El juicio

Guillermo La Cave Rupérez · Madrid 

Dedos que martillean la mesa de madera como pájaro carpintero: cuatro. Tres miradas furtivas, dos sostenidas. Togas arrugadas: seis. Abogados ambiciosos que no ambicionan felicidad: cuatro. Jurisdicción que reforma conciencias: ninguna. Funcionarios con ojos inquietantes: cinco. Bocas llenas de palabras que no significan nada: incontables. Magistrados cuya visión incita al miedo: tres. Ayudantes con catarro: dos. Un fiscal al acecho de apetitos pedestres que se engrandece. Dos acusados de ser amigos de bienes y males ajenos que empequeñecen. Madres dolorosas y silentes entre el público: tres. Monto de euros robados: mil. Meses de hospital para el tendero lesionado: seis. Una mosca condenada a cinco minutos y un día de existencia. Un par de cortinas de terciopelo rojo. Una bombilla que se funde. Un premio de dos años de cárcel. Y una inscripción en piedra presidiendo la Sala: “De todo lo que ahora es, mañana no quedará ni rastro”.

 

 

 

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