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Julia Lucía Pariente 

Cerré la puerta con ese sentimiento agridulce de quien sabe que pone fin a una etapa.

Durante años aquellas paredes habían sido mi casa. Un despacho de abogados referente en la ciudad por promover el empleo inclusivo, el crecimiento y el trabajo productivo; en los días de gloria de esta capital de provincia devastada por la falta de oportunidades.

Hoy daba inicio a mi jubilación, y en estos momentos me acordé de mi hijo Juan. Del día que me dijo que había fichado por un despacho de abogados de Madrid, desesperado después de meses sin encontrar trabajo en nuestra querida ciudad.

Cuánta impotencia.

Al menos había conseguido eso que llaman «teletrabajar» algunos días, y otros se había sumado al carro de los viajes en tren para llegar al trabajo.

No era lo ideal, pero al menos sí un halo de esperanza por mantener viva esta región herida.

 

 

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