Enrique Barbero Rodríguez

Microrrelatos publicados

  • Curiosa la vida, cuando menos...

    Demanda tras demanda, había pasado la vida con la toga al brazo o al cuerpo para defender y acusar a todo aquel que se ponía en mis manos. Con tantos años de profesión uno va teniendo amigos y enemigos. De los primeros pocos, de los segundos alguno más, pero entre todos destacó Emiliano. A golpe de teclado, nos demandamos infinitas veces a través de clientes y cuando no los hubo hasta en el Colegio de Abogados.
    La última vez que lo había visto hasta hoy fue en el Congreso Anual de la Abogacía y de nuevo, más que debatir, abrimos informe para alegato final. Ese mismo día comenzaron los síntomas de mi enfermedad. Hoy ha venido a visitarme a la habitación del hospital. Plantado frente a mí, con una media sonrisa, ha soltado: ahí tienes tu donación de médula, te veo en el próximo juicio. Curiosa la vida, cuando menos…

    | Agosto 2019
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 6

  • ABOGADO SIN TECHO

    ¿Ayudar? ¿Qué significaba esa palabra? Lo mío era ganar dinero. Había estudiado derecho, me había hecho abogado, no trabajador social. Yo no hacía informes, demandaba gente. Mis reclamaciones caían con todo el peso de la ley por un buen puñado de euros. Tan importante me creí q monté una academia para abogados triunfadores y tan vanidoso fui q su fracaso arrastró toda mi fortuna.
    Ahora, en un albergue de la campaña del frío, después de cenar y antes de dormir me convierto en el abogado de mis compañeros sin techo. No tengo nada, pero no les admito ni un trozo de pan y no es orgullo, es corazón.
    Mañana, tengo entrevista con el trabajador social para entrar en un programa de vivienda. Dos años en la calle enseñan mucho, nunca me he sentido más rico, más abogado.

    | Abril 2015
     Participante

  • LA VIDA ES JUICIO

    Si no me concedían la suspensión de la pena, sólo me quedaba solicitar el indulto, con pocas o ninguna posibilidad de conseguirlo.
    Estudié Derecho y continué mi vida profesional entre leyes, legajos, vistas y demandas. Me casé y tuve dos hijos, Justo y Temis. Desde joven sentí pasión por este trabajo y, sin embargo, ahora se me acusaba de un delito continuado, cometido, nada menos, durante mis veinte años de ejercicio.
    Así, convertido en abogado y reo frente a mi mujer y juez, me planteaba un divorcio que me dejaba sin previsión de futuro. Su alegato final se fundamentaba en que había más que evidencias de que me tomaba la vida como si de un juicio se tratase.

    | Marzo 2015
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 2