V Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

Knock out

Carmen Prieto Gangoso · Zamora 

Concebía el derecho como un combate de boxeo. En el estrado, sus argumentos eran letales, como el aguijón de una abeja o la picadura de una medusa. Perder un caso constituía un oprobio, una prueba irrefutable de la mediocridad. Se consideraba un púgil rocoso, capaz de rebatir cualquier defensa. En su cuaderno desmenuzaba los casos, analizaba la jurisprudencia y buscaba resquicios legales, donde golpear y hacer daño. No concedía ninguna prórroga a sus contrincantes, ni permitía que el comité del bufete interfiriese en su trabajo. 67 victorias y 0 derrotas, una marca envidiable. Aun así, cuando una persona está en la cúspide, corre el riesgo de desplomarse sobre la lona. A veces, es una flojera de piernas, otras, un gancho de izquierda inesperado como el que le propinó aquella mujer de la venda en los ojos durante el segundo round.

 

Relatos seleccionados

  • Abogado inexistente

    Ignacio Rubio Arrese · Moralzarzal (Madrid) 

    Dicen que le sucedió a causa del mal de amores. Del oprobio padecido cuando la perturbadora Marina Cienfuegos, abanderada del Comité contra la violencia doméstica y secretísima musa suya, le llamó “fantasmón falócrata” enfrente de sus camaradas del bufete. Cuánta razón tienen quienes afirman que las palabras penetran en los tejidos a los que aluden y los transforman para siempre. Aquella frase emponzoñó al engreído abogado como la picadura de una medusa espectral. Nunca se le volvió a ver en persona. Deambulan por la oficina, eso sí, sus impecables camisas, su cartapacio, su cuaderno de anotaciones, sus lustrosos mocasines brincando de un sitio a otro hasta altas horas de la madrugada. Su vida se ha vuelto una moratoria interminable. Una prórroga ingrávida en la que se desvive por servir a cualquier víctima de los abusos de género, etéreamente enamorado.

     
  • Operación medusa

    Laura María Rodríguez Casal · Vigo 

    La denominaron “operación medusa”, y se destapó en verano. ¡¡¡¡Enorme escándalo!!!! El cuaderno de bitácora del partido al descubierto colmado de anotaciones sospechosas que dejaban intuir supuestas financiaciones ilegales,sobresueldos, dinero negro y que se yo cuántas cosas más...Cuando el comité del partido me llamó,yo apuraba los asuntos de mi despacho para tomarme unas merecidas vacaciones .¡¡¡ El partido te necesita!!!!.-me suplicaron-.Aquella llamada supuso una prórroga de mi actividad laboral y eliminó todas mis expectativas de saborear un daikiri a la sombra de una palmera.Pasé todas mis vacaciones analizando cada folio de aquel cuaderno.No os voy a contar si encontré corrupción en aquellas páginas,el secreto profesional me lo impide,solo quiero que sepáis la respuesta del comité cuando solicité la oportuna provisión de fondos: ¡¡¡Qué oprobio!!! ¡¡¡...pretenderás también que te paguemos el IVA!!! Y sin ruborizarse,aseveraron.- Manuel, hay que hacer sacrificios por tu partido ….-

     
  • La medusa

    Manuel Burgos Toimil · Nigrán (Pontevedra) 

    En la playa, en agosto, un abogado de vacaciones se puede encontrar de todo. Desde a su señoría en cueros, pasando por una invasión de medusas, hasta un banco de fanecas bravas. Para oprobio, el sufrido por un comité de empresa que mantenía una importante reunión en una villa costera, a la que asistí como laboralista, y que tuvo que pedir una prórroga para recuperarse de los daños sufridos en su cuaderno de reivindicaciones sobre las condiciones de trabajo, que pretendían presentar en la negociación colectiva con la empresa, consecuencia de una inquietante medusa que se había instalado con su familia entre los mullidos papeles sindicales. Y me plantearon presentar una demanda, pero ¿contra quién? Tal vez contra Poseidón, dije irónicamente, pues no era ni el lugar ni el momento para diarreicas discusiones doctrinales, recomendándoles que esperasen a septiembre para retomar tan mitológico tema.

