Aventuras de pasante

José María bento San Román · Galapagar (Madrid) 

La verdad es que nunca imaginé que podría tendría una aventura así y menos con Inés, la atractiva secretaria del dueño del bufete. Después de varios días de miradas insinuantes y escarceos fugaces, decidí aparcar por un momento mi tediosa pasantía bajo un legajo de sentencias y pasar a la acción una tarde sofocante que los abogados habían dejado el despacho del jefe libre. Comenzó entonces una cacería alocada de besos y labios, un crepitar de caricias y jadeos sobre la mesa del abogado ausente. Códigos civiles y leyes procesales fueron los únicos testigos mudos de aquel desenfreno. Aquel insigne letrado jamás podría imaginar lo que aquel pichón que ejercía de pasante hacía con su secretaria en las tardes veraniegas. Huelga decir que después de aquellas tardes, cada vez que hojeo el código civil me sacude un estremecimiento inconfesable.

 

 

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