscal, a mí me asignaban el papel de acusado y Juan, como primogénito, ejercía de abogado de la defensa, eso sí, del turno de oficio, acorde a nuestra realidad familiar. Utilizábamos como guía el manual de derecho que padre adquirió en el rastro para que Juan estudiase. Así recreábamos todo tipo de pleitos, donde mi hermano debía demostrar su pericia y conseguir mi absolución. Si la obtenía, le premiaban con una recompensa individual, pero en cambio si perdía el juicio, el castigo lo sufríamos los dos. Por eso aquella justicia nunca fue gratuita conmigo, ya que la desidia de Juan me condenó a muchas tardes de encierro, repasando la lección. Aunque, gracias a ello, ahora soy su abogado y bien que se lo cobro.

     
  • Artículo 528

    Carmen García-Gancedo García · Avilés 

    Sentado en una cafetería sorbo mi café matutino mientras entre ojo y ojo al periódico, escucho conversaciones ajenas -Lo que te digo José, ¡ladrones del demonio estos abogados! - "Aquí está el listo de turno" pienso - voy a un despacho el otro día - relata de forma gratuita - cuento la demanda que me puso mi vecino Ramón, y como respuesta obtengo: "artículo 528". Me lee tres líneas y cobra cien euros ¡eso lo podía haber hecho yo! Y luego hablan de justicia... Me doy cuenta de que mi código civil sobresale del maletín. Ambos hombres me interceptan en un intento por esconderlo. - ¿Abogado? - pregunta - De oficio- respondo sabiendo que es lo que quiere oír - Buena gente, vosotros. Ignorante. Doy gracias de que el 528 sólo tenga tres líneas, preparar la defensa de Ramón me ha llevado innumerables horas. Creo que ganaremos el juicio.