Abogado inexistente

Ignacio Rubio Arrese · Moralzarzal (Madrid) 

Dicen que le sucedió a causa del mal de amores. Del oprobio padecido cuando la perturbadora Marina Cienfuegos, abanderada del Comité contra la violencia doméstica y secretísima musa suya, le llamó “fantasmón falócrata” enfrente de sus camaradas del bufete. Cuánta razón tienen quienes afirman que las palabras penetran en los tejidos a los que aluden y los transforman para siempre. Aquella frase emponzoñó al engreído abogado como la picadura de una medusa espectral. Nunca se le volvió a ver en persona. Deambulan por la oficina, eso sí, sus impecables camisas, su cartapacio, su cuaderno de anotaciones, sus lustrosos mocasines brincando de un sitio a otro hasta altas horas de la madrugada. Su vida se ha vuelto una moratoria interminable. Una prórroga ingrávida en la que se desvive por servir a cualquier víctima de los abusos de género, etéreamente enamorado.

 

 

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