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JESÚS LLOP PUIG 

El hombre se presentó con un maletín y una carta de despido. Me resumió los hechos: veintisiete años en “Hierros Sobral Hnos”, ningún problema —que recordase— con la gerencia y, de pronto, cuando esperaba la renovación, una hoja DIN A4 cuyas líneas parecían converger en la frase “prescindir de sus servicios”.
—Por lo que leo aquí, el juez debería sentenciar a nuestro favor, pero, claro…
—Usted haga lo que pueda. En todo caso, tengo plan B.
Del maletín sacó un frasco de crema solar.
—Si perdemos, cogeré esto y volaré a una isla del Pacífico, hasta que el cuerpo aguante, o hasta el infinito. Me da igual.
Pero ganamos. Mi cliente estaba contentísimo. Hasta me regaló la crema como recuerdo.
Fui feliz. Lo había sido siempre como abogado, treinta años ya. Era el momento.
Ahora tengo que apagar el móvil. Mi avión (de Polynesian Airlines) tomará tierra en breve.

 

 

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