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María del Mar Suárez Sanabria 

En la sala en la que iba a postular con vehemencia mis alegatos, para que se declarase la inocencia de mi defendida, la audiencia estaba expectante, mientras el fiscal me miraba con apatía. Ambos sabíamos que la investigación policial no había aportado ninguna prueba de cargo para que la condenasen. Más allá de la duda generada por ser la cuarta y última esposa de Don Braulio, el fallecido, y hermana de su segunda esposa desaparecida. Mi creencia en su inocencia era una presunción iuris et de iure, a la vez que un difícil caso de conciliación familiar. La asesina, hermana de la primera mujer del muerto, también desaparecida, era mi esposa.

– ¿Es lícito que defienda a la acusada?

-Esto es lo que deberéis argumentar en las dos horas que disponéis para realizar este examen de fin de grado, futuras abogadas y futuros abogados.

 

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