Imagen de perfilProblemas del primer mundo

Sergio Capitán Herraiz 

Nada volvió a ser igual. Desde que mi despacho aprobó una serie de medidas para la conciliación familiar, todos los miércoles por la tarde podía pasarlos con mis hijas. Vivir en una gran ciudad te hace apreciar aún más estas cosas, y así renació mi niño interior. Disfrutaba haciendo los deberes, merendando y tirándome en el suelo con ellas. Al acabar la tarea, les concedía media hora de televisión. Se supone que a esa hora estarían los dibujos, pero aquel día los telediarios en directo copaban todas las cadenas. ¡Europa condena esta guerra!, decían al unísono.
Pasaron los días y, en medio de la impotencia, me pregunté que podía hacer yo por ese pueblo. Vinieron refugiados a España y las tardes libres de los miércoles les estoy ayudando con los trámites legales para iniciar aquí una nueva vida.
Mis hijas se quejan de que ya no juego tanto con ellas.

 

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