María del Mar Suárez Sanabria

Microrrelatos publicados

  • Supuesto práctico

    En la sala en la que iba a postular con vehemencia mis alegatos, para que se declarase la inocencia de mi defendida, la audiencia estaba expectante, mientras el fiscal me miraba con apatía. Ambos sabíamos que la investigación policial no había aportado ninguna prueba de cargo para que la condenasen. Más allá de la duda generada por ser la cuarta y última esposa de Don Braulio, el fallecido, y hermana de su segunda esposa desaparecida. Mi creencia en su inocencia era una presunción iuris et de iure, a la vez que un difícil caso de conciliación familiar. La asesina, hermana de la primera mujer del muerto, también desaparecida, era mi esposa.

    - ¿Es lícito que defienda a la acusada?

    -Esto es lo que deberéis argumentar en las dos horas que disponéis para realizar este examen de fin de grado, futuras abogadas y futuros abogados.

    | Agosto 2023
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 5

  • Vivir para siempre

    El teléfono sonó el primer día de primavera. Contesté. Al otro lado su voz imploraba. Necesitaba mi protección. Me dijo que la mujer quiso gestar a su hijo de manera altruista. Pero que insistió en entregarle una cantidad de dinero por su compasión. Que el recién nacido llevara el semen de su difunto marido fue lo acordado. Y ahora le comunicaban que la iban a detener. Los hijos de su marido muerto, los muy traidores, la habían denunciado. Me suplicaba ayuda porque confiaba en mí y en mi manera de trabajar tan transversal y exitosa en todos los continentes. Yo, como siempre, acudiría en su ayuda. Cogería el primer vuelo para viajar a su encuentro en Australia. Códigos y sentencias en mi tableta para protegerla, como había hecho desde el primer día que la vi en la facultad. Después de todo mi amor era eterno como el Derecho Natural.

    | Abril 2023
     Participante

  • Procedimiento especial

    Llevo tres días sin dormir intentando documentar mis alegaciones. De vez en vez me acerco a la mirilla de la puerta para comprobar que sigue ahí. No pienso perdonar nunca a mi expareja y a su red de contactos que me encumbraron como la mejor abogada de la década en las redes sociales. No concibo otro motivo para que ella esté parada sobre el felpudo en la puerta de mi casa. Cansada de tan abusiva presencia abro la puerta para negarme a su petición. Aunque ella no puede verme la miro fijamente. El corazón se me rompe ante semejante escenario. La venda de sus ojos consumida como ella. La balanza descalabrada. La espada oxidada.

    A sus pies una súplica: ¡Defiende a la JUSTICIA!

    Murmuro: ¿Por qué yo?

    Y entonces creo entender:

    -Porque eres como tu padre. El poder no te puede comprar.

    | Febrero 2023
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 1

  • Licentia ubique docendi

    Miro a mi hija. Y ella a mí. Quiere irse, dice, a explorar los arrecifes de coral al Caribe, para repasar como se reproducen las esponjas de mar. Argumenta que no necesita visado, que tiene la edad y la preparación necesaria para la inmersión. Y concluye que será mejor y más interesante bióloga marina después de esta experiencia. En su madurez no vivida, me recrimina el formato de mis latinajos. Y sonríe debajo del bigote por como utilizo los vocablos. Aunque yo, acostumbrado a la toga, le pongo en un brete cuando le replico que sin vocablos y latinajos no hubiéramos llegado hasta aquí.
    El caso es que le recuerdo que la parte económica, requisito sine qua non para su aventura de ida y vuelta, depende enteramente de mí. Y ufano me siento como San Raimundo de Peñafort.

    | Septiembre 2022
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 4

  • Abracadabra

    -¡Está maldito! –me aseguró.
    Yo miraba el anillo. Al lado había dejado un albarán en el que se podían ver estampados lo que parecían tres seises.
    Según él, el hombre que se lo vendió era un brujo. Su gato había fallecido en extrañas circunstancias y estaba como un roble. Otro tanto la tortuga. Y su cotorra que hablaba tres idiomas, había enmudecido.
    -Solo mira horrorizada “esa cosa”, - me dijo señalándolo.
    Acerté a colocar el Código Civil en línea con el abrecartas de mi colega y mujer, en el que había grabado: “Todos tienen derecho a una defensa. No censurar”.
    De reojo miraba mi toga recién recogida de la tintorería y, me preguntaba de qué forma abogar por esta causa ante el tribunal. Tendría que buscar un chamán. Y pensé que la única esperanza que nos quedaba era que entre sus señorías hubiese algún entusiasta de lo esotérico.

    | Junio 2018
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 2