La licencia del capitán
JUAN LOZANO GARROTECuando llegó a mi despacho aquel desarrapado Capitán Garfio me entraron dudas, lo reconozco. Mi colega decía que había caso, que teníamos que investigar sobre derecho marítimo. Él era así, lanzado, sin medir los pros y los contras. Yo, por el contrario, miré al capitán con escepticismo. Decía que tenía licencia para navegar por tierras de Nunca Jamás, que no había sobrepasado ninguna linde.
Desde luego, era el cliente más estrambótico de todos. Más, incluso, que aquella lunática que encontraron en la arena de la playa, y que quería ejercer una acción de filiación contra el Rey Tritón. Lo despejé fácil: inviolabilidad por sangre real, y tal…
Pero lo de Garfio… Eso era imposible. No había un solo documento que avalase su licencia. Solo un testigo, un tal Barrie… y estaba muerto. Por no hablar del tema honorarios… Al ver su mano derecha me entraban escalofríos solo de pensarlo.
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Ufff, difícil decisión, Juan, pero qué bien contada.
Un saludo
Mil gracias, Margarita…
Hola, Juan.
A mí también me hubieran entrado escalofríos.
Me ha gustado mucho tu propuesta, así que ¡suerte!
Saludos.
Gracias… Y gracias porque mes a mes nos alegras con tus microrrelatos siempre tan elocuentes, ingeniosos y, sobre todo, cuidados.
Aunque no lleves mucho tiempo, Juan, ejerciendo esta noble profesión, habrás podido comprobar ya que en tu clientela no faltan capitanes Garfio y presuntas hijas del Rey Tritón. Y dirás: «cualquier parecido con la realidad NO es mera coincidencia».
Suerte.
Sí, la «flora y fauna» daría para escribir todo un libro… Jeje.