Tarta nupcial

Arturo Kauffmann Sánchez 

Un riachuelo de gente inunda la calle: es el séquito nupcial de una boda recién consumada. Los novios, ahora esposos, encabezan la comitiva con diligencia. Los invitados, envalentonados por el vino litúrgico, asustan a un pequeño pichón. ¡ste alza el vuelo y un pesado excremento se desploma cual bala perdida de su minúsculo esfínter. El novio sólo puede ver como la mierda, irremediablemente, aterriza sobre su camisa blanca. Esto es una señal, piensa, este matrimonio no acabará bien. Espolvorea el mojón con la mano y saluda a la multitud. Llegan al restaurante y el novio debe hacer los honores: es la ley de su familia, consuetudinaria necedad. Quiere lavarse las manos pero la multitud, ebria, no se lo permite. Corta el pastel, le obligan a relamerse los dedos y, acabado el ritual, cada uno de los invitados prueba la tarta. Tiene un resabio amargo, comentan los menos achispados…

 

 

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