Madrid 1945

José Vicente Pérez Bris · Bilbao 

Encontré a Julián cerca de Casa Montes, templo de la gastronomía, una mañana lluviosa. A la vista del cartel anunciando un suculento rabo de toro, decidimos probar suerte. Intercambiamos cotilleos sobre abogacía y anécdotas universitarias. Quedé mudo al enterarme de que a nuestro viejo profesor de Mercantil, se lo llevó esposado la Brigada Social, en plena lección magistral el curso anterior. -Lo peor –comentó- es que la sentencia condenatoria no fue de tiempo, sino de conciencia. -¿Y eso? –pregunté entristecido. -Se ha convertido en un pelele, sin dignidad. No hay peor explotación humana que entregar las ideas. -No puedes reprocharle intentar salvar el pellejo, repuse pensando si a mi antiguo camarada se le estaba endureciendo el corazón. Me miró socarrón y dijo: El roce táctil de la tortura engrandece al hombre que lo padece. Y el sometimiento de las ideas en pro de una jubilación al calor del brasero, envilece.

 

 

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