José Manuel Dorrego Sáenz

Microrrelatos publicados

  • Los servicios prestados

    Llámame retorcido, pero siempre me ha gustado defender a clientes en los que no creo. Si te soy sincero, me muevo como pez en el agua entre los crápulas. Mi especialidad son los concejales de urbanismo sin partido político fijo, particularmente esos que compran una parcela en el campo, la recalifican como terreno urbano y la venden por diez veces su precio inicial ¿No es una maravilla? Si además logran construir una vivienda con material defectuoso para ahorrarse costes, ya tienen mi admiración para toda la vida. Son tipos resilientes, de esos que siempre salen a flote de las cloacas y a quienes la palabra “escrúpulo” les suena a vocablo ruso. Los reconocerás porque siempre invitan a la segunda ronda, aunque luego no la paguen, y sudan como jabalís cuando se tiran un farol en el póquer. Y porque suelen dejar los sobres más generosos por los servicios prestados.

    | Marzo 2021
     Participante
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  • Testigo de cargo

    Se lo advertí:
    —No es sostenible, cariño: un par de cenas más en casa de tus padres y pido el divorcio.
    Los padres de Brenda solían invitarnos a cenar a su casa. Para mi suegro, yo era “el abogado”, de esos que estudian derecho porque la nota no les da para más. Durante las comidas, el clima se ponía tan tenso que más de una vez tuve que salir a la calle para respirar. Para mi suegra era un residuo urbano, lo más inexacto que una madre quiere para su hija “No te hace justicia, querida: deberías haberte casado con un ingeniero o un emprendedor”, le escuché decir en cierta ocasión.
    Se cumplen dos años desde que Brenda y yo nos separamos y justo hoy me estreno como fiscal. Que el acusado por desfalco sea mi suegro, no sé por qué, me recuerda a un viejo chiste de abogados.

    | Octubre 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 5

  • Endogamia

    Hoy se cumplen seis meses desde que naufragué en esta isla desierta. Es paradisiaca, de agua cristalina, generosos cocoteros y frondosos manglares. Todo muy idílico, salvo por los náufragos que van llegando cada semana. Paradójicamente, todos son abogados. Tenemos al viceconsejero del Colegio de Murcia, a dos fiscales, a un abogado de familia, a tres de Laboral, un juez, cinco del turno de oficio, cuatro de Penal y tres pasantes. Es una tortura cuando, en las horas muertas, intentan colocarte las tarjetas de sus respectivos bufetes. A veces, incluso te encuentras a uno por la playa y te susurra “Con la venia…” O, directamente, te pregunta si tienes algo que declarar. No engaño si aseguro que estaba mejor solo. Mañana, de madrugada, saldré a escondidas en una pequeña balsa que he construido a escondidas. Supongo que me declararán prófugo, pero para cuando se percaten ya estaré muy lejos de allí.

    | Julio 2018
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 1

  • Matar a Sócrates

    Hoy vamos a soltar a Igor. Si decidimos encerrarle una semana en los calabozos es porque de vez en cuando no le viene mal juntarse con los maleantes de la zona y poner los pies en la tierra. En esta ocasión, se había autoinculpaldo de matar a Aristóteles ¡A quien se le ocurre! Se ha pasado seis días sentado en el taburete de la celda, hablando en griego al resto de presuntos delincuentes. Si lo dejo una día más, lo linchan, y mi obligación es velar por la seguridad de todos los presos. Mientras salía por la puerta, me ha asegurado que ahora tiene la firme intención de matar a Sócrates. Le he prohibido acercarse a él a menos de 200 metros. Ya sabe mejor que nadie que el incumplimiento de una orden de alejamiento acarrea penas de cárcel. De todas formas, si yo fuera Sócrates me andaría con ojo.

    | Julio 2017
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 2