Imagen de perfilMALDITA SUERTE

Eva María Algar García 

Ya estaba acostumbrado a la soledad, pero ahora el silencio es insólito, espectral. No sé qué ocurre realmente, pero debe ser grave. Nadie puede visitarme y hay que respetar una distancia de seguridad con los demás. Es de locos. Todas las actividades se han suspendido. Ahora los días son aún más largos, si cabe, que antes…
El enfermero viene a verme. Lleva mascarilla y guantes. Comprueba si tengo fiebre. Consternado, murmura que ojalá encuentren la vacuna pronto porque no aguanta más y se marcha.
No tengo internet, pero por teléfono mi abogado me habla de la rápida propagación de un tal coronavirus por todo el planeta y de que está muriendo mucha gente; se ha ordenado el confinamiento y nadie puede salir de casa. Suena a broma pesada.
Mañana salgo en libertad, tras doce años de prisión. Dudo que haya alguien con peor suerte que yo en el mundo…

 

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