Alejandra Rusell Giráldez

Microrrelatos publicados

  • Acto de graduación.

    El decano de la facultad se aclaró la garganta antes de comenzar con uno de los temas más escabrosos.
    Hablar del planeta vecino Divoc ,siendo imparcial ,no era tarea fácil. Un crecimiento descontrolado de la población había provocado la escasez de recursos en aquel planeta y el hambre llamaba a las puertas de todos sus habitantes. Ni siquiera eran suficientes los suministros enviados desde otros planetas . Los gobernadores tomaron medidas que muchos tacharon de ilegales y amorales. Para proteger la vida, no "tuvieron" más remedio que hacer una criba, se excusaron. Sólo los más jóvenes y fuertes sobrevivieron.
    Gracias a la lucha férrea de los pocos abogados que quedaron , lograron condenar dichos crímenes contra la humanidad.
    Ahí entramos en juego nosotros, continúa el decano dirigiéndose a los allí presentes con ojos vidriosos y voz quebrada por la emoción. Siempre lucharemos por defender los derechos.
    Suerte a todos.

    | Febrero 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 20

  • Instinto de supervivencia.

    Era un planeta pionero con un sistema innovador en lo que a educación se refiere. Otros planetas estaban intentando instaurarlo sin éxito . Como abogado docente de una prestigiosa universidad fue enviado a dicho planeta para aprender el intríngulis interno.
    Fui recibido con un ejemplar del Principito, que me instaron a leer antes de comenzar la reunión. Contestaban a todas mis preguntas con otras preguntas en las cuales, sin pretenderlo hallaba las respuestas buscadas.
    Para ellos, la equidad, en el amplio sentido de la palabra, era lo que más valor tenía.
    No pude disimular mi consternación cuando les hablé de mi profesión. Hacía miles de años que se había extinguido en su planeta . No existían los abogados. No los necesitaban.
    Cuando días después aterricé en mi planeta, cogí aire antes de comunicarle a mis compañeros que la búsqueda de información había sido infructuosa.

    | Septiembre 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 9

  • Síndrome de Estocolmo

    Sacar a mi clienta del psiquiátrico victoriosa no era lo más difícil de este caso. Durante su convalecencia voy a visitarla, más nerviosa de lo que esperaba. Al verme, un grito ahogado viste las paredes desnudas de la estancia. Me abraza con manos temblorosas, un mar de lágrimas se precipita hacia el abismo en el que está sumida.
    De pronto, esa fragilidad se torna seguridad y me pregunta con dureza " por qué " . No se que contestar, es una pregunta dolorosa por su carácter retórico. Soy amiga del verbo empatizar pero no consigo entenderla. Cómo pudo camuflar con sonrisas y maquillaje tantos años de golpes profesados por su marido el "prestigioso juez", mi padre, al que maté para evitarle una paliza más.
    Te encubriré, me espeta, porque ya nada me ata a este mundo, me quitaste lo que más quería. ¡Te voy a repudiar de por vida!

    | Septiembre 2018
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 3

  • Se traspasa negocio por cuelgue de toga

    Mis padres me han dejado una herencia de sentimientos encontrados. Por parte de madre, la sensibilidad por la música, siendo idealista y soñadora. Por el lado paterno, mi vocación de abogado, hombre justo y realista.
    La fatiga me embarga cada vez con más frecuencia cuando un cliente solicita mis servicios para litigar contra gente de su misma sangre por unas cuantas "perras" que ni siquiera se han currado. Si los muertos se levantasen, volverían de inmediato a la tumba.
    Algo que me venía rondando en la cabeza se materializa al ver tanta pérdida de valores.
    Un último vistazo al que fue mi segundo hogar durante 15 años. Cierro la puerta, cuelgo el cartel y con guitarra en mano me dirijo a la zona de los soñadores. Robarle una sonrisa a los transeúntes y que por un momento se olviden de sus preocupaciones, no hay dinero que lo pague.

    | Febrero 2018
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 8

  • Ha valido la pena

    Sobre la mesa de mi despacho descansan un reloj de arena, que me mantiene en la realidad y un billete al paraíso.
    A penas tres días y como diría mi difunto padre " con la música a otra parte". Como diría mi amigo Paco, el del bar -" jubílate antes que las fuerzas desfallezcan, Guzmán ".
    Me permito la licencia de afirmar que he sido un buen abogado. He cobrado todo tipo de honorarios, incluso he llegado a no cobrarlos.
    He dejado uñas y dientes con cada caso por pequeño que fuese. He llegado incluso a investigar cuan sabueso. La vida se me ha escurrido haciendo lo que más quería y por no saber donde estaba el linde entre lo profesional y lo personal he acabado haciendo el camino en solitario.
    Pero cada noche duermo con la sonrisa puesta al recordar el rostro de todos los que he ayudado .

    | Junio 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 6