BILBAO

IÑAKI LANGA ROCHA · SIN QUERER...QUERIENDO 

Mi cliente arruinará su vida. Primero llevé su divorcio, que solicitó la esposa cuando conoció su romance con una jovencísima ayudante. Luego le defendí frente a la demanda del Patronato Turístico de Donostia. Prestigioso biólogo, tras analizar miles de anotaciones de su cuaderno de campo con los programas informáticos que diseñó, predijo tal plaga de celentéreos que en temporada alta nadie podría bañarse en sus playas. Fue noticia en titulares. El verano llegó. Veraneantes, poquísimos. Medusas, ni una. Aunque conseguí una prórroga, tuvo que pagar una cuantiosa indemnización. Además, sufrió el oprobio de someterse al Comité Disciplinario de su Colegio Profesional. Hoy he avisado a la Ertzaintza. Me ha confesado que anda con un arma buscando a su “ex”. Ha llamado para consolarle: “¡Ay, pobre!. Igual no eres tan culpable. Hasta que abandonaste el domicilio seguí usando tu portátil y quizá desconfiguré archivos de tu investigación… sin querer”.

 

 

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