     
  • Justicia divina

    Victoriano Ángel Río Herrero · Zamora 

    Aparecí entre nubes rodeado de un comité de consejeros presidido por San Pedro. Este, tras tranquilizarme y explicarme la luctuosa situación, comenzó a interrogarme sobre mi vida. Dependiendo de las respuestas, añadiría una cruz a un lado u otro de su ciclópeo cuaderno. La primera vez que frunció el ceño y apuntó con su pluma a la siniestra me quedé paralizado, como petrificado por medusa. Cuando repitió el gesto, salté como un resorte mostrando mi desacuerdo. Todos reprobaron mi comportamiento. San Pedro, sobradamente confiado, puso orden y, con tono condescendiente, me permitió continuar. El debate fue interminable, pero, tras setenta prórrogas, la cosa quedó en tablas. Ahora, ante el oprobio de cada acusación, utilizo todos los medios de defensa que recuerdo: pruebas, atenuantes, eximentes...; mi verborrea no tiene límites. Y aún guardo en la recámara causas de nulidad, recursos… O me envían al cielo por justicia o por agotamiento.

     

     
  • PROSPECTO INFORMATIVO PARA EL USUARIO

    LOURDES ASO · HUESCA 

    Se recomienda encarecidamente leer las instrucciones de uso. Deben administrarse los compromidos cada doce horas, por via oral, antes de la sentencia condenatoria. Tener especial cuidado con la composición química de los miembros del jurado popular (dícese intruso tipo medusa con alta capacidad de extorsión) y excipientes añadidos al legajo susceptibles de aplazamiento. Apuntar en el cuaderno los síntomas a los que debe estar atento: testigos sorpresa de la defensa o pruebas de última hora presentadas en el juicio. Si alguna vez ha tenido problemas de hígado, no confíe su salud al comité antes del pleito. No conduzca ni maneje maquinaria peligrosa si no desea padecer el oprobio por reaccion adversa aguda nada frecuente. Respecto a la prórroga, considere hacerla antes del vencimiento de la fecha de caducidad. Si tiene alguna otra duda sobre el producto, consultar a su abogado

     
  • Por intentarlo…

    Rafael Olivares Seguí · San Juan de Alicante 

    '- Su caso es muy complicado, no hay testigos y tan sólo contamos con una descripción vaga y genérica de la agresora. Tampoco es probable que, si la localizáramos, fuera a confesar. - Pero usted es el mejor abogado del país y ha resuelto asuntos mucho

     
  • MI PRIMER CASO

    LLanos Martínez Martínez · ALBACETE 

    Tras acabar Derecho, la pasantía, las prácticas y cursos, uno espera haber recibido algún cliente, ¿no? Un caso pequeñito aunque fuera… Por suerte mi mujer comprende que pronto conseguiré clientes y ella dejará los turnos dobles y horas extras. Mientras tanto, ocupo un despacho cuyo coste no sé cómo devolveré haciendo crucigramas. “6 letras: Invertebrado marino de aspecto gelatinoso”. Abatido pienso que hasta una medusa hace más cosas que yo. Continúo y con desgana veo que me las sé de memoria: “Comité”; “oprobio”; “cuaderno”. Apenas ver “partido” escribo automáticamente: prórroga. Levanto la mirada al oír la puerta y mi sorpresa es mayúscula cuando veo aparecer mi primer caso. Aunque no por las razones que esperaba. “Solicitud de divorcio” figura en el sobre que deja la futura parte demandante sin decir una palabra antes de marcharse. Pues no, parece que mi mujer ya no me comprende.

