Imagen de perfilConciliaciones, las justas

Marta Trutxuelo García 

Entreabrió los ojos y, sin previo trámite de audiencia, el que debía ser un despertar sosegado se quebró con el asalto de un litigio, a voz en grito, a los pies de su cama. Con el radar para la investigación aún adormilado, el juez escuchó el conflicto entre los pequeños litigantes. Sus argumentaciones no eran claras, pero entre las pruebas testificales se citó un cola-cao derramado, algunos cereales voladores y un muñeco desmembrado en la fregadera… Pero la mayor disputa se centraba en las condiciones de uso y disfrute de una canoa hinchable. Postularse por una de las partes no resultaba lo más lícito, así que decidió recurrir, previa ingesta de un café, a la negociación. Tras teatralizar una ardua deliberación con la abogada, su mujer, comunicaron a los niños el veredicto: si no recogían la cocina se quedarían sin ir a la playa. La conciliación perfecta, también en vacaciones.

 

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