Nunca se sabrá

Francisco Doria Palomino · Lima (Perú) 

El informe fiscal llegó con la maqueta de reconstrucción policial (que señalaba la sangre en la sala, los rastros de arena, la ubicación de los cadáveres desnudos – un sodomizado jovencito con un tiro en la frente y un militar con otro en la sien –) y la pericia balística que sustentaba (los proyectiles eran del arma en la mano del occiso) un caso de homicidio pasional, seguido de suicidio, en esa casa de playa. Tras revisarlos, el ministro de Justicia sonrío satisfecho. Solo lamentaba la muerte de su chófer – el infeliz sargento había preparado la escenografía sin saber que volarle los sesos y el “suicidio” de su desconsolada viuda constituirían los último cuadros –, pero no podía dejar cabos sueltos. Luego, en una oficina del Ejecutivo, le dijo a su interlocutor: “Cumplí como abogado: lo libré de la condena; nadie sabrá nunca que fue usted, señor Presidente”.

 

 

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