La sonrisa perfecta

Tamara Guirao Espiñeira · Rennes (Francia) 

Cuando me besaste por primera vez, con aquella diligencia, como enlazando un discurso, en mi oído sonaron campanas de boda.

Este chico es de ley, pensé. Y me reí con la ironía, porque trabajando en un juzgado no podías ser de otra manera.

Me sentía una niña, corriendo como una bala, descalza y a gritos, mojando los pies en un riachuelo.

Al día siguiente me diste la espalda.

Me mentiste. Me mentiste sin emplear ni una sola palabra que yo pudiera utilizar en tu contra.

No sé de qué me extraño… eres abogado.

 

 

Queremos saber tu opinión