Carlos Alberto López Martínez

Microrrelatos publicados

  • Cuestión de plazos

    El tiempo llegaba tarde a su funeral. La industria del videojuego lo había matado antes. Tras mucho invertir y esforzarse, un equipo de creativos dirigido por astrofísicos e ingenieros aeronáuticos, que habían sido expulsados de la NASA después de que sus servicios fueran reportados innecesarios para la adaptación del Ser Humano a la vida en Marte, había logrado crear un universo paralelo, situado en el ciberespacio, donde el tiempo no existía. La intención inicial había sido perfeccionar un videojuego de rol de mundo abierto, pero como declaró el CEO de la empresa: la producción se descontroló un poco. Este nuevo mundo, se había registrado bajo la marca ETERNET. Muchos críticos cuestionaron la utilidad de operar fuera del mundo real. Extrañamente, los receptores más entusiastas han sido el Ministerio de Justicia y los profesionales del Derecho, que al fin disfrutan de la herramienta soñada, con la que los plazos no importan.

    | Mayo 2021
     Participante
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  • Nunca jamás abusarán

    Cuando te perdimos, apenas tenía edad para ir al instituto. A veces, miro tu foto, porque siento tus rasgos difuminarse en mi memoria. Marchabas temprano, para la fábrica donde trabajabas, con la mitad de los padres del barrio. La sirena de acceso y salida de cada turno marcaba las horas de tu vida y también de la nuestra. Hasta aquella tarde en que ya no volviste más, porque tu cuerpo, en medio segundo quedó destrozado. Tus compañeros murmuraban que la valla que te debía proteger falló. Pero nadie hizo nada. Ni antes ni después. Mamá nos sacó adelante, dejándose las rodillas y la vista, limpiando casas y haciendo arreglos de ropa, mañana y tarde. Su salud aguantó apenas para verme licenciarme en Derecho. Espero que os reunierais bajo la sirena del Cielo. Allí podréis vigilar como vuestro hijo, abogado laboralista, lucha porque no haya más abusos. No en mi guardia.

    | Octubre 2020
     Participante
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  • Se requiere profesional

    Le partí la cara. No quiero mentir, porque mis padres me dieron una educación en la que decir la verdad siempre es lo más importante. Me dejé arrastrar por la rabia ante la falta de equidad del contrato que me ofrecía. Cierto, la economía va mal, pero me molestó mucho cuando me soltó que doce horas diarias de trabajar a los fogones de su innovador local de alta cocina, por supuesto sin cobrar, iban a dar mucho valor a mi carrera. Así que cuando le contesté que yo era un profesional, aunque no saliera en la televisión como él, me replicó que la entrevista había terminado y que debería cobrarme por hacerle perder el tiempo. Eso me acabó de alterar. No me arrepiento de haberle pegado, aunque sí por quitarle la cartera y el reloj como escarmiento. Así, no te sorprenderá leer en este anuncio que requiero abogado. Se remunerará.

    | Septiembre 2020
     Participante
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  • As de corazones

    Recordaba el tiempo de nuestra juventud: él, atleta victorioso, conquistador insaciable de medallas y corazones; yo, un guiñapo de rostro picado tras una infructuosa convalecencia de la viruela, cuya única virtud estética fue nacer con el verbo fácil, y ser lo suficientemente humilde como para no repudiar los consejos de mis profesores de que me centrara en los estudios y dejara los triunfos deportivos a los mejor dotados para ellos. No obstante, de tan opuestos, eramos inseparables: él me defendía de los abusones y siempre me elegía en su equipo para las pachangas, y yo usaba mi labia para contestar cada vez que un profesor le recriminaba su escasa motivación por los cuadernos, como un abogado de pupitre. Nada dura por siempre y fuera de las aulas, nos perdimos la pista. Hoy, lo veo jugar por televisión y, cuando coincide que estoy en compañía, siempre presumo: "¡Mira, un cliente mío!"

    | Septiembre 2018
     Participante
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  • Balance positivo

    Tras la pérdida de la vida, la herencia de mayor valor que dejamos atrás es siempre nuestro recuerdo entre quienes nos amaron. No hay beneficio o patrimonio que supere la riqueza intangible del sentimiento de añoranza de una caricia bienamada, o del apoyo en los momentos de fatiga, duda o enfermedad, o del compartir la dicha y el gozo.

    Por eso, veinte años después de tu partida, cuando soy yo el que camina hacia el ocaso de la historia de mis días, paso junto a la sombra de la Catedral de Santa María de Tuy, que nos vio crecer, que contempló cómo nos juramos amor eterno, y me doy cuenta de mi fortuna: he sido un abogado del montón, de pleitos de los de andar por casa, de litigar nada espectacular, pero eso me ha permitido sostener una vida a tu lado; ¿Acaso podría haber llegado a ser más rico?

    | Febrero 2018
     Participante
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  • Otra película triste

    Dio un rodeo al coche aparcado encima del paso peatonal para ir al kiosco de comida para llevar que estaba instalado en la esquina desde que el prestigioso jurista de cincuenta años recordaba. Como cada viernes, de camino a casa, vería la sesión de cine vespertina en el último cine de barrio que quedaba en la ciudad. En los últimos años ya no pasaban grandes producciones hollywoodienses, sino sólo cine de autor: no por actitud esnob, sino por falta de fondos para pagar al distribuidor, aunque como apasionado del celuloide, el letrado lo agradecía.

    Tras la consulta de la cartelera, masticó la rebanada de pizza de pepperoni y solicitó a la expendedora su entrada, quien rechazó cobrarle: "¡Tómela como un pago a cuenta, abogado, al fin y al cabo, usted tampoco ha cobrado todavía!"- le dijo la empleada de su cliente: el último cine pequeño en ser liquidado por concurso.

    | Julio 2015
     Participante
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