     
  • Vocación

    Juan Carlos Colás Ruiz de Azagra · Zaragoza 

    Los de sexto le llamaban "el medusa" por su cabeza de seta y su repelente flequillo. Era mi primer día de clase y me había propuesto no tolerar ningún tipo de oprobio, cualquier signo de debilidad haría de ese curso un auténtico calvario. El medusa y su "comité de bienvenida" me habían citado en el vestuario al finalizar la prórroga del partido. Trás el pitido final, respiré hondo, apreté con fuerza el cuaderno de inglés y apuntándole con él entre los ojos, le grité: ¡¡Neminem licet ignorare ius!!. El muy gañán se fue, repitiendo entre sollozos "a mi padre vas". En fin, desde pequeñito quise ser abogado.

     
  • Teletienda

    Rubén Gozalo Ledesma · Salamanca 

    ¿Le afecta la crisis? ¿Ha pedido una prórroga para poder saldar sus deudas? ¿La situación de su bufete es insostenible? Le presentamos el remedio a todos sus problemas. El pasante 2000 trabaja gratis, funciona a pilas, resulta de lo más eficiente y jamás se queja. Deje que sea él quien acuda a las reuniones del comité, quien redacte las demandas o estudie la jurisprudencia. Para el Pasante 2000 no es ningún oprobio realizar los trabajos más ingratos. Localiza expedientes, añade diligencias, numera folios y hasta viene equipado con su propio bolígrafo y su cuaderno de serie. Con el pasante 2000 su bufete estará en buenas manos. Ahórrese el tedioso papeleo. Rechace imitaciones y permita que el Pasante 2000 reflote su negocio. Llame ahora y, al hacer su pedido, le regalamos la escultura de una medusa o si lo prefiere una magnífica espada de Damocles. Unidades limitadas.

     
  • AMOR Y ODIO

    ISABEL FRAILE SANCHEZ · ARUCAS (LAS PALMAS) 

    Nuestra relación viene desde el jardín de infancia, luego el colegio, instituto, universidad, comités de estudiantes… ¡Siempre luchando por ser el mejor! Creo que por eso elegimos Derecho. Era la carrera ideal para competir, nunca nos hemos dado una prórroga, y en nuestros cuadernos, como niños, vamos apuntando las derrotas del otro. No importa el daño que nos hagamos, llegamos al oprobio, a la humillación… ¡Todo vale! Hoy, en este juicio definitivo en nuestras carreras, por lo mediático, seguimos frente a frente. Tú como fiscal, yo abogado de la defensa. No tendremos piedad. Luego en casa, dejaremos de lado todo eso. Nos abrazaremos en el sofá... Y oleré con fruición tus cabellos, olvidándome de que en la Sala los veo llenos de serpientes como si fueras Medusa. Ahora me huelen a manzana, a vainilla… ¡Te quiero!

     
  • Medusa en relax

    Haizea González Barreira · Vitoria-Gasteiz 

    30 de agosto. Me he solicitado a mi mismo una prórroga de cinco dias para incorporarme de nuevo a la faena. Como soy autónomo no dependo de ningun comité para tal concesión, y como soy autónomo nadie más que yo sabrá combinar durante ese tiempo el relax con el amenazante stress. Para no sentirme mal me he bajado trabajo a la playa, por aquello de ir adelantando. Total, que basicamente he estado dibujando peces y medusas en un cuaderno. Cuando alguien se acercaba a mi tumbona lo escondia rápidamente, poniendo cara de jurista reflexivo para evitar el oprobio. Esta mañana, preparaba la bolsa de la playa cuando mi hija de cinco años me ha traido el cuaderno: "Toma papá, tus deberes". Había coloreado mis dibujos. He observado detenidamente la página y la he considerado un "Se accede a su solicitud de prórroga" e incluso un "por plazo de diez dias".

