Cola del Cielo

Asunción Fernández Laredo · Madrid 

El pasillo está oscuro. Veo muy por delante de mí, la Gran Mesa Veredictal: Encima, un cirio pascual ilumina a San Pedro, sentado a la mesa, y al acusado de turno, de pie enfrente. El tiempo se hace, mira tú por dónde, eterno, y la cola apenas si avanza.
Al cabo de varios siglos, me toca.
Se me informa de mis derechos. Me gustaría que me certificara el Médico Forense, pero no me atrevo a pedirlo.
San Pedro saca una cestita, me dice que coja un boleto. Pone Procedimiento por Faltas.
– “Quiero un Abogado”, se me ocurre.
– “¿Puede pagarlo?”, me inquiere él.
– «No llevo nada encima, me pilló la Muerte en pijama. ¿Y uno de Oficio?”
-“No procede, no es preceptiva la asistencia letrada”.
Condenado minutos después al fuego eterno, bajo en el ascensor llameante y pienso: Mal negocio hiciste, que Abogado particular no te trajiste.

 

 

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