San Cristóbal

Joan Domenge Sanso · Palma de Mallorca 

El juez Santos murió atropellado por un autobús. Dos años después, al juez López lo arrolló un taxi. Y, tres años más tarde, el juez Martín falleció tras pasarle por encima el tranvía de Bilbao. “Todo esto parece el argumento de una película de Hitchcock”, piensa la jueza Domínguez al heredar el sillón que ocuparon todos ellos. Desconoce que en ese mismo instante, a sólo 500 metros del juzgado, la señora Jiménez se levanta de la cama. Enciende una vela y la coloca frente a una fotografía de San Cristóbal. Es una ofrenda que empezó a realizar hace siete años, la misma mañana en la que el Metro de Madrid atropelló a su marido. “Oh, San Cristóbal, que esta nueva jueza decrete al fin el sobreseimiento de la causa de mi querido Jacinto”, murmura mientras se dirige a la cocina para prepararse un café.

 

 

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