     
  • Se acabó

    Sonsoles Ávalos · Madrid 

    Esto no es para mí, que no, que yo nunca quise ser abogado, que lo mío son las plantas: amigables, quietas, silenciosas… Y que estoy cansado, agotado de este vaivén de oprobios y rencillas, de este baile de medusas que te atrapa sin piedad entre sus brazos urticantes. Lo escribo en mi cuaderno de citas con letras grandes y alargadas: “Se acabó”. No más prórrogas, no más "mañana será mejor". Está decidido, se lo comunicaré al comité ahora mismo en la reunión. La puerta de la sala se abre y oigo sus voces pétreas y pudientes llamarme desde el interior. “Lo hemos estado considerando y creemos que ha llegado el momento de hacerle socio de la firma”. Arranco la hoja de mi agenda, malditos tentáculos…

     
  • BILBAO

    IÑAKI LANGA ROCHA · SIN QUERER...QUERIENDO 

    Mi cliente arruinará su vida. Primero llevé su divorcio, que solicitó la esposa cuando conoció su romance con una jovencísima ayudante. Luego le defendí frente a la demanda del Patronato Turístico de Donostia. Prestigioso biólogo, tras analizar miles de anotaciones de su cuaderno de campo con los programas informáticos que diseñó, predijo tal plaga de celentéreos que en temporada alta nadie podría bañarse en sus playas. Fue noticia en titulares. El verano llegó. Veraneantes, poquísimos. Medusas, ni una. Aunque conseguí una prórroga, tuvo que pagar una cuantiosa indemnización. Además, sufrió el oprobio de someterse al Comité Disciplinario de su Colegio Profesional. Hoy he avisado a la Ertzaintza. Me ha confesado que anda con un arma buscando a su “ex”. Ha llamado para consolarle: “¡Ay, pobre!. Igual no eres tan culpable. Hasta que abandonaste el domicilio seguí usando tu portátil y quizá desconfiguré archivos de tu investigación... sin querer”.

     
  • Mi hora vacía

    Odila de la Torre López 

    Aún temprano. Voy caminando hacia la espera del comienzo de una comparecencia. Los pasos se rinden ante la puerta cerrada de una Sala del Juzgado. Esta se vuelve protagonista de mi paciencia,pues imagino durante el tiempo que transcurre hasta la celebración de la vista, que de la misma surge un comité de bienvenida que disipa la tensión acumulada. Deambulo esperando,observo a justiciables que llegan confiando en una prórroga perenne que amortig¡e su dolor, oprobio que acrecientan sus mentes a medida que se dilatan los minutos. Intento involucrarme en el pensamiento de los que padecen o dramatizan la espera, pero me distrae la visión de un cuaderno olvidado. Entonces sorprende en la puerta la voz que avisa del fin de la tregua, fustigando el oído de algunos , irritándolo como medusa adherida, que para mí solo es expectativa de un comienzo que nos sumerge en el mar de la justicia.

     
  • Bajo el peso de la o

    Soraya Geijo Uribe · Valladolid 

    En tan solo un lustro de presidencia del “Comité Oprobio” logró ser la abogada más joven condecorada con la cruz de San Raimundo de Peñafort. Todo comenzó con un cuaderno en el que anotaba cada dato que iba descubriendo sobre la corrupción imperante. No le importaba si tenía que hacer prórrogas en su jornada laboral con tal de iniciar procesos judiciales con una investigación tan sólida detrás, que el culpable siempre acababa condenado. Hasta que un día se transformó en una especie de medusa llena de rastas y concentró todos sus esfuerzos en los delitos medioambientales y la defensa de los derechos de los animales. La caída de la primera O del rótulo de entrada fue la responsable de la constitución del “Comité Pro bio”.

