Maite R. Valtierra

Microrrelatos publicados

  • LA ABOGADA MARGARITA Y LOS DERECHOS DE LAS FLORES

    Soy abogada y botánica. Mis pasiones son el derecho y las plantas. Tengo una casa repleta de manuales y un jardín cuajado de flores.
    Todos conocen que para el cuidado eficiente de las plantas es necesario hablar con ellas, pero nadie sabe que las plantas también le hablan a uno. Precisamente, el otro día una orquídea bellísima requirió mi asesoramiento para interponer una demanda por plagio contra unas flores artificiales, esas impostoras de plástico. En una materia en permanente transformación como la jurídica, resultaba un desafío reconocer derechos a las plantas en correspondencia a sus obligaciones de florecer. Qué dichosa me sentí, pues a la vez que aunaba mis dos pasiones solucionaba mi acuciante déficit de clientes.
    El juez no creyó en mí y varios familiares me declararon incapaz mentalmente. No me importa, desde la ventana de mi celda puedo oír las rosas del jardín, ellas sí me comprenden.

    | Abril 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 4

  • Una luz que nunca se apaga

    Cuando te conocí en tus ojos brillaba intensamente el fuego de los soñadores, de los que están sedientos de justicia y creen en un mundo mejor. Tu sueño era derribar las barreras de las desigualdades que levantamos con nuestros prejuicios. Sentías la abogacía como una oportunidad para luchar por los derechos de las mujeres y conseguir una sociedad más justa en donde de verdad hombres y mujeres fueran iguales. Creías que era posible conciliar el ejercicio independiente de la profesión y tus elevados ideales. 30 años después nos volvemos a encontrar, enfrentados en los juzgados de violencia de genero, tú defiendes al agresor y yo a la víctima. Pero aunque tus ojos ya no brillan, tu fuego no se ha apagado, hace 30 años una chispa prendió en mí y más temprano que tarde todos los prejuicios y discriminaciones arderán y se consumirán en ese fuego inextinguible.

    | Octubre 2017
     Participante

  • MAGISTER DIXIT

    Cuando le robaron a Coca-Cola- la multinacional más poderosa del mundo- la fórmula de su popular refresco rebuscó entre la pandemia de picapleitos que infectaba el planeta, pero no encontró el abogado que buscaba. Quería un orador elocuente para que le diera un buen meneo al abogado contrario y solventar la reclamación por la vía del KO; pero esa persona había muerto hacía 2.100 años. Debajo de una pradera del Lacio desenterraron los huesos de Cicerón, el más célebre retórico romano. A través de los restos de ADN consiguieron clonar al famoso orador y mediante técnicas de desarrollo acelerado estuvo listo para el día del juicio. En su turno se levantó luciendo su toga de senador, se acercó al jurado y exclamó: «Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?». Miró desafiante al letrado contrario, volvió a su estrado y se sentó satisfecho. El veredicto fue indefectiblemente a favor de Coca-Cola.

    | Mayo 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 2

  • EL ABOGADO RIPIOSO

    Había una vez un abogado ripioso. Guardaba su argumentario en un relicario. Atacaba la usura con premura. Hostigaba con versos a los abogados adversos… Su monomanía era la poesía. Que le encantaban los poemas era uno de sus problemas. Era un abogado de oficio sin beneficio, un mal litigador y peor versificador. En un juicio te sacaba de quicio. Si te tocaba con él litigar con coplas te iba a castigar. Hacía rima con grima, versos perversos y ripios con participios. Para cada alegación tenía su versificación y para cada tipo delictivo su verso correlativo. No le importaba una sentencia desfavorable si tenía una rima agradable, le gustaban los recursos para soltar sus discursos. Pero un día terminó su carrera cuando un abogado barato, novato, jipato, chorato, prognato, ciguato, beato, cegato, chirlato, mentecato, ingrato, mojigato, pazguato… terminó su alegato con «indio» y nuestro poeta no supo qué rimar.

    | Abril 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 5

  • EL ARTIFICIO FUNCIONA

    Era un caso difícil. Sabía que el fallo dependería del testimonio de un testigo- la inadmisión de las demás pruebas nos había puesto en esa tesitura- y que ese testigo había sido sobornado por la contraparte para mentir. Inadvertidamente coloqué el “artificio” sobre mi escritorio en el estrado, a la vista de la sala, pero oculto para el tribunal. El testigo entró muy nervioso y no apartó la mirada del “artificio” ni un instante mientras le arrancaba su confesión. Previamente a testificar, mientras esperaba, una compañera había fingido un encuentro casual y distraídamente le había informado sobre la reciente instalación en los juzgados de máquinas que por medio de ultrasonidos y demás jerga pseudocientífica detectan cuando los declarantes mienten. Fuera del juzgado desenvolví la caja de bombones que había costumizado para el señuelo con papel de plata, luces y clavijas, y los chocolates nos supieron tan dulces como la victoria.

    | Octubre 2016
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 7