El futuro incierto

Rafael García Martín · Algorta (Vizcaya) 

El juez que preside la sala tiene cara de aburrido, pero los cirios que arden a cada lado de la mesa le hacen parecer siniestro. La atronadora voz del secretario, retumba por toda la estancia: ¡nº5, su turno! El acusado se pone en pie y traga saliva mientras avanza, tembloroso, entre sus compañeros. A un gesto del secretario extiende su mano ajada para extraer de la urna de cristal un pequeño boleto de papel marrón, su sentencia, que el juez le arrebata con su mano huesuda para leer en voz alta y ordenar que se cumpla de forma inapelable. ¡Cadena perpetua por una simple pelea callejera! El nº5 maldice el día que privatizaron la justicia para convertirla en un negocio y a quienes dejaron que el oficio de juez llegara a ser esta macabra lotería que ha acabado con su vida.

 

 

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