Imagen de perfilUN EMPLEADO FUERA DE LO NORMAL

Amparo Martínez Alonso 

Solicitaron el abogado más eficiente, serio y objetivo del bufete. Pensé en el nuevo. Su fichaje, aunque costoso, había representado una verdadera transformación de nuestro modus operandi y un desafío del propio concepto de trabajo. Le transferí toda la información del caso. Registró datos, clasificó prioridades, analizó variables, comparó resultados… y, al cabo de media hora, se acercó a mi despacho con las conclusiones impresas. Con ademán lento me tomó del brazo. Era mucho más alto que yo (realmente era el más alto del bufete). Se inclinó y me susurró de forma mecánica y artificial: “Que sea la última vez que me introduces datos sin consultarme previamente”. Y continuó: “Como experto en Derecho Laboral, Mercantil, Procesal, Civil… y considerando mis habilidades en gestión, análisis y síntesis, mañana revisaré mis condiciones laborales”. Por eso, como responsable informático del bufete, llevo en vela toda la noche, estudiando una justificación «legal» para desconectarlo.

 

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