     
  • Malditos prejuicios

    Esteban Torres Sagra · ébeda 

    Era enorme y me pareció más peligroso que meter la mano en una pecera de medusas: Cicatrices faciales, calaveras tatuadas en los biceps a modo de comité de bienvenida y unas siniestras gafas de asesino a sueldo. Lanzó el llavero de su Harley sobre mi portafolios y le produjo una herida irreparable. Me replegué en el sillón y perdí la mitad de mi masa corporal, aunque quise reaccionar con coraje al oprobio de mi cobardía como un equipo campeón que va perdiendo al final de una prórroga: Abrí mi cuaderno para apuntar y junté energía para preguntarle qué deseaba. Entonces aquella mole se apoyó sobre la mesa, acercó su boca a un palmo de mí y, con una vocecilla atiplada- inimaginable en aquel rudo corpacho- entre sollozos, dijo: ¡No me permiten entrar con mi perrita Frufrú en el Carlton y quiero interponer una demanda?!

     
  • La carta

    Antonio García García · Madrid 

    La lluvia repicaba en el alféizar de la ventana mientras garabateaba eufórico unas líneas en mi cuaderno personal. Quería inmortalizar mi victoria de aquella mañana, en la primera batalla que libraba en la Plaza de los Cubos. Sin duda significaría la prórroga de mi contrato temporal con el despacho. El oprobio cometido contra aquella chica embarazada, que había recurrido a nosotros ante la pasividad del sindicato y del comité de empresa, quedaba al fin reparado: acababa de lograr su readmisión. El abogado de la empresa nos comunicó nada más salir que no interpondría recurso de suplicación, y la futura mamá me había colmado de besos, de elogios, de palabras de agradecimiento… Llamaron al timbre. No esperaba visitas…¿quién podría ser? Una carta certificada. Ni la visión de Medusa me hubiera dejado más de piedra. El 1 de septiembre yo sustituiría a mi cliente en el club de los seis millones.

     
  • ¿MITO O REALIDAD?

    MARÍA GARCÍA DE ARRIBA · LEÓN 

    Sospechábamos que era el asesino. Pero, sin el arma homicida, nadie había conseguido nunca probar su culpabilidad. La lista de sus víctimas era extensa: fiscales, abogados, imputados, algún conserje despistado… Los delitos cometidos podían ser de lo más diverso: alegatos poco documentados, incorrecciones gramaticales, una palabra de más… El veredicto no se hacía esperar: alzaba lentamente la cabeza, se despojaba de sus gafas ahumadas, fijaba su inerte mirada sobre el causante del oprobio y plasmaba en su sempiterno cuaderno gris un símbolo que bien pudiera ser una cruz. Parecía cosa de locos: presentíamos que en ese mismo momento lo había sentenciado, que no tardaría en sufrir el "rigor mortis", pero nadie osaba verbalizarlo. Fallo cardíaco, dictaminarían los forenses. Y allí seguía el temido “Medusa”, recién cumplidos los 80, aferrado a su toga. A ver quién era el guapo del Comité de Jubilaciones que le negaba la prórroga. Por si acaso.

     
  • A propósito de mitos

    Eva Mª Cardona Guasch · Ibiza 

    Durante mi viaje por el Mediterráneo oriental voy tomando notas en mi cuaderno. Apunto mis propias reflexiones. Supongo que por deformación profesional me intereso por el caso de Medusa. Me cuentan que Poseidón sucumbió a su voluptuosa belleza y Atenea, celosa, la condenó en primera instancia a vivir en el oprobio: acordó una prórroga ignominiosa de su vida y desfigurada su hermosura, la convirtió en ser monstruoso. Más tarde, la misma Atenea, aún no resarcida del agravio, impugnó su resolución. Se erigió en Suprema Juzgadora. Impuso la pena fatal de forma inapelable, sin posibilidad someter el proceso a revisión de ningún comité de filósofos ni de sabios. Nombró verdugo a Perseo quien, con ingenio, logró evitar la mirada petrificadora de Medusa y brindar su cabeza a Atenea. Diosa, juez y parte. Y yo me pregunto: ¿Por qué acabó así Medusa? Sin duda, no contrató a un buen abogado.