¿Inocentes?

Ana María Lezcano Fuente · Santa Cruz de Bezana (Cantabria ) 

Inocencio no tenía un pelo de tonto. Apenas había salido del pueblo y su vida era el ganado. Lo apodaban » ojo de águila » por su excelencia como ojeador. Los fines de semana venía de la capital un hijo estudiado en leyes que malvivía de una pasantía mientras se curtía. Lo del chaval es el legajo, lo mío el campo, la cacería y un buen pichón a la cazuela, decía el viejo. Por sorpresa llegó un martes el hijo: hay huelga en lo mío, explicó. Y subió al monte con el padre. Inocencio se sentó en una roca y espetó: esos de la ciudad, ni hablar saben. Los escucho en la televisión y me dan risa, tan atildados ellos.Llevan semanas cotilleando sobre cacería y lo que hubo fue montería.¡ Y qué montería! ¿ Pescas la diferencia, chico? Y sacó la bota de vino. ¡ Sabrán estos!

 